María Inés Iacometti es una poeta y novelista santafesina que tiene una profunda sensibilidad hacia todo lo humano, los niños, los jóvenes, los adultos, todos tienen un lugar-cito en su gran corazón, participa en el Primer Encuentro Internacional de la Cerepoetica, realizado de manera virtual, los días 9-10 de agosto del presente, en el cual fue proclamado el Movimiento Cerepoético, creación de los reconocidos poetas y escritores dominicanos Carlos Márquez y Simeón Arredondo.
En su ponencia reflexiona en las personas mayores de edad a partir de las estadísticas que revelan que hacia el año 2050 tendremos una gran población de aproximadamente el 24% que será mayor de 60 años, a partir de una estrategia de dar a conocer sus historias de vida sin tomar en cuenta su formación académica, considera de suma importancia que nos compartan sus logros y sus desaciertos al tomar acciones, que sin dudas, esto sería un patrimonio inmaterial que enriquecería a la sociedad y que, además, seria una manera de hacer poesía a partir de la vida misma de todos.
En estos tiempos de tecnologías de digitación y automatización la gran mayoría de las personas mayores de edad no han cruzado la brecha digital por lo que Maria Ines considera que es importante mantener viva la escritura a mano, para crear anécdotas sencillas que permitan escuchar, leer y conocer a los mayores, recuperando así su voz y legado, que en el pasado era respetada y valorada en las comunidades.
Con esta iniciativa se recopilarían estas historias manuscritas se conservarían y compartirían en diferentes espacios, con lo que se promovería el conocimiento de la cultura y los recuerdos de los mayores. Esta propuesta se conecta con el movimiento CEREPOÉTICO, que prioriza las emociones, pensamientos y recuerdos humanos, resaltando la importancia de mantener nuestras raíces humanas en medio de los avances tecnológicos.
Adjunto la ponencia de María Inés Iacometti (Santa Fe – Argentina)
Hacia 2050 las personas de edad representarían aproximadamente el 24 por ciento de la población, es decir, una de cada cuatro personas tendría 60 años o más. Sin ahondar en más datos estadísticos, teniendo en cuenta la conocida disminución de los índices de natalidad y la prolongación de la expectativa de vida de la población mundial, considero imprescindible propiciar espacios a quienes tienden a ser mayoría en nuestro planeta: las personas mayores de 60 años.
Sin importar la formación adquirida (o su carencia), las personas mayores atesoran EXPERIENCIA DE VIDA (con aciertos y desaciertos, éxitos y fracasos), valor que no se comercializa ni adquiere en instituciones o unidades académicas por alto que sea el grado o la instrucción que se reciba. Vivir, caminar la existencia tomando decisiones permanentemente, en aprendizajes personales y colectivos que ayudan a avanzar o hacen retroceder para repensar nuevas alternativas, es un bagaje inmensurable. Eso… es POESÍA. La vida es POESÍA.
Consciente del vertiginoso avance de la tecnología y del entrenamiento constante de la Inteligencia Artificial (recurso sumamente interesante que alimentamos sabiéndolo o sin saber), me importa rescatar la escritura “a mano”, esa huella única y tan personal que se va perdiendo detrás de las teclas o pantallas táctiles.
Un tópico: escribir “a mano”. Luego, ¿qué escribir?
Tomo como punto de partida mi convencimiento de que cada ser humano porta talentos y dones, los haya descubierto o no. Con asistencia de simples consignas (a modo de disparadores), me propongo generar ANECDOTARIOS. No pretendo buscar o hallar escritores, poetas, ensayistas (si surgen, bienvenidos sean); mi objetivo es lograr, a través de relatos sencillos, que ESCUCHEMOS, LEAMOS, CONOZCAMOS A NUESTROS MAYORES.
Sabemos bien que antes, (en algunos pueblos se mantiene -aunque van siendo minoría-) la palabra de los otrora denominados “ancianos” era considerada sagrada, por tanto, se respetaba, era tenida en cuenta, buscada y admirada tanto en ámbitos familiares como comunitarios. Actualmente, no se encuentra el tiempo para escucharlos, para acercarlos a los niños y jóvenes, para continuar pequeños o grandes gestos, tradiciones, costumbres que les fueron característicos, distintivos, con sus porqués y aún sin ellos.
Me niego a perder esas riquezas que privarían a las nuevas generaciones de tamaños legados, por mínimos que parezcan. Si en algo puedo colaborar por evitarlo, quiero hacerlo.
Las ANÉCDOTAS escritas a mano, se recopilarían y por supuesto, se harían ediciones que las conservarían (utilizando la tecnología que tenemos disponible) y se harían presentaciones a las que convocaríamos especialmente a familiares y estudiantes de distintos niveles, en clubes, bibliotecas y cualquier espacio que se quisiera sumar a la iniciativa.
Esta inquietud me acerca al movimiento CEREPOÉTICO y a sus postulados, simple y llanamente porque se fundamenta en rescatar y rescatarnos como humanos, sin desdeñar las tantas posibilidades tecnológicas que sigan surgiendo, pero con preponderancia en emociones, pensamientos, recuerdos, memorias y sentires puramente HUMANOS.
GRACIAS por la oportunidad.

