Entre acusaciones, promesas y multitudes, la mayor democracia latinoamericana llega a una segunda vuelta donde un puñado de votos podría decidir el rumbo político del gigante sudamericano.
Brasil: las urnas tienen la última palabra
Por TeclaLibre | Análisis internacional
Brasil llega este domingo 25 de octubre a una segunda vuelta presidencial de esas que ponen a sudar hasta a los encuestadores. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, disputan una Presidencia que parecía inclinarse hacia la derecha después de la primera vuelta, pero cuyo desenlace vuelve a estar abierto.
Bolsonaro obtuvo alrededor del 47 % frente al 45 % de Lula el pasado 4 de octubre. Sin embargo, tres semanas de movilizaciones, debates y una intensa batalla digital han estrechado la distancia.
El debate: menos insultos, pero los cuchillos seguían afilados
El último enfrentamiento televisado, celebrado el viernes en TV Globo, mostró candidatos más contenidos que en su primer encuentro, aunque las acusaciones no desaparecieron.
Lula apeló a su origen humilde, defendió su trayectoria y cuestionó la experiencia de su adversario. Bolsonaro golpeó donde más le duele al Gobierno: el costo de la vida, la inseguridad y las dificultades económicas de las familias.
La corrupción volvió a ocupar el escenario. Ambos intercambiaron cuestionamientos y desafíos de transparencia financiera, mientras el electorado esperaba respuestas más concretas.
¿Quién ganó el debate? No hubo un vencedor indiscutible. Y cuando las encuestas están tan ajustadas, evitar errores puede resultar tan importante como conseguir aplausos.
Las calles también votan, aunque todavía sin urnas
La izquierda brasileña ha protagonizado grandes manifestaciones para impulsar la remontada de Lula. Sindicatos, estudiantes, movimientos sociales y organizaciones populares han convertido plazas y avenidas en escenarios de movilización.
Bolsonaro, entretanto, ha concentrado sus esfuerzos en mantener cohesionada la base conservadora, reforzando sus mensajes sobre seguridad y buscando ampliar sus apoyos entre electores moderados.
Pero hay un detalle que merece atención: cerca del 20 % del electorado no participó en la primera vuelta.
Ahí podría esconderse una de las claves del domingo.
¿Remontada o espejismo?
Datafolha registró un empate del 50 % entre ambos candidatos en votos válidos. Otras mediciones mantienen pequeñas diferencias favorables a Bolsonaro, generalmente dentro de sus márgenes de error.
Las manifestaciones pueden estimular la participación, pero las multitudes no constituyen una encuesta representativa. Tampoco un buen debate garantiza votos adicionales.
La verdadera incógnita es quién conseguirá convertir entusiasmo, descontento y abstención anterior en votos efectivos.
TeclaLibre concluye
Brasil no está escogiendo solamente un presidente. Decide entre dos orientaciones políticas con diferencias importantes sobre economía, seguridad, medioambiente y relaciones internacionales.
Lula apuesta por su experiencia y sus programas sociales. Bolsonaro ofrece continuidad a la corriente conservadora que representa su padre, con especial énfasis en la seguridad pública.
Y mientras ambos exhiben multitudes y las encuestadoras afinan sus decimales, conviene recordar una vieja verdad de la política latinoamericana:
Las plazas pueden llenarse de partidarios, las redes de propaganda y los debates de promesas. Pero el domingo, cuando se cierren las urnas, los aplausos no se cuentan: se cuentan los votos.
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