-Caracas moviliza 15.000 efectivos, buques y drones en la frontera con Colombia y el Caribe, mientras Trump despliega barcos de guerra, Francia se suma y Trinidad ofrece sus aguas como apoyo. La tensión escala y la ONU pide calma-
Venezuela despliega músculo militar en la frontera mientras Trump aprieta el cerco naval
Caracas responde con barcos, drones y más de 15.000 efectivos al movimiento de guerra de Washington en el Caribe. Francia se suma al juego y Trinidad y Tobago ofrece sus aguas como retaguardia de EE.UU.
La frontera colombo–venezolana y las aguas del Caribe vuelven a arder en tensión. El ministro de Defensa Vladimir Padrino López apareció en la pantalla de la estatal VTV para anunciar que Venezuela moviliza buques de mayor porte, drones de vigilancia y más de 15.000 efectivos hacia los estados Táchira y Zulia, epicentro de los cruces fronterizos con Colombia. El despliegue incluye patrullajes en ríos estratégicos como el Catatumbo, que desemboca en el Lago de Maracaibo, antaño corazón de la industria petrolera venezolana.
La medida llega justo después de que Donald Trump ordenara la presencia de tres buques de guerra estadounidenses en aguas caribeñas frente a las costas venezolanas, bajo el argumento de “combatir el narcotráfico latinoamericano”. Un eufemismo, diría Caracas, para camuflar el objetivo real: la presión política y militar directa contra Nicolás Maduro, ya con una recompensa de 50 millones de dólares por su captura en calidad de “narcoterrorista”.
El secretario general António Guterres ha pedido a ambas partes “resolver sus diferencias por medios pacíficos”, pero la diplomacia choca con la inercia del músculo. El canciller venezolano, Yván Gil, buscó este martes el aval de la ONU en Caracas, solicitando apoyo para “restablecer la sensatez” frente a las “amenazas” estadounidenses.
Maduro, mientras tanto, activa sus cartas internas: 4,5 millones de milicianos incorporados a labores de seguridad ciudadana y apoyo logístico. Una jugada heredada de Chávez, que convierte a la Fuerza Armada —200.000 efectivos regulares— en un cuerpo reforzado con civiles militarizados, formados para responder a agresiones externas o internas.
En un giro que suma piezas al tablero, Francia anunció el envío de más buques a Guadalupe, su territorio de ultramar, alineándose con la estrategia de Washington. Y Trinidad y Tobago fue más lejos: expresó su respaldo explícito a la operación naval estadounidense, declarando que el crimen organizado “amenaza a todo el Caribe” y abriendo incluso la puerta a ceder sus aguas y su territorio si EE.UU. lo solicita para defender a Guyana.
Caracas se defiende con datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que ratifican al país como libre de cultivos ilícitos. Pero Washington insiste en señalar al “Cartel de los Soles” como epicentro de la trama. La batalla del relato corre paralela al despliegue militar, y en el horizonte se perfila una pregunta clave: ¿es esta la antesala de un bloqueo naval al estilo de los años 60, o un simple pulso de presión para forzar el desgaste interno del chavismo?
En cualquier caso, el Caribe se convierte de nuevo en tablero de guerra fría tropical: barcos frente a barcos, discursos cruzados y un vecindario obligado a tomar postura.
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