Home Sin categoría SILLAS MUSICALES EN EL ESTADO: EL DECRETO COMO SALVAVIDAS POLÍTICO

SILLAS MUSICALES EN EL ESTADO: EL DECRETO COMO SALVAVIDAS POLÍTICO

0
1

En el Palacio Nacional, la tinta del tintero presidencial rara vez alcanza a secarse. El sello distintivo de la gestión de Luis Abinader no ha sido la inamovilidad burocrática ni la solemnidad de los despachos intocables, sino un sacudión constante de decretos que reconfiguran el gabinete a un ritmo sin precedentes en la historia política reciente del país.

El contraste con la tradición política dominicana es abismal. Mientras Leonel Fernández convirtió sus gabinetes en una suerte de monumento a la permanencia —donde los decretos de destitución parecían requerir dispensas especiales y los ministros envejecían en el mismo sillón—, y Danilo Medina prefirió atrincherarse en un círculo cerrado de confianza absoluta que solo se movía si el agua mediática llegaba al cuello, el actual gobernante opera bajo una lógica marcadamente distinta. Su modelo evoca más la dinámica de un directorio corporativo que la parsimonia del Estado tradicional: si una pieza cruje en el engranaje o si un departamento acumula ruidos indeseados, la ficha simplemente se reubica o se sustituye sin mayores formalismos.

Las evidencias de este vaivén llenan las páginas de la hemeroteca. Figuras de la nueva camada oficialista han encarnado a la perfección el rol de comodines del gabinete, transitando desde institutos técnicos hasta ministerios de primer orden con la agilidad de un relevista de béisbol. La misma dinámica de enroque ha alcanzado a los pesos pesados del oficialismo: ministros que iniciaron trazando políticas laborales terminan dirigiendo el complejo aparato educativo, ingenieros con pasado legislativo asumen las riendas de las obras públicas, y administradores del entorno presidencial pasan a sofocar crisis en el sector energético. Los rostros se repiten, pero las carpetas cambian de mano con una soltura que desconcierta a los viejos manuales de la administración pública.

Sin embargo, en la lectura analítica no cabe la inocencia. Aunque la narrativa oficial maquille este ajetreo bajo los elegantes conceptos de «reforzamiento institucional» o «optimización de metas», en el trasfondo flota una sospecha inevitable. Históricamente, gobernantes como Joaquín Balaguer usaban el decreto rabioso para desarticular feudos, evitar que a ningún funcionario le crecieran alas y recordarles a todos quién ostentaba el lapicero. En la coyuntura actual, con el Partido Revolucionario Moderno sintiendo de forma prematura las presiones y apetitos del escenario hacia el 2028, la rotación permanente también funciona como un eficaz mecanismo de enfriamiento de tensiones y reparto proporcional del peso estatal entre las corrientes internas.

Para la oposición dominicana, cada nuevo decreto que mueve a un ministro de un despacho a otro no es un simple ajuste administrativo; es un regalo retórico envuelto en papel oficial. En las trincheras de la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la «danza de decretos» del gobierno de Luis Abinader se ha convertido en el principal insumo para alimentar la narrativa de la improvisación y el fracaso gerencial de cara a las elecciones de 2028.

Desde la acera verde, Leonel Fernández y la plana mayor de la Fuerza del Pueblo observan los constantes enroques palaciegos y afilan el lápiz. Para el expresidente, esta inestabilidad en el tren gubernamental es la prueba palpable de lo que él ha bautizado recurrentemente como el «retroceso» del país en áreas neurálgicas como energía, educación y seguridad ciudadana. El discurso de la FP es astuto en su picardía: sugieren que si el director de la orquesta tiene que cambiar constantemente a sus músicos, el problema no está en los instrumentos, sino en que la partitura original nunca funcionó. Al contrastar el ajetreo actual con la quietud casi pétrea de los gabinetes leonelistas del pasado, la Fuerza del Pueblo intenta venderse como la garantía del «rumbo seguro» frente a un oficialismo que, a sus ojos, gobierna a base de ensayo y error.

Por su parte, el Partido de la Liberación Dominicana dispara desde un ángulo complementario, enfocándose en el bolsillo y la cotidianidad. Voces de la cúpula morada, respaldadas por las recientes arremetidas de Danilo Medina y figuras como el secretario general Johnny Pujols, utilizan los constantes cambios de gabinete para argumentar que el gobierno busca crear cortinas de humo para tapar el deterioro económico, la inflación y la ineficiencia en los servicios básicos. Para el PLD, cambiar a un funcionario de una cartera que hace aguas hacia otro ministerio no es «eficiencia corporativa», sino un reciclaje de la incapacidad.

El dilema que queda sobre la mesa es tan simple como inquietante. ¿Traduce este continuo baile de sillas una capacidad envidiable para corregir el rumbo sobre la marcha, o delata una preocupante incapacidad para atinar con el perfil adecuado desde el primer intento? Mientras los nuevos ministros desempacan cuadros y reacomodan asesores en sus despachos recién estrenados, la ciudadanía contempla la escena con un escepticismo natural: la utilería en el escenario palaciego cambia a menudo, pero el público sigue aguardando a que el libreto estatal entregue sus mejores resultados.

rodriguezsluism9@gmail.com  https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here