Indignación por Brutal Violación Colectiva en Villa González: Cinco Meses de Impunidad y Videos Circulando Libremente
Redaccion de Teclalibre
VILLA GONZÁLEZ, SANTIAGO DE LOS CABALLEROS– 30 de agosto de 2025. Un caso que ha sacudido las entrañas de la sociedad dominicana ha salido a la luz con una fuerza arrolladora, generando una ola de indignación colectiva que no parece tener fin. Génesis Peña, una joven de apenas 21 años, fue presuntamente drogada y violada sexualmente por un grupo de seis hombres en el municipio de Villa González, provincia de Santiago, en un acto de barbarie que quedó grabado en videos difundidos en redes sociales.
El suceso ocurrió el 12 de marzo de este año, pero solo ahora, cinco meses después, las autoridades han actuado con detenciones masivas. ¿Cómo es posible que un crimen tan atroz haya permanecido en las sombras tanto tiempo, mientras los videos revictimizan a la joven una y otra vez? Esta dilación huele a negligencia, o peor aún, a complicidad encubierta en un sistema que parece proteger más a los agresores que a las víctimas.
Los hechos, según el testimonio de la víctima, son escalofriantes. Génesis Peña salió esa noche con una amiga a una discoteca local, ingerió una bebida alcohólica y, de repente, perdió el conocimiento. Horas más tarde, despertó en un hospital sin recordar nada de lo ocurrido. Fue solo al ver los videos circulando en internet –grabados por los mismos violadores con sus celulares– que comprendió la magnitud de la pesadilla. «Fue en ese momento que supe lo que me habían hecho», expresó entre lágrimas, según relatos recogidos en reportes periodísticos. La joven insiste en que no conocía a ninguno de sus agresores, lo que añade un nivel de horror: fue un acto premeditado, calculado, ejecutado por extraños que la drogaron para someterla sin resistencia.
La madre de Génesis, visiblemente destrozada, ha lanzado un grito desesperado a la sociedad: «Por favor, cada quien que tenga este video lo borre», ya que no solo afecta a su hija, sino que «perpetúa el dolor que ya le causaron». «Justicia es lo único que pedimos», enfatizó, agregando que presentaron la querella pero aún no ven avances concretos. «Ella está devastada. La tristeza, la rabia y la impotencia de no ver justicia todavía nos tienen destrozados como familia». Estas palabras resuenan como un eco de miles de casos similares en el país, donde las víctimas de violencia de género claman por acción mientras el sistema judicial se mueve a paso de tortuga. ¿Cuántas Génesis más necesitan sufrir para que el Ministerio Público y la Policía despierten de su letargo?
En cuanto a los acusados, las detenciones han llegado en cascada, pero con un retraso sospechoso. Inicialmente, José Alfonso Rubiera se entregó temprano el viernes 29 de agosto, seguido por otros cuatro esa misma noche: Oniel Rafael Pichardo, Yamil Fernando Pérez, uno identificado solo como Javier, y otro con el apellido De Jesús. Posteriormente, informes confirman que Edwin Enmanuel Castro (o Edwin Manuel Castro Guzmán) y Fernando Pérez Toribio también forman parte del grupo, completando los seis detenidos. Algunos fueron identificados inicialmente por apodos como Álvarez, Federé, El Guaro, Contreras, Fonso y Bebé/Chichi, lo que plantea dudas: ¿por qué la Policía tardó en revelar nombres reales? ¿Estaban protegiendo identidades o simplemente ineptos en la investigación?
Dos de los sospechosos fueron entregados por su propia madre, Santa Toribio, en un gesto desgarrador: «Estoy entregándolos para que me aseguren la integridad de ellos. Se los dejo en las manos de Dios y luego de ustedes. Ustedes pueden saber cómo una madre destrozada entrega a sus hijos hoy». «Si merecen el castigo, que lo reciban. Si no, que Dios sea el juez de ellos», añadió. Esta escena, aunque humana, no mitiga la rabia: ¿cómo madres crían hijos capaces de tal monstruosidad? Y peor, ¿por qué estos individuos grabaron y difundieron el video, como si fuera un trofeo de su depravación?
La Policía Nacional, en un comunicado, asegura que mantiene «activas y en expansión las labores de búsqueda e investigación, con el firme compromiso de dar con el paradero de los demás implicados para que respondan ante la justicia». Junto al Ministerio Público, reafirman su «responsabilidad de proteger a la ciudadanía y su determinación de garantizar que hechos tan condenables no queden impunes». Sin embargo, reportes recientes confirman que todos los seis ya están bajo custodia, tras operativos y entregas voluntarias. Además, la procuradora general Yeni Berenice Reynoso ha sido tajante: «Toda persona o plataforma de medios que haya publicado foto o vídeo de la joven víctima de la atroz violación grupal en Villa González debe eliminarla inmediatamente. No se convierta en un violador digital de su dignidad e intimidad. No la revictimice». La Policía también advierte que perseguirá a quienes difundan las imágenes.
Pero aquí radica la suspicacia más profunda: ¿por qué tomó cinco meses para que este caso explotara? La víctima presentó la querella recientemente, pero los videos circulaban libremente, revictimizándola ante miles de ojos indiferentes o morbosos. ¿Acaso las autoridades ignoraron señales tempranas? ¿Hubo influencias locales en Villa González que retrasaron la acción? Y en un país plagado de violencia machista, ¿no es esto un síntoma de un sistema roto, donde las mujeres son presas fáciles y los agresores, trofeos virales? La indignación crece con marchas en Villa González, donde la comunidad exige justicia ya. ¿Cuánto más debemos esperar para que estos monstruos paguen? Esta no es solo una noticia; es un grito de alerta contra una sociedad que permite que la impunidad florezca.
La familia de Génesis Peña merece respuestas rápidas, no promesas vacías. Como nación, debemos unirnos en rabia y acción: borren los videos, exijan justicia y, sobre todo, prevengan que esto vuelva a ocurrir. ¡Ni una más! La barbarie en Villa González no puede quedar en el olvido; debe ser el catalizador para un cambio radical.
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