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¿ENTREGA DE MADURO O TEATRO CHAVISTA?

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Análisis con Sazón Caribeño: ¿Entrega de Maduro o Teatro Chavista? ¡Ajá, Vamos a Ver!

En este Caribe revuelto, donde el sol quema y las noticias hierven como un sancocho en olla presión, nos topamos con un chisme que huele a intriga hollywoodense: la supuesta negociación de la cúpula chavista para «entregar» a Nicolás Maduro a los gringos a cambio de dos años más en el palacio, con bonus de petróleo y minas. Y para rematar, Diosdado Cabello sale arengando a las masas como un gallo de pelea, gritando que nada de concesiones al «imperio» y que hay que pasar a la «guerra revolucionaria». ¿Coincidencia? ¿Estrategia? ¿O puro bluff para unir a la tropa? Vamos a desmenuzar esto con suspicacia venezolana –esa que te hace arquear la ceja y decir «¡No me jodas!»– pero manteniendo los pies en la tierra, con hechos en mano y sin caer en el chisme barato. Porque aquí, en esta tierra de arepas y contradicciones, nada es lo que parece, pero todo tiene su porqué.

Primero, el rumor de la «entrega express» de Maduro. Según fuentes como el excomandante naval gringo Luis Quiñones –quien anda soltando perlas en entrevistas como si fuera un reality show–, hay sectores del chavismo (sin nombres, claro, para mantener el misterio) que habrían propuesto un trueque: «Tómense a Nico, pero déjennos el trono por dos añitos más y un pedacito del pastel petrolero». EE.UU., dice Quiñones, rechazó el ofertón porque no quieren solo la cabeza, sino desarmar todo el «Cartel de los Soles» –esa red fantasma de narcotráfico que Washington pinta como el villano de la película. Esto explotó alrededor del 12 de septiembre de 2025, justo cuando los yanquis subieron la recompensa por Maduro a 50 milloncitos verdes y desplegaron buques, F-35 y tropas en el Caribe, supuestamente por «antinarcóticos». Pero, ¡ajá!, aquí viene la suspicacia: ¿Por qué sale esto ahora? Quiñones es asesor de la Casa Blanca, así que ¿no será una triquiñuela para sembrar cizaña interna en el chavismo? Imagínate: filtrar un rumor así divide a los leales, hace que unos miren de reojo a otros, y debilita el frente unido. Objetivamente, no hay confirmación oficial ni de Washington ni de Caracas –el gobierno venezolano lo tacha de «mentira imperialista»–, y encuestas citadas por Quiñones (70% de venezolanos queriendo intervención) suenan a números inflados para justificar lo que venga. En el fondo, esto huele operación psicológica gringa: presionar sin disparar un tiro, como en los viejos tiempos de la Guerra Fría, pero con TikTok de por medio.

Ahora, pasemos al show de Cabello, el «número dos» que siempre parece «el uno» cuando hay que rugir. El 11 de septiembre, en una plenaria del PSUV, soltó un discurso que parece sacado de un manual de guerrilla: «No concesiones al imperialismo, porque viene por más. Pasemos de la revolución pacífica a la lucha armada por la patria». ¡Pum! Llama a una «resistencia activa prolongada», no convencional, con «lo que tengamos a mano» –desde machetes hasta drones caseros, supongo–. Y remata: «Esto no es apología a la guerra, es amor a la libertad». Picardía caribeña aquí: ¿Amor a la libertad o amor al poder? Cabello, con su bigote de revolucionario de vieja escuela, arenga a los militantes jóvenes como si fuera un coach motivacional, pero en versión armada. Objetivamente, esto encaja en el contexto: Maduro acababa de lanzar el «Plan Independencia 200» con 284 frentes de batalla, movilizando FANB y milicias ante el despliegue yanqui. Tensiones reales hay –EE.UU. con 4.000 marines y un submarino nuclear al sur del Caribe–, pero ¿es esto preparación seria o teatro para unir bases? Suspiciosamente, mientras Maduro ha coqueteado con «diálogos» a Trump, Cabello se planta como el halcón intransigente. En X, la gente nota la grieta: «¿Cabello por encima de Maduro?» Podría ser una jugada pícaro-venezolana: uno hace de bueno, el otro de malo, para negociar desde la fuerza.

Conectando los puntos con suspicacia: ¿Y si el rumor es la chispa que encendió el discurso de Cabello? Imagina que hay fracturas internas –algunos chavistas queriendo pactar para salvar el pellejo, otros como Diosdado apostando por la resistencia a lo Fidel–. El arengazo podría ser un mensaje interno: «¡Ojo, traidores! Nada de entregas». O, al revés, un bluff colectivo para disuadir a EE.UU., mostrando que Venezuela no se rinde fácil. Objetivamente, no hay evidencia de negociaciones reales; todo son rumores amplificados en redes y medios opositores. Encuestas aparte, el apoyo popular al chavismo ha mermado post-elecciones fraudulentas, y con la economía en picada, una «guerra revolucionaria» suena más a desesperación que a estrategia ganadora. Pero hey, en el Caribe, hemos visto cómo los desvalidos dan sorpresas –recuerda Grenada o Cuba–.

En conclusión, mi gente: con picardía, digo que esto parece un tango tenso donde nadie quiere pisar el pie, pero todos bailan al borde del abismo. Suspiciosamente, el rumor beneficia más a los gringos (divide y conquista), mientras Cabello’s show une (o intenta) al chavismo en modo survival. Objetivamente, sin pruebas concretas, es retórica inflamada en un contexto de sanciones, despliegues y recompensas –nada nuevo bajo el sol caribeño, pero con stakes altos. ¿Termina en intervención? ¿En pacto secreto? ¿O en más años de status quo? ¡Quién sabe! Pero una cosa sí: en Venezuela, como en todo el Caribe, la resiliencia es nuestra arma secreta. Mantengamos los ojos abiertos, porque el próximo capítulo podría ser épico… o un chasco total.

-Luis Rodriguez Salcedo, para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com              https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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