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CONVERSACIÓN TELEFÓNICA TRUMP-MADURO

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El Hilo Invisible entre el Cañón y la Mesa de Negociación

La política entre Estados Unidos y Venezuela se mueve, una vez más, en el filo de la navaja. El reciente informe del New York Times, que desvela una conversación telefónica secreta entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder venezolano, Nicolás Maduro, no es solo una noticia, sino la confirmación de una estrategia dual que choca violentamente: presión militar sin precedentes versus la búsqueda de un diálogo de último minuto.

Este contacto, que incluía al Secretario de Estado, Marco Rubio, y que exploraba una posible reunión en EE. UU., se tejió en el mismo instante en que la Casa Blanca arreciaba la retórica bélica, creando un escenario digno de un thriller geopolítico.

El impacto de esta revelación es profundo y multifacético, redefiniendo el tablero de ajedrez en el Caribe.

Durante años, Washington ha insistido en la ilegimidad del gobierno de Maduro, reconociendo a otros actores. Una llamada directa de Trump, sin importar su objetivo, otorga a Maduro una victoria diplomática implícita. Le permite presentarse ante el mundo y, crucialmente, ante sus aliados (Rusia, Irán), como un interlocutor indispensable para la superpotencia, reforzando su narrativa de que solo la fuerza lo sacará del poder.

La Estrategia del «Palo y la Zanahoria» en Máxima Tensión: El contacto telefónico no fue un gesto de buena voluntad; fue una maniobra de alto riesgo que ocurrió días antes de que EE. UU. designara como terrorista al «Cartel de los Soles». Este timing demuestra que la Administración Trump busca mantener el máximo apalancamiento.

El Palo: Es la amenaza de intervención terrestre para detener a «narcotraficantes venezolanos» y el despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford. Esta es la demostración de fuerza con la que Washington golpea la mesa.

La Zanahoria: Es la posibilidad de la reunión, la vía de escape que le dice a Caracas: «si podemos salvar vidas, hablemos». Es la apertura que el Fiscal General venezolano, Tarek William Saab, ya había calificado de «bienvenida».

El contexto actual sugiere que la Administración Trump, que anteriormente ha visto sus esfuerzos de presión fracasar en forzar la caída de Maduro, está buscando una solución rápida en medio de un periodo de máxima tensión y de cara a sus propios ciclos políticos internos.

Para Washington, el diálogo directo, por condicionado que esté, podría ser una forma de abrir un canal de información vital sobre los movimientos internos en Caracas o, en el mejor de los casos, asegurar una salida negociada que evite el costo humano y político de una intervención militar a gran escala. Reportes anteriores ya señalaban la disposición venezolana a negociar recursos energéticos (petróleo y oro) a cambio de una distensión, una tentación que podría influir en la decisión de Washington.

Maduro se encuentra en una situación precaria, enfrentando una crisis interna profunda y la presión militar más seria de su mandato. El diálogo le permite aliviar la presión internacional, ganar tiempo, y quizás, obtener alguna forma de garantía de seguridad o levantamiento de sanciones, al menos de manera parcial, a cambio de concesiones.

El problema de esta estrategia dual es su inherente inestabilidad. Mantener la presión militar mientras se dialoga es un equilibrio volátil. Cualquier incidente en el Caribe o en la frontera podría escalar de un plumazo, transformando una conversación exploratoria en un casus belli.

En resumen: La llamada revela que, a pesar de las amenazas de «detenciones por tierra», la puerta de la diplomacia, aunque discreta y sumamente condicionada, no está cerrada. El pulso entre la fuerza bruta y el diálogo tentativo define ahora mismo el futuro de las relaciones entre EE. UU. y Venezuela.

Tras la explosiva revelación del New York Times sobre la conversación telefónica entre Donald Trump y Nicolás Maduro, la respuesta oficial de ambos gobiernos ha sido tan significativa como la noticia misma: un silencio calculado y absoluto.
Hasta el momento, ni la Casa Blanca ni el Palacio de Miraflores han emitido una declaración pública formal que confirme o niegue la existencia de la llamada o que detalle los avances hacia una posible reunión bilateral en Estados Unidos.
Este vacío informativo, sin embargo, solo sirve para amplificar el aire de crónica negra y tensión que rodea la relación bilateral.
El Poder del Silencio Estratégico El mutismo de Washington y Caracas no es un accidente; es una táctica que subraya la naturaleza delicada y controversial de este contacto:
Para la Administración Trump: Confirmar la conversación sería un desafío directo a la política oficial de «máxima presión» y un golpe a la narrativa de que Maduro es un líder ilegítimo, un «jefe de cartel» con el que no se negocia. Mantener el silencio permite a EE. UU. explotar la posibilidad del diálogo como una herramienta de presión sin tener que justificar ante la opinión pública y los aliados (como la oposición venezolana) el contacto con un líder al que han prometido derrocar.
Para el Gobierno de Maduro: El líder venezolano se beneficia doblemente del silencio. Por un lado, la filtración ya ha cumplido su propósito de legitimarlo indirectamente como un interlocutor. Por otro, al no confirmarla, puede manejar internamente la percepción del contacto. Es una carta que puede jugar como prueba de que la Administración Trump se está «doblegando» a pesar de su retórica, reforzando la moral de su base.
La noticia, sin confirmación oficial, ya ha generado repercusiones inmediatas, sobre todo en el ámbito político venezolano y regional:
Los opositores venezolanos, apoyados por Washington y que han apostado todo a la vía de la presión y el aislamiento, quedan en una posición sumamente incómoda. La posibilidad de que su principal aliado esté negociando a sus espaldas —o, peor aún,que esté explorando una salida negociada que no los incluya— crea un clima de desconfianza y fragmentación.
La paradoja de que la llamada ocurriera días antes de la designación del Cartel de los Soles como terrorista y la advertencia de Trump de acciones terrestres, hace que el riesgo de un cálculo erróneo sea altísimo. La coexistencia de la diplomacia secreta y las amenazas militares abiertas es un barril de pólvora en el Caribe.
La narrativa se ha desplazado de la amenaza militar unilateral a la estrategia de la tensión controlada. La gran incógnita de la crónica actual es si la presión militar (el «palo» de los bombarderos B-52H y el portaaviones USS Gerald R. Ford) busca realmente una confrontación o es, simplemente, la moneda de cambio más valiosa que Trump tiene para forzar a Maduro a negociar su salida.
La ambigüedad del silencio sugiere que la fase de conversaciones exploratorias continúa bajo estricta confidencialidad, esperando el momento político oportuno para una declaración, o el fracaso de las negociaciones, que conduciría a una nueva y peligrosa escalada.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre- rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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