EL PASTOR QUE LLORABA PECADO PERO LLEVABA LA SOTANA REPUBLICANA
TECLA LIBRE: El Evangelio Según la Picota Política
¡Abran paso al último escándalo que huele a azufre y a púlpito de megachurch! Robert Morris, el fundador de la imponente Gateway Church de Texas, y más importante para nuestro análisis, exasesor espiritual de Donald Trump, ha mordido el polvo en un tribunal de Oklahoma. No por teología, sino por cinco cargos de abuso sexual infantil cometidos en la década de los 80.
La noticia es tan vieja como los pecados que Morris predicaba evitar, pero tan fresca como la condena de diez años que acaba de recibir. Diez años que, ojo al dato, se convierten en apenas seis meses de cárcel gracias a un pacto con la fiscalía. ¡Sí, seis meses! Más tiempo pasa el «expresidente» en el campo de golf.
El Gran Engaño: Del «Comportamiento Inapropiado» a la Culpabilidad Criminal
La víctima, Cindy Clemishire, hoy una mujer en sus 50, fue la que rompió el silencio en junio de 2024. Ella tenía 12 años cuando el joven Morris (de unos 20) se alojaba en casa de su familia en Oklahoma.
El cinismo de Morris en el pasado fue de antología. Cuando la verdad empezó a salir a flote, el pastor minimizó los hechos, refiriéndose a ellos como «comportamiento sexual inapropiado con una joven» o un simple «besuqueo y caricias» que ya había sido «confesado y arrepentido» ante los líderes de la iglesia. ¡Qué conveniente!
Cindy Clemishire puso el dedo en la llaga en el juicio, recordándole a Morris (que se negó a mirarla a los ojos) que «no existe tal cosa como el consentimiento de una niña de 12 años». Su testimonio no solo sacó del armario un crimen de hace 40 años, sino que desnudó la cultura del encubrimiento eclesiástico.
El Desagravio a la Carta: La sentencia final es un trago amargo para la justicia, aunque sea un alivio para la víctima: diez años suspendidos que se resumen en seis meses tras las rejas, más $250,000 en restitución y la obligación de registrarse como agresor sexual. Una «pena» que le permite a Morris, según su abogado, estar «en paz con su sentencia» y cumplir una «penitencia» (¡qué palabra!) en la cárcel. ¿Seis meses por robar la infancia? Para muchos, parece más un check-in con descuento que una condena.
El Silencio del Púlpito y el Entorno Trumpista
Aquí es donde nuestro análisis se pone turbio y deliciosamente suspicaz. Robert Morris no era un pastor cualquiera. Era el líder de una de las megaiglesias más grandes de EE. UU. y, fundamentalmente, formaba parte del Consejo Asesor Espiritual de Donald Trump.
La Bendición Republicana: La Gateway Church fue un centro neurálgico de la política del GOP (Partido Republicano) en Texas, albergando en 2020 al entonces Presidente Trump en una mesa redonda. Este círculo de pastores influyentes (la llamada «Faith Base» de Trump) es crucial para movilizar a la derecha religiosa en las urnas.
La Picarda Geopolítica: La caída de Morris es un golpe bajo a la moral (o a lo que queda de ella) del establishment evangélico que ha sostenido a Trump. El mensaje que se envía es perverso: uno de los supuestos guías morales del movimiento que se presenta como defensor de los «valores familiares» resulta ser un criminal sexual convicto.
¿Y la Reacción de Trump? ¡Cero! O al menos, cero oficial. En estos temas, el ecosistema político trumpista aplica la famosa táctica de la avestruz. Cuando un aliado cae en desgracia por algo tan sucio como el abuso infantil, la consigna es el silencio ensordecedor. No hay declaraciones de pesar, ni condena pública de la conducta. Se evita mencionar al «exasesor» caído para que el escándalo no salpique el púlpito político.
La hipocresía es la salsa de esta noticia. Los mismos que exigen moralidad estricta y castigo para el adversario, se ponen de perfil cuando la podredumbre viene de sus propias filas.
Moraleja (TeclaLibre Style): En el circo político-religioso de Trump, la lealtad se mide en votos, no en moralidad. El pastor Morris ha pasado de ser un «guía espiritual» a una «carga política», y la única respuesta del entorno es un silencio que vale más que mil sermones. Lo que no pudo el arrepentimiento, lo logró el plea deal de Oklahoma. El «Amén» del pastor es ahora un simple mea culpa con fecha de caducidad. ¡Y solo 6 meses de vacaciones forzadas!
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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