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“DELCY, JACK SPARROW Y LOS BARRILES DEL CARIBE: la aventura comenzó en Dominicana”

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La nueva saga que Hollywood no se atrevió a filmar (pero Venezuela sí vivió)
Por  Luis Rodríguez Salcedo

Si Jack Sparrow tuviera pasaporte diplomático y una hermana que maneja los hilos del petróleo, el oro y los cielos aéreos europeos, su nombre sería Delcy Rodríguez. Sí, señores, nuestra protagonista no empuña un sable ni navega en un galeón, pero surca los mares del Caribe —y los cielos de Barajas— con una maleta llena de secretos y, al parecer, unas cuantas barras doradas.

Esta historia arranca en las oscuras aguas del Caribe, donde no faltan tiburones… financieros. Según crónicas modernas (y USBs judiciales), la vicealmiranta bolivariana —Delcy para los panas, “La Pirata del Caribe” para los memes— habría negociado unos lingoticos de oro valorados en más de 68 millones de dólares. No eran de oro macizo del Capitán Flint, pero sí del FONDEN, ese cofre mágico donde Venezuela guarda su tesoro (cuando no se lo lleva alguien por encargo).

El destino: España. El medio: una nave voladora con escala misteriosa en el aeropuerto de Barajas, que según la Audiencia madrileña “no es España”. ¡Así que tranquilos! Si alguna vez Delcy te lleva un regalo en tránsito, estás fuera del alcance legal. ¡Legalidad internacional al estilo pirata!

Pero la travesía no termina ahí. Como toda buena saga caribeña, también hay petróleo envuelto. Una grabación filtrada, salida de algún barco fantasma de la inteligencia internacional, reveló que desde República Dominicana salía oro negro (no de mina, sino de PDVSA), rumbo a Gibraltar, con escala en Algeciras. ¿Y quién estaba detrás de ese tinglado? Una empresa con parientes en Ginebra, porque todo pirata moderno necesita un contador suizo.

La ecuación era simple: comprar petróleo a 30 dólares, venderlo a 100. ¡Un negocio redondo! Lo que no queda claro es si las barricas las guardaban en las bodegas de algún catamarán o en los tambuchos de una multinacional amiga.

Las Islas Caimán, siempre tan discretas, vieron pasar la película sin comentar mucho. Total, acostumbradas como están al desfile de tesoros enterrados… o transferencias electrónicas.

Y así, mientras Johnny Depp busca renovar contrato con Disney, Delcy ya firmó temporada con la realidad venezolana. Ella no necesita efectos especiales. Solo un celular, un avión, y una buena agenda de contactos para escribir la nueva saga: “Los Piratas del Caribe: Oro Bolivariano y Maletas Voladoras”.

¿Quién necesita ficción cuando la geopolítica caribeña se parece tanto a una comedia de enredos con toques de realismo mágico y una pizca de delito internacional?

Próximo capítulo: Delcy y la búsqueda del barril perdido.

rodriguezsluism9@gmail.com

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