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12 DE MAYO DE 1965: UNA FECHA CLAVE EN LA BÚSQUEDA DE UNA SOLUCIÓN A LA CRISIS DOMINICANA

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POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA

12 DE MAYO DE 1965: UNA FECHA CLAVE EN LA BÚSQUEDA DE UNA SOLUCIÓN A LA CRISIS DOMINICANA

Por Ramon Emilio Espinola

Para los jóvenes de hoy y para quienes, sin ser tan jóvenes, desconocen algunos de los episodios fundamentales de nuestra historia política.

ABSTRACT 

El 12 de mayo de 1965 constituye una fecha de particular importancia dentro de la compleja trama política y diplomática que acompañó la Guerra de Abril de la República Dominicana. En aquellos días, el país se encontraba sumergido en una confrontación armada nacida del movimiento constitucionalista que exigía el retorno al orden constitucional quebrantado por el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 contra el gobierno de Juan Bosch.

Mientras en Santo Domingo se combatía, en Puerto Rico comenzaba a desarrollarse una intensa actividad diplomática.

Juan Bosch se encontraba exiliado en la isla y Abraham “Abe” Fortas, abogado, amigo personal del presidente Lyndon B. Johnson y posteriormente juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, viajó secretamente a San Juan para entrevistarse con Bosch y explorar una fórmula política capaz de poner fin a la crisis.

Este episodio debe ser comprendido dentro del contexto mayor de la Guerra Fría.

Washington contemplaba la posibilidad de que la Revolución dominicana pudiera transformarse en una segunda Cuba, mientras diversos sectores dominicanos defendían el restablecimiento de la constitucionalidad y rechazaban la intervención militar extranjera.

Las conversaciones de mayo, aunque no resolvieron inmediatamente el conflicto, contribuyeron a abrir un canal de negociación que posteriormente desembocaría en el Acta de Reconciliación Dominicana del 31 de agosto de 1965 y en la instalación del Gobierno Provisional presidido por Héctor García Godoy el 3 de septiembre.

El episodio demuestra que la Guerra de Abril no fue solamente una confrontación militar dominicana. Fue también un episodio de la Guerra Fría, una crisis interamericana y una lucha por definir quién tendría la última palabra sobre el futuro político de la República Dominicana.

PRÓLOGO

Cuando Santo Domingo se convirtió en una pieza del tablero de la Guerra Fría

Hay momentos en la historia de los pueblos en que una fecha aparentemente pequeña termina adquiriendo una dimensión gigantesca.

 El 12 de mayo de 1965 es uno de ellos.

Mientras en Santo Domingo todavía resonaban los disparos de la Guerra de Abril, en Puerto Rico se desarrollaba discretamente una operación diplomática que tendría consecuencias importantes para el futuro inmediato de la República Dominicana.

La historia oficial suele concentrarse en los grandes acontecimientos: el golpe contra Juan Bosch, la Revolución de Abril, el desembarco de los Marines estadounidenses, las batallas del Puente Duarte, la Zona Constitucionalista, Francisco Alberto Caamaño Deñó, Antonio Imbert Barrera, la Organización de Estados Americanos y, finalmente, el Gobierno Provisional de Héctor García Godoy.

Pero la historia también se construye en habitaciones cerradas, conversaciones telefónicas, viajes secretos y reuniones donde hombres que no disparan una sola bala pueden contribuir a decidir el destino de quienes están combatiendo.

Eso fue precisamente lo que comenzó a ocurrir en mayo de 1965.

Juan Bosch estaba en Puerto Rico. Lyndon B. Johnson estaba en la Casa Blanca. Francisco Alberto Caamaño Deñó encabezaba la resistencia constitucionalista en Santo Domingo. Luis Muñoz Marín y Jaime Benítez servían como importantes interlocutores políticos en Puerto Rico. Y Abe Fortas comenzaba a desempeñar un papel discreto, pero significativo, como intermediario entre Washington y los sectores vinculados a Bosch.

Los documentos posteriormente desclasificados permiten reconstruir hoy buena parte de aquellas conversaciones.

Y esos documentos nos enseñan algo fundamental:

La Guerra de Abril no puede comprenderse únicamente desde las trincheras de Santo Domingo.

Había otra guerra, menos visible, desarrollándose simultáneamente en las oficinas diplomáticas de Washington, San Juan y Santo Domingo.

Era la guerra de las palabras, de las percepciones, de la propaganda, del miedo al comunismo y de la lucha por controlar el desenlace político.

I. EL 25 DE SEPTIEMBRE DE 1963: EL PECADO ORIGINAL DE LA CRISIS

Para comprender mayo de 1965 debemos retroceder hasta septiembre de 1963.

Juan Bosch había llegado a la Presidencia de la República Dominicana después de las primeras elecciones libres y democráticas celebradas tras la muerte de Rafael Leónidas Trujillo. Su gobierno promulgó la Constitución de 1963, considerada una de las cartas constitucionales más avanzadas de la historia dominicana hasta ese momento, tenía mucha similitud en lo social con la Constitución cubana de 1940 en la que Bosch participó como escribano de varios artículos.

Sin embargo, Bosch enfrentó desde el principio una oposición poderosa.

Sectores militares, empresariales, conservadores, políticos y religiosos rechazaban diferentes aspectos de su programa y de la nueva Constitución. Como el derecho a la educación y que esta fuera laica, que reñía en esencia con el Concordato firmado por Trujillo el 16 de junio de 1954.

El conflicto terminó desembocando en el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963.

Bosch fue derrocado.

La democracia dominicana, que apenas comenzaba a respirar después de treinta años de dictadura, volvió a entrar en terapia intensiva.

El golpe produjo una fractura que permanecería abierta durante los siguientes diecinueve meses.

Los constitucionalistas de 1965 no luchaban simplemente por una persona.

Luchaban por el retorno de la institucionalidad democrática y por el restablecimiento del orden constitucional.

Y también luchaban por una educación laica

Como también querían los campesinos poseer el derecho a la tierra que ellos de sol a sol trabajaban.

II. LA REVOLUCIÓN DE ABRIL Y EL MIEDO DE WASHINGTON

 El 24 de abril de 1965 comenzó la insurrección que posteriormente sería conocida como la Guerra de Abril.

En principio, el movimiento tenía un objetivo fundamentalmente dominicano: restaurar la constitucionalidad y permitir el retorno de Juan Bosch.

Pero el contexto internacional era extraordinariamente peligroso.

Desde 1959, la Revolución cubana había transformado el equilibrio político del Caribe.

La llegada de Fidel Castro al poder había producido una profunda conmoción en Washington.

La fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961 y, posteriormente, la Crisis de los Misiles de octubre de 1962 habían convertido al Caribe en una de las zonas más sensibles del enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Washington comenzó a interpretar cualquier movimiento revolucionario latinoamericano a través del prisma cubano.

Y allí apareció el problema dominicano.

Para la administración de Lyndon B. Johnson existía el temor de que la revolución dominicana pudiera terminar convirtiéndose en una segunda Cuba.

Sin embargo, los propios documentos estadounidenses revelan que dentro de la administración Johnson existían dudas importantes acerca de la verdadera dimensión de la influencia comunista sobre el movimiento constitucionalista. En las discusiones internas, incluso funcionarios de alto nivel cuestionaban la idea de que Bosch y Caamaño estuvieran bajo control de los llamados “castrocomunistas”.

Esto es históricamente importante.

Porque una cosa era que existieran grupos marxistas como el Partido Comunista Dominicano y el Movimiento Popular Dominicano dentro de la revolución y otra muy distinta afirmar que la revolución dominicana estuviera dirigida por La Habana.

Confundir ambas cosas sería reducir una compleja realidad dominicana a una simple ecuación de la Guerra Fría.

III. EL 12 DE MAYO: BOSCH Y FORTAS

Y aquí llegamos al punto central de este trabajo.

El 12 de mayo de 1965, Abe Fortas viajó secretamente a Puerto Rico para entrevistarse con Juan Bosch.

Fortas no viajó como un simple abogado privado.

Su relación personal con Lyndon B. Johnson le había permitido convertirse en un intermediario de especial importancia dentro de la crisis dominicana.

Para proteger la operación, Fortas utilizó el seudónimo “C. J. Davidson”. Los documentos oficiales estadounidenses confirman que salió de Washington el 12 de mayo y permaneció en Puerto Rico hasta el 16.

Aquello no era una visita social.

Era diplomacia clandestina.

Bosch se encontraba exiliado y tenía una enorme influencia política sobre el movimiento constitucionalista. Washington necesitaba saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar y qué tipo de solución política podía aceptar.

Fortas se convirtió así en uno de los canales de comunicación entre Bosch y la administración Johnson.

Ese mismo 12 de mayo, Fortas telefoneó desde Puerto Rico al presidente Johnson y le presentó los resultados de sus conversaciones y un esquema para establecer un gobierno de coalición en la República Dominicana.

Aquello demuestra la importancia real de la fecha.

No fue simplemente un encuentro entre políticos.

Fue uno de los primeros intentos serios de convertir una guerra en una negociación política.

IV. MUÑOZ MARÍN, JAIME BENÍTEZ Y EL PUENTE PUERTORRIQUEÑO 

Luis Muñoz Marín, viejo zorro de la política puertorriqueña y del Partido Demócrata al que pertenecía el presidente Johnson, desempeñó un papel importante en aquellos contactos.

El antiguo gobernador de Puerto Rico conocía a Juan Bosch y tenía capacidad para comunicarse con Washington.

Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico, también estaba involucrado en las conversaciones.

Los documentos estadounidenses muestran que Fortas había estado en contacto con Muñoz Marín, Benítez y otros dirigentes puertorriqueños antes de su viaje a San Juan.

Puerto Rico se convirtió, por tanto, en una especie de puente político.

En un extremo estaba Washington.

En el otro, Santo Domingo.

Y en el centro se encontraba Juan Bosch.

Aquella intermediación no debe interpretarse como un simple gesto de amistad personal. Era también una operación política destinada a encontrar una fórmula que pudiera impedir que la crisis dominicana desembocara en una guerra prolongada.

V. ¿QUÉ BUSCABA WASHINGTON?

Aquí debemos ser cuidadosos.

No resulta históricamente correcto afirmar que todos los funcionarios estadounidenses tenían exactamente el mismo proyecto.

Había diferentes posiciones dentro de la administración Johnson.

Pero sí existía una preocupación central: impedir que la República Dominicana se transformara en un régimen revolucionario identificado con Cuba o en una situación que Washington considerara incontrolable.

Los documentos muestran que la administración estadounidense exploró diferentes fórmulas: un gobierno provisional, una coalición política, elecciones y mecanismos para contener la influencia comunista.

La preocupación anticomunista era real.

Y no era secundaria.

El problema consistía en que el anticomunismo podía convertirse en una lente capaz de deformar la realidad.

Una revolución constitucionalista podía contener marxistas sin ser necesariamente una revolución marxista.

Esa distinción es fundamental para comprender 1965.

VI. EL CARIBE: UN MAR PEQUEÑO PARA UNA GUERRA DEMASIADO GRANDE

 La República Dominicana tuvo la desgracia histórica de encontrarse en un lugar geográfico extraordinariamente importante.

El Caribe estaba demasiado cerca de Estados Unidos y demasiado cerca de Cuba.

Después de 1959, Washington observaba el arco antillano con una sensibilidad extraordinaria.

La Revolución cubana había demostrado que una transformación política radical podía ocurrir a escasos kilómetros de las costas estadounidenses.

Por eso, cuando comenzó la Revolución de Abril, la Casa Blanca no vio solamente dominicanos enfrentados entre sí.

Vio también la posibilidad de una nueva crisis revolucionaria en el hemisferio.

El miedo a otra Cuba pesó considerablemente en las decisiones estadounidenses.

Pero la historia tiene una ironía:

Mientras Washington temía una revolución cubana en Santo Domingo, miles de dominicanos estaban pensando fundamentalmente en Santo Domingo.

Querían recuperar su Constitución.

Querían elecciones.

Querían soberanía.

Querían decidir su propio destino.

Y ahí reside una de las grandes tragedias interpretativas de 1965: el conflicto dominicano fue observado desde Washington principalmente a través de la Guerra Fría, mientras muchos dominicanos lo vivían como una lucha por la soberanía, la democracia y conquistas sociales.

VII. DE LAS ARMAS A LA NEGOCIACIÓN

Las conversaciones de mayo no resolvieron inmediatamente la crisis.

Hubo desacuerdos, desconfianza, presiones y momentos en que las negociaciones estuvieron a punto de fracasar.

Pero el canal abierto por Fortas permitió que continuara una comunicación entre Bosch, los sectores constitucionalistas y Washington.

Los registros de la Casa Blanca muestran que Fortas siguió interviniendo activamente durante los días siguientes y que mantuvo conversaciones con Muñoz Marín, Jaime Benítez y otros actores vinculados al proceso.

Incluso se discutió la posibilidad de que Bosch y Joaquín Balaguer se reunieran en Puerto Rico.

La crisis había dejado de ser exclusivamente militar.

Ahora comenzaba una segunda batalla:

La batalla por construir una salida política.

VIII. LA OEA Y LA BÚSQUEDA DE UNA SALIDA

La Organización de Estados Americanos terminó desempeñando un papel fundamental.

El conflicto dominicano había adquirido una dimensión internacional y era necesario crear un mecanismo que permitiera la retirada progresiva de las fuerzas extranjeras, el desarme, la formación de un gobierno provisional y la convocatoria de elecciones.

El proceso fue lento.

Muy lento.

Y estuvo lleno de obstáculos.

Pero la diplomacia terminó imponiéndose sobre las armas.

El resultado fue el Acta de Reconciliación Dominicana, firmada el 31 de agosto de 1965.

El acuerdo fue suscrito por representantes del Gobierno Constitucionalista, del Gobierno Provisional y por los miembros del Comité Ad Hoc de la Décima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA; Antonio Imbert Barrera aceptó el acuerdo en nombre del Gobierno de Reconstrucción Nacional.

El acuerdo reconoció al Gobierno Provisional presidido por Héctor García Godoy como gobierno soberano y estableció, entre otras disposiciones, una amnistía general, el retiro de las fuerzas de sus posiciones defensivas y mecanismos para el control de las armas.

IX. EL 3 DE SEPTIEMBRE: GARCÍA GODOY Y LA NUEVA ETAPA

Aquí conviene hacer una precisión histórica importante.

El Acta de Reconciliación fue firmada el 31 de agosto, no el 3 de septiembre.

El 3 de septiembre de 1965, Héctor García Godoy asumió la Presidencia del Gobierno Provisional de la República Dominicana. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos documentó posteriormente que su gobierno tenía como objetivo fundamental crear las condiciones de tranquilidad necesarias para celebrar elecciones libres y honestas.

Por tanto, podemos decir que:

31 de agosto de 1965: Acta de Reconciliación Dominicana.

3 de septiembre de 1965: instalación del Gobierno Provisional de Héctor García Godoy.

Ambas fechas están íntimamente relacionadas, pero no deben confundirse.

El Acta Institucional se convirtió en el instrumento constitucional bajo el cual funcionaría el Gobierno Provisional. Y siguió funcionando como la Carta Magna de la Nación hasta que el nuevo gobierno de Joaquín Balaguer, electo el 1 de junio de 1966, estableciera una nueva constitución.

 X. UNA GUERRA CON MUCHOS ROSTROS

 La Guerra de Abril de 1965 fue muchas cosas al mismo tiempo.

Fue una guerra civil, porque dominicanos combatieron contra dominicanos.

Fue una revolución constitucionalista, porque uno de sus objetivos centrales era restaurar el orden constitucional.

Fue una crisis militar, porque participaron las Fuerzas Armadas Dominicanas.

Fue una crisis internacional, porque Estados Unidos intervino militarmente.

Fue una crisis interamericana, porque la OEA terminó creando una Fuerza Interamericana de Paz.

Y fue, inevitablemente, un episodio de la Guerra Fría, porque Washington interpretó el conflicto dentro de la confrontación mundial entre Estados Unidos y el bloque soviético.

Todas esas dimensiones pueden coexistir.

Una no elimina necesariamente a las otras.

Esa es precisamente la complejidad que debemos enseñar a las nuevas generaciones.

XI. LO QUE LOS JÓVENES DEBEN APRENDER

La historia no debe enseñarse como una colección de fechas muertas.

Una fecha tiene sentido cuando entendemos las fuerzas que estaban detrás de ella.

El 12 de mayo de 1965 nos enseña que mientras en Santo Domingo se combatía con fusiles, en Puerto Rico se combatía con argumentos.

Nos enseña que una conversación entre dos hombres puede tener consecuencias políticas para una nación entera.

Nos enseña que las grandes potencias suelen interpretar los acontecimientos locales desde sus propios intereses estratégicos.

Pero también nos enseña que los pueblos tienen agendas propias.

Los dominicanos de 1965 no eran simplemente piezas de ajedrez en el tablero de Washington y Moscú.

Eran seres humanos con memoria, miedo, esperanza, ideología y patriotismo.

Y ésa es una de las primeras lecciones que debe aprender quien quiera estudiar seriamente nuestra historia y la historia universal.

 CONCLUSIÓN

Cuando la diplomacia comenzó a hablar después de que las armas habían hablado demasiado

El 12 de mayo de 1965 no terminó la Guerra de Abril.

Pero abrió una puerta.

Abe Fortas llegó a Puerto Rico en un momento en que las armas todavía hablaban en Santo Domingo. Se entrevistó con Juan Bosch y comenzó a explorar una salida política. Sus comunicaciones con Lyndon B. Johnson muestran que aquella misión no fue una aventura personal, sino parte de un esfuerzo político de alto nivel para buscar una fórmula de solución.

Los contactos de Fortas con Bosch, Muñoz Marín y Jaime Benítez contribuyeron a mantener abierto un canal de comunicación que posteriormente sería acompañado por otros esfuerzos diplomáticos.

Pero sería injusto atribuir exclusivamente a Fortas el desenlace.

La solución de agosto y septiembre fue producto de una combinación mucho más compleja de factores: la resistencia constitucionalista, las presiones estadounidenses, la diplomacia de la OEA, las negociaciones entre las partes dominicanas y el cansancio producido por la prolongación de la crisis.

Finalmente, el 31 de agosto se firmó el Acta de Reconciliación.

Y el 3 de septiembre Héctor García Godoy asumió la Presidencia Provisional.

La República Dominicana entró entonces en una nueva etapa.

No había desaparecido el conflicto político.

No habían desaparecido las heridas.

No había desaparecido la influencia estadounidense.

Tampoco había desaparecido el anticomunismo.

Pero las armas comenzaban a ceder espacio a la política.

Y ésa, quizá, sea la enseñanza fundamental de aquel mayo de 1965:

Las guerras pueden comenzar con discursos, continuar con fusiles y terminar, finalmente, alrededor de una mesa.

EPÍLOGO

La República Dominicana dentro de la Guerra Fría

Para comprender la Guerra de Abril debemos apartarnos por un momento de Santo Domingo y mirar el mapa del mundo.

En 1965 el planeta estaba dividido por una confrontación ideológica, militar, económica y geopolítica entre dos grandes bloques.

Estados Unidos encabezaba el bloque occidental.

La Unión Soviética encabezaba el bloque comunista.

Pero aquella división no se limitaba a Europa.

Se extendía por Asia, África, América Latina y el Caribe.

La Revolución cubana había demostrado que el Caribe podía convertirse en un escenario de confrontación entre las superpotencias.

La Crisis de los Misiles de 1962 había llevado al mundo al borde de una guerra nuclear.

Tres años después, la República Dominicana volvió a aparecer en el centro de la preocupación estratégica estadounidense.

 Pero aquí debemos aprender una lección fundamental.

 La Guerra Fría no fue solamente una guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

También fue una guerra que se libró dentro de muchos países.

En América Latina produjo golpes de Estado, revoluciones, movimientos guerrilleros, dictaduras militares, persecuciones políticas, intervenciones extranjeras y profundas divisiones sociales.

La República Dominicana fue uno de esos escenarios.

Por eso, cuando estudiamos 1965, debemos evitar dos simplificaciones.

La primera consiste en afirmar que todo fue una conspiración comunista.

La segunda consiste en afirmar que no existió ninguna dimensión ideológica internacional.

Ambas interpretaciones son insuficientes.

Existían grupos marxistas.

Existían vínculos ideológicos con Cuba.

Existía la preocupación estadounidense por la expansión del comunismo.

Pero también existía un movimiento dominicano con reivindicaciones constitucionalistas, nacionalistas y democráticas.

La historia verdadera es mucho más compleja.

Y precisamente por ser compleja resulta mucho más interesante.

UNA REFLEXIÓN PARA LOS JÓVENES

 A los jóvenes dominicanos de hoy les digo:

No permitan que nadie les robe su historia.

No permitan tampoco que nadie se las entregue ya cocinadas, divididas entre héroes perfectos y villanos absolutos.

Estudien.

Lean documentos.

Comparen testimonios.

Escuchen a quienes estuvieron allí.

Lean a los vencedores y a los vencidos.

Consulten los archivos.

Pregunten quién escribió cada versión y desde qué posición política la escribió.

Porque la historia no es un tribunal donde solamente se pronuncia una sentencia.

La historia es también una investigación.

Y mientras más profundamente investigamos, más descubrimos que detrás de cada fecha hay seres humanos.

El 12 de mayo de 1965 fue uno de esos días.

Mientras Santo Domingo seguía herido por la guerra, en Puerto Rico comenzaba a abrirse una puerta hacia la negociación.

A veces la historia cambia de dirección como el aire de la tarde sin que el pueblo pueda verlo inmediatamente.

Una conversación secreta.

Una llamada telefónica.

Un intermediario.

Una propuesta.

Una negociación.

Y, finalmente, una firma.

Así se fue cerrando uno de los capítulos más dolorosos y complejos de la historia dominicana del siglo XX.

Pero las heridas de abril no desaparecieron el 31 de agosto ni el 3 de septiembre.

Continuaron abiertas durante años. Y hoy muerden la conciencia y la dignidad patriótica del pueblo

Y algunas, quizá, todavía forman parte de la memoria política dominicana.

Por eso debemos seguir estudiando.

Porque un pueblo que desconoce cómo llegó hasta donde está puede terminar caminando nuevamente hacia el mismo abismo.

BIBLIOGRAFÍA PARA ESTUDIAR LA GUERRA FRÍA Y EL CARIBE

Fuentes primarias y documentales

United States Department of State. Foreign Relations of the United States, 1964–1968, Volume XXXII: Dominican Republic; Cuba; Haiti; Guyana. Washington, D.C.: Office of the Historian, U.S. Department of State. Es una de las fuentes documentales fundamentales para estudiar la crisis dominicana de 1965. Contiene memorandos, telegramas, conversaciones y documentos de la administración Johnson.

Miller Center, University of Virginia. Secret White House Tapes: Lyndon B. Johnson Presidency. Las grabaciones de las conversaciones de Johnson con Abe Fortas, Luis Muñoz Marín y Jaime Benítez constituyen una fuente extraordinariamente valiosa para reconstruir la diplomacia secreta de mayo de 1965.

 Organization of American States. The OAS Chronicle, 1965–1967. Washington, D.C.: Pan American Union. Fuente esencial para estudiar la intervención diplomática de la OEA y el proceso que condujo al Acta de Reconciliación.

United Nations. Reports of the Security Council and General Assembly concerning the Dominican Republic, 1965–1966. Nueva York: Naciones Unidas. Resulta especialmente útil para estudiar la dimensión internacional del conflicto y el papel de la OEA y de la comunidad internacional.

Estudios históricos

Gleijeses, Piero. The Dominican Crisis: The 1965 Constitutionalist Revolt and American Intervention. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1978.

Una obra indispensable para comprender la Guerra de Abril desde una perspectiva crítica y profundamente documentada.

Palmer, Bruce Jr. The 1965 Dominican Intervention. Lexington: University Press of Kentucky.

Útil para estudiar la perspectiva militar y estratégica estadounidense.

 

Hartlyn, Jonathan. The Struggle for Democratic Politics in the Dominican Republic. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1998.

Una obra particularmente importante para comprender la evolución política dominicana desde la caída de Trujillo hasta la consolidación posterior del sistema político.

 

Crandall, Russell. Gunboat Democracy: U.S. Interventions in the Dominican Republic, Grenada, and Panama. Boulder: Lynne Rienner Publishers, 2006.

Ayuda a colocar la crisis dominicana dentro de una tradición más amplia de intervención estadounidense en el Caribe.

 

Brands, Hal. Latin America’s Cold War. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2010.

Especialmente recomendable para comprender que la Guerra Fría latinoamericana no fue simplemente una extensión mecánica del enfrentamiento entre Washington y Moscú, sino un proceso en el que los actores latinoamericanos también tuvieron sus propios proyectos y conflictos.

 

McPherson, Alan. Yankee No!: Anti-Americanism in U.S.-Latin American Relations. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2003.

Útil para comprender la relación entre nacionalismo latinoamericano, intervenciones estadounidenses y Guerra Fría.

FUENTES RECOMENDADAS PARA UNA SEGUNDA LECTURA

 

Para quien quiera profundizar todavía más, recomiendo estudiar conjuntamente:

1.               La Revolución cubana de 1959.

2.               La invasión de Bahía de Cochinos de 1961.

3.               La Alianza para el Progreso.

4.               La Crisis de los Misiles de octubre de 1962.

5.               El golpe contra Juan Bosch en 1963.

6.               La Revolución dominicana de abril de 1965.

7.               La intervención militar estadounidense.

8.               La creación de la Fuerza Interamericana de Paz.

9.               El Acta de Reconciliación Dominicana del 31 de agosto de 1965.

10.          La instalación del Gobierno Provisional de Héctor García Godoy el 3 de septiembre de 1965.

11.          Las elecciones dominicanas de 1966.

12.          La posterior consolidación del régimen de Joaquín Balaguer.

Estudiados conjuntamente, estos acontecimientos permiten comprender mucho mejor cómo la Guerra Fría transformó la política del Caribe y cómo, a su vez, los conflictos caribeños influyeron en la política exterior de Estados Unidos.

NOTA HISTÓRICA DEL AUTOR

Este trabajo no pretende presentar la Guerra de Abril desde una sola perspectiva ideológica. Su propósito es rescatar un episodio poco conocido de la diplomacia que acompañó el conflicto y, particularmente, destacar la importancia del 12 de mayo de 1965, fecha en que Abe Fortas llegó secretamente a Puerto Rico para entrevistarse con Juan Bosch y explorar una fórmula política para la crisis dominicana.

La documentación desclasificada permite hoy mirar aquel episodio con mayor profundidad y comprender que, detrás de los acontecimientos visibles de abril y mayo de 1965, existía una compleja red de conversaciones entre Santo Domingo, San Juan y Washington.

La historia dominicana todavía tiene muchos documentos que leer, muchas versiones que comparar y muchas verdades que descubrir.

 

Ramon Emilio Espinola

 

Nota. En organismos internacionales como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas se discutió mucho el caso de la guerra dominicana de abril de 1965. Tuve el honor de estar presente en la mayoría de esos debates como parte de la misión del gobierno constitucionalista que dirigía el coronel Francisco Alberto Caamaño.

En la foto estoy en un acto que ofreció nuestra misión y donde el orador principal fue el Dr. Otto Boye, embajador de Chile en la ONU y secretario de Relaciones Internacionales del Partido Demócrata Cristiano Chileno. Sentado a mi lado se encontraba Don Gastón Espinal, quien fuera el cónsul del gobierno de Bosch y parte de nuestro grupo.

Felix Jimenez
Felix Jimenezhttps://teclalibremultimedios.com/
Nacido en la República Dominicana, Félix A. Jiménez encarna a la perfección la riqueza cultural de su tierra natal. Su ADN refleja una mezcla única de ancestrías: 8% taíno, 30% africano, 56% ibérico y trazos de otras raíces étnicas — un testimonio del vibrante mestizaje que define al Caribe. Ciudadano tanto de Canadá como de la República Dominicana, y residente actualmente en el estado de Washington, Estados Unidos, el Sr. Jiménez es arquitecto de formación, con estudios de posgrado en Planificación del Desarrollo Turístico en el Centro Interamericano de Capacitación Turística en Ciudad de México, y en Marketing Estratégico para el Turismo en la Universidad George Washington, en Washington D.C.

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