AMENAZAS ENTRE IRÁN E ISRAEL: ¿DISUASIÓN O TAMBORES DE GUERRA?
Entre mapas de destrucción, amenazas nucleares y cálculos electorales, Teherán y Tel Aviv juegan una peligrosa partida en la que los pueblos podrían terminar pagando la factura.
TECLALIBRE | NOTI-ANÁLISIS
Por la Redacción de TeclaLibre
En Oriente Medio, la diplomacia parece haber cambiado el tradicional apretón de manos por un intercambio de amenazas. Y esta vez, el reloj de la confrontación marca apenas sesenta minutos.
Ebrahim Azizi, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, advirtió el sábado que su país podría convertir a Israel en un territorio inhabitable en menos de una hora si se atentara contra la seguridad o los intereses nacionales de Irán.
No fue una simple frase lanzada al viento. El legislador acompañó su advertencia con un mapa que identificaba instalaciones energéticas, plantas desalinizadoras, puentes y el complejo nuclear de Dimona.
Una suerte de catálogo de vulnerabilidades que, más que anunciar una operación militar concreta, parece concebido para recordar al adversario cuánto podría perder.
La amenaza respondió a declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien planteó el derrocamiento del Gobierno iraní como solución definitiva a la amenaza que, según sostiene, representa Teherán.
El mensaje israelí resulta inequívoco: mientras sobreviva el actual régimen iraní, persistirá el peligro.
La respuesta de Azizi tampoco necesita traducción diplomática: si intentan destruir nuestro Gobierno, podríamos destruir las condiciones de vida del suyo.
Así, dos adversarios que aseguran actuar en defensa propia terminan describiendo escenarios de devastación mutua.
Curiosa manera de promover la seguridad nacional.
Pero esta confrontación tiene un ingrediente adicional: el calendario electoral.
Israel celebrará elecciones parlamentarias el próximo 27 de octubre, mientras Estados Unidos acudirá a las urnas el 3 de noviembre.
Netanyahu llega a esa cita política con la seguridad nacional como uno de sus principales argumentos. Presentar a Irán como una amenaza existencial forma parte de su discurso público.
En Washington, Donald Trump enfrenta otro cálculo: demostrar firmeza militar sin asumir necesariamente los costos de una nueva guerra de grandes proporciones.
Según informaciones publicadas por The Washington Post y NPR, Estados Unidos e Israel han examinado opciones para posibles ataques posteriores a las elecciones estadounidenses, aunque los preparativos militares no constituyen una decisión definitiva de atacar.
En semejante escenario, las amenazas pueden servir tanto para intimidar al enemigo como para impresionar al electorado.
Y ya sabemos que, cuando la guerra entra en campaña, la prudencia suele quedarse fuera de la propaganda.
Conviene separar la retórica de las capacidades militares comprobadas.
Irán posee medios para ejecutar ataques de largo alcance. Sin embargo, no existe evidencia pública suficiente que permita afirmar que podría convertir todo Israel en un territorio inhabitable en sesenta minutos.
La declaración de Azizi debe entenderse como una amenaza política y militar, no como una capacidad técnicamente demostrada.
Pero tampoco conviene minimizar su gravedad.
La destrucción generalizada de instalaciones eléctricas, sistemas de abastecimiento de agua o infraestructuras esenciales podría desencadenar una catástrofe humanitaria, con consecuencias para hospitales, comunidades y servicios indispensables.
El derecho internacional humanitario impone límites estrictos a los ataques contra bienes civiles, incluso durante una guerra.
La advertencia iraní llega cuando las posibilidades de una nueva escalada militar vuelven a ocupar las agendas de Washington, Teherán y Tel Aviv.
The Guardian informó recientemente de otras amenazas iraníes contra instalaciones estratégicas regionales, mientras continúan las advertencias israelíes y estadounidenses.
El problema es que la disuasión funciona mientras los adversarios comprendan los límites de sus amenazas.
Cuando cada parte interpreta la firmeza ajena como una provocación, el riesgo de un error de cálculo aumenta.
Y aquí aparece la gran paradoja: Netanyahu amenaza con derribar un Gobierno para proteger a Israel, mientras Azizi amenaza con devastar Israel para proteger a Irán.
Dos discursos de supervivencia que podrían terminar poniendo en peligro la supervivencia de millones.
Porque las guerras pueden comenzar con mapas, discursos y cálculos políticos, pero sus consecuencias no distinguen entre gobernantes, electores y ciudadanos inocentes.
En esta partida de amenazas cruzadas, el verdadero peligro no es solamente que alguno de los protagonistas esté dispuesto a cumplir su palabra, sino que termine creyendo que el otro no se atreverá a hacerlo.
Y entonces, esos sesenta minutos podrían convertirse en una eternidad de consecuencias.
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada/


