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EL TETRIS DIPLOMÁTICO DE LA PAZ DE TRUMP EN UCRANIA

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-La Paz de Trump, a Disparos de Fogueo: Un Tetris Diplomático con Piezas Sueltas-

WASHINGTON D.C. – La Casa Blanca de Donald Trump ha desatado una ofensiva de paz en el conflicto de Ucrania, pero lo que se observa a simple vista no es una fuerza de asalto unificada, sino un rompecabezas diplomático donde cada pieza, personificada en sus emisarios, parece jugar su propio juego, a menudo con reglas que el Kremlin conoce mejor. Steve Witkoff, Marco Rubio, Jared Kushner y Daniel Driscoll han sido ungidos por el presidente para lograr lo impensable: que Kyiv y Moscú acepten un «plan de paz» gestado en la administración republicana. El problema, como en toda crónica que se precie, es el desorden interno, que contrasta notablemente con el frente unificado que presenta la diplomacia rusa.
La estrategia de Trump, que busca una solución rápida para poder escenificar una victoria personal, se ha traducido en el envío de figuras con perfiles dispares y agendas a veces contradictorias.

Steve Witkoff, el Negociador sin Ataduras: Este asesor especial, con una carrera forjada en bienes raíces, ha sido el más polémico. Sus conversaciones filtradas con el asesor del Kremlin, Yuri Ushakov, han encendido las alarmas en Kyiv y Bruselas por su aparente sesgo prorruso. Witkoff, según las transcripciones, se mostró dispuesto a otorgar a Putin una victoria de relaciones públicas, sugiriendo que el presidente ruso «felicitaría» a Trump como «un verdadero hombre de paz». Esto, sumado a un plan inicial de 28 puntos que se dice fue «inspirado» en un documento ruso (incluyendo la renuncia ucraniana a territorios y la limitación de su ejército), coloca a Witkoff en la posición de ser el facilitador de un acuerdo que, para muchos, roza la capitulación ucraniana.

Marco Rubio, el Rostro de la Seguridad Nacional: El Secretario de Estado Marco Rubio ejerce el contrapeso. Es el encargado de limar asperezas con Kyiv y los aliados europeos, intentando reestructurar el borrador inicial. Tras una cumbre en Suiza y reuniones con representantes ucranianos en Florida, Rubio ha calificado las conversaciones como «productivas», pero admite que queda «mucho trabajo por delante». Su rol parece ser el de salvaguardar la imagen de una administración que, por un lado, presiona a Ucrania para ceder, pero por otro, busca un acuerdo que parezca «justo y duradero» para no dinamitar la alianza occidental por completo.

Dan Driscoll, el «Chico de los Drones» con un Ultimátum: Daniel Driscoll, el Secretario del Ejército, un perfil menos político y más operativo, debutó como mediador con un mensaje que los ucranianos difícilmente recibieron con entusiasmo. Conocido como el «chico de los drones», Driscoll advirtió a los funcionarios ucranianos que la situación militar era «crítica» y que Rusia podía mantener la ofensiva «de forma indefinida». Su nombramiento parece una señal de la presión directa y pragmática de Washington: acepta el acuerdo ahora o enfréntate a una posible derrota militar sin nuestro apoyo incondicional.

Jared Kushner, El Ojo Presidencial: El yerno y ex asesor presidencial, Kushner, mantiene un perfil más bajo pero su influencia es bien conocida. Su participación, junto con Witkoff, en la gestación del plan original de 28 puntos, sugiere que actúa como un canal directo a los oídos de Trump, asegurando que la presión para un acuerdo rápido se mantenga en la mesa, a pesar de las objeciones de Kyiv.

El Kremlin, el Maestro de Ajedrez
Frente a esta orquesta desafinada, el Kremlin actúa con una cohesión fría y calculada. El plan de Trump, en su borrador inicial, ya recogía las principales exigencias de Moscú: limitación militar de Ucrania, neutralidad, y el reconocimiento de las «realidades territoriales» creadas por la guerra.

Las filtraciones, los viajes a Moscú (como el inminente de Witkoff, anunciado por Rubio), y la presión sobre Kyiv para que acepte un alto el fuego basado en las líneas de frente actuales, han permitido a Rusia mantener una postura de no concesión. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha reiterado que cualquier acuerdo debe reconocer sus conquistas. La táctica rusa es clara: dejar que la división interna y la urgencia política de la administración Trump hagan el trabajo de debilitar la posición negociadora ucraniana.

Para Ucrania, el panorama es sombrío. El presidente Volodímir Zelenski se enfrenta a la advertencia de Trump de que su país podría «congelarse y ser destruido» si no llega a un pacto. La presión de Washington lo ha obligado a negociar un borrador que, según fuentes, inicialmente pedía la renuncia al Donbás y la exclusión de la OTAN.

Kyiv ha logrado, por ahora, frenar los puntos más inaceptables, buscando una paz «duradera y digna» que no implique la cesión territorial forzosa. Sin embargo, la coerción económica y militar de su principal aliado ha puesto a Ucrania en una posición de extrema debilidad: elegir entre la agresión militar de Rusia o una «colonización económica» de Washington, donde se le exige acceso a recursos e infraestructuras estratégicas a cambio de ayuda y garantías de seguridad.

La «paz» que se cocina en Washington, más que un acuerdo entre iguales, parece ser un intento de forzar la mano de Kyiv para que acepte un alto el fuego que, en la práctica, legitimaría las conquistas rusas y desmantelaría su capacidad de defensa futura. La cronología de los hechos demuestra que, en este juego de tronos diplomático, Moscú ha sido el gran beneficiado del desordenado blitz de la paz de Donald Trump.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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