InicioCHINACHINA RESPONDE CON DIPLOMACIA DE BISTURÍ

CHINA RESPONDE CON DIPLOMACIA DE BISTURÍ

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Xi habla sin nombrar a nadie: China responde a la caída de Maduro con diplomacia de bisturí

China habló.
Pero lo hizo como suele hacerlo Xi Jinping cuando el mensaje es incómodo, delicado y global: sin nombres propios, sin estridencias, pero con destinatario claro.

Tras la ofensiva militar de Estados Unidos en Venezuela —que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su comparecencia ante un tribunal de Nueva York— Pekín activó su manual clásico de retórica estratégica: multilateralismo, soberanía, respeto a los caminos nacionales… y una advertencia implícita a Washington.

“Las grandes potencias deben tomar la iniciativa en respetar el camino de desarrollo elegido por otros países”, dijo Xi, enmarcando el momento como parte de “cambios y turbulencias no vistos en un siglo”.

Traducción TeclaLibre: Estados Unidos cruzó una línea.

Multilateralismo como código diplomático
Xi lanzó el mensaje desde Pekín, durante un encuentro con el primer ministro irlandés Michael Martin, un escenario cuidadosamente elegido. Los medios estatales chinos se encargaron de subrayar que Irlanda —como China— es “defensora del multilateralismo y del sistema de Naciones Unidas”.

Cuando Pekín habla de “unilateralismo hegemónico que socava el orden internacional”, todos entienden a quién apunta, aunque el nombre de Estados Unidos no aparezca en la frase.

China vuelve a presentarse como garante de un orden alternativo, especialmente atractivo para el llamado Sur Global: menos sanciones, más comercio; menos juicios morales, más pragmatismo.

De la sutileza a la condena directa.
Si Xi optó por el bisturí, sus portavoces usaron el martillo.

Horas después del arresto de Maduro, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino se declaró “profundamente conmocionado” y denunció el “flagrante uso de la fuerza por parte de EE.UU. contra un Estado soberano”. Pekín incluso pidió la liberación inmediata del líder venezolano y acusó a Washington de poner en riesgo la estabilidad de América Latina y el Caribe.

El canciller Wang Yi elevó el tono aún más: “China no puede aceptar que ningún país actúe como juez del mundo”. El mensaje fue pronunciado durante una reunión con el canciller paquistaní, pero el auditorio real era planetario.

El trasfondo es tan económico como estratégico.
China es el principal comprador de petróleo venezolano y uno de sus aliados más constantes frente al cerco de sanciones occidentales. Solo en 2024, Pekín importó de Caracas bienes por unos 1.600 millones de dólares, casi la mitad en crudo: oxígeno financiero puro.

No es solo petróleo.
Es influencia, presencia regional y una ficha clave en la disputa global con Washington.

En noviembre pasado, Xi había descrito a Venezuela como un “hermano querido y buen socio”, prometiendo respaldo en la defensa de su soberanía y estabilidad. Hoy, esa promesa se pone a prueba.

La captura de Maduro no es solo un golpe contra Caracas.
Es un mensaje de fuerza de Washington… y una advertencia indirecta a Pekín.

Para China, la ofensiva estadounidense —la más directa en América Latina en décadas— amenaza su avance silencioso pero constante en la región, construido a base de inversiones, comercio e infraestructura, no de marines ni portaaviones.

Para Estados Unidos, la presencia china sigue siendo una amenaza estratégica en su patio trasero. Y para el resto del mundo, el episodio confirma algo inquietante: el tablero geopolítico ya no admite zonas grises.

Xi habló sin decir nombres.
Pero todos entendieron el mensaje.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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