EDITORIAL
Carlos Marquez
La denuncia del exvicepresidente Rafael Alburquerque sobre un cartel corroído del cambio es apenas un ángulo del plano en el que encontramos el diseño completo de una política sistémica de desvío de fondos a partir del clientelismo en la patria dominicana.
En ese plano, SENASA no puede ser la excepción, sino la regla de un modelo de poder que encontró en la opacidad de los fondos públicos una vía para la pretensión de perpetuar a un grupo en el gobierno.
De ahí que, el reciente escándalo en el Seguro Nacional de Salud (SENASA) no es una isla de malas prácticas en el gobierno.
A partir de la denuncia del jurisconsulto Alburquerque podemos interpretar que SENASA es la pieza que terminó de encajar en un rompecabezas mucho más grande y siniestro.
Esto es lo que alcanzamos a ver, la punta del iceberg.
En nuestro editorial anterior llamamos al gobierno a profundizar en su interior para determinar quienes en la alta escalera del poder se hicieron de la vista gorda ante más de 5 años de defraudación de SENASA.
Hoy la denuncia del exvicepresidente de la Republica refuerza nuestro pedido editorial.
Simplemente, denunció lo que ha denominado el cartel del cambio que, según Alburquerque ha operado inflando nóminas de manera artificiosa, desviando recursos económicos públicos a través de mecanismos opacos; junto a la privatización de servicios que benefician contratistas para que obtengan ganancias millonarias.
Una vergonzante degradación ética que instrumentaliza la pobreza y que debilita el estado de derecho fomentando el vergonzante clientelismo.
Teclalibre Multimedios entiende que es hora de establecer con claridad meridiana los límites entre la asistencia social legítima y la compra de lealtades.
Los pobres están siendo usados como botín político que corrompe y enriquece corroedores.
Entendemos que la sociedad dominicana tiene derecho a conocer si lo que Alburquerque llama «El Cártel del Cambio» es una metáfora política o la descripción precisa de una estructura de perversión que opera en las entrañas del Estado.
Por ello, los apresamientos y la investigación que se verifican a causa de la Operación Cobra o SENASA, no puede cerrarse sobre sí misma. Debe ser el hilo del que se tire para desentrañar toda la madeja de corruptela enquistada en el gobierno.
Desnudar ese cartel, esa estructura corruptiva en el poder, no es una opción partidista; es una acción indispensable para rescatar la credibilidad de la política y el destino de los recursos económicos de todos.
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