✈️ El Desafío de Petro: Colombia Ignora a Washington y Abre su Cielo a Venezuela
El pulso se siente en el aire, literalmente. En una jugada que resuena más en los despachos de política exterior que en las salas de espera de los aeropuertos, el presidente colombiano Gustavo Petro ha decidido darle la espalda a una de las directrices más claras y sensibles emitidas desde Washington. La orden es tajante: restablecer de inmediato los vuelos civiles entre Colombia y Venezuela.
La decisión no es solo logística; es un golpe diplomático directo contra la política de cerco económico impulsada por Estados Unidos y un acto explícito de soberanía. Con este movimiento, Petro busca despejar la pista de las sanciones y la influencia regional de la Casa Blanca, haciendo una invitación abierta a otras naciones a seguir su ejemplo.
El detonante de este enfrentamiento aéreo fue la advertencia de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos. La agencia, citando riesgos de seguridad derivados del «deterioro interno» y la «creciente actividad militar» en territorio venezolano, instó a las aerolíneas a suspender o extremar la precaución en sus operaciones hacia Caracas.
La alerta de la FAA, aunque técnica en apariencia, tuvo un efecto inmediato y paralizador: varias aerolíneas internacionales, sensibles a las directrices de Washington o a las primas de seguros disparadas, optaron por suspender sus itinerarios hacia el país caribeño. La medida, interpretada por muchos como un endurecimiento sutil del bloqueo económico, dejó a Venezuela aún más aislada.
Desde el Palacio de Nariño, la lectura fue inmediata y hostil. Para el presidente Petro, un abierto crítico de las políticas de intervención de EE. UU. en Latinoamérica, esas alertas no tienen nada de técnico. Son, a su juicio, una «intromisión en la soberanía de los países» y una herramienta de presión política.
En un mensaje público, el mandatario colombiano no se anduvo con rodeos, situando a Colombia en una postura de desafío regional. Su frase fue un dardo directo a la línea de flotación de la influencia estadounidense:
«EE. UU. no tiene el derecho de cerrar el espacio aéreo venezolano. Lo puede hacer con sus aerolíneas, pero no con las del mundo.»
Con esta declaración, Petro no solo justifica la reanudación de los vuelos colombianos, sino que lanza un llamado global a la desobediencia aérea. Es una invitación a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y a otras capitales del mundo a ignorar las restricciones impuestas por la FAA y a priorizar el diálogo y la integración regional sobre la geopolítica de la confrontación.
La reactivación de los vuelos se alinea con la política de «paz total» y «reintegración regional» de Petro. Desde su llegada al poder, el presidente ha priorizado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, rotas durante años.
Para Bogotá, el flujo aéreo es más que un capricho político: es la vía para el tránsito humano —fundamental para los millones de migrantes venezolanos— y el comercio binacional que busca revitalizar. El mensaje es claro: en la nueva era de las relaciones colombo-venezolanas, la soberanía nacional prevalece sobre las advertencias de seguridad de potencias externas. Colombia vuela por su cuenta, y espera que el resto del continente haga lo mismo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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