-Trump y Epstein: entre la vieja amistad, las fiestas y una carta desnuda que ahora niega-
Por Redacción Teclalibre
Washington, D.C.– Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emprende acciones legales contra The Wall Street Journal por la publicación de una carta que habría enviado a Jeffrey Epstein en 2003 con un dibujo de una mujer desnuda, los grandes medios estadounidenses no sueltan el rastro de su vínculo con el financiero caído en desgracia. Y con cada nueva revelación, se hace más evidente que la relación Trump-Epstein fue más que un simple saludo de ocasión.
Según The New York Times, esa amistad, calificada por el propio Trump como “muy divertida”, duró por lo menos 15 años. “Conozco a Jeff desde hace 15 años. Es un tipo estupendo. Es muy divertido estar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí, y muchas de ellas son más jóvenes”, declaró el entonces magnate inmobiliario a New York Magazine en 2002.
Esa ligereza verbal cobra otro significado hoy, cuando el nombre de Epstein se asocia irrevocablemente a la explotación sexual de menores, delitos por los cuales fue condenado y que terminaron en su controvertida muerte en prisión en 2019.
Las imágenes no mienten: en 1992, NBC captó a Trump y Epstein compartiendo en una fiesta privada en Mar-a-Lago con porristas de la Liga Nacional de Fútbol. En 1997, ambos asistieron juntos a una gala de Victoria’s Secret. Y entre 1993 y 1997, Trump voló al menos siete veces en los jets privados de Epstein, según documentos citados por el Times.
Pero ahora el presidente jura que nunca pisó ni el avión ni la infame “isla” del millonario. “Nunca estuve en el avión de Epstein ni en su ‘estúpida’ isla”, escribió en redes el año pasado, desviando el foco hacia un nuevo enemigo: “¡La inteligencia artificial será un gran y peligroso problema!”.
La insistencia en despegarse del caso no borra su nombre ni su número del “pequeño libro negro” de Epstein, en el que figuran personalidades influyentes de todo el mundo. Tampoco evita que se mencione a Mar-a-Lago como escenario de captación de víctimas: Virginia Giuffre, una de las más reconocidas, aseguró haber sido reclutada mientras trabajaba allí.
En 2004, la amistad entre ambos se fracturó. El motivo: una codiciada mansión frente al mar en Palm Beach. Trump superó la oferta de Epstein, y, según fuentes, la pelea fue definitiva.
Pero los vínculos no desaparecieron. Stacey Williams, exmodelo y antigua pareja de Epstein, reveló a CNN que “el único amigo del que Epstein hablaba era Trump. Eran muy, muy cercanos”. Y añadió: “No se traían nada bueno entre manos”.
Esta semana, el Wall Street Journal echó más leña al fuego al afirmar que en 2003 Trump felicitó a Epstein por su 50.º cumpleaños con una carta acompañada de un dibujo de una mujer desnuda. Trump reaccionó con furia y anunció una demanda contra el medio: “Publicaron una carta falsa. No son mis palabras ni mi estilo. ¡Además, no hago dibujos!”.
La controversia pone de nuevo en tela de juicio la promesa incumplida de Trump al asumir su segundo mandato: desclasificar todos los documentos relacionados con el caso Epstein. Hasta ahora, solo han salido a la luz archivos ya conocidos o sin valor judicial.
A medida que crecen las demandas de transparencia, la figura de Trump se enreda en un caso que él mismo intentó cerrar con teorías conspirativas, pero que ahora, con cada testimonio y cada fotografía, parece escribir una historia mucho más difícil de borrar.
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