2026: El ajedrez de acero y crudo en el Golfo Pérsico
Editorial | TeclaLibre
El mundo apenas terminaba de brindar por el nuevo año cuando Irán se convirtió en el epicentro de un terremoto geopolítico que no solo amenaza con derribar una teocracia de cuatro décadas, sino con redibujar el mapa económico global. Lo que vemos hoy no es solo una protesta más; es una colisión frontal entre la insurgencia civil, el despliegue militar de la era Trump y los nervios de acero de los mercados energéticos.
Mientras lees esto, Irán vive bajo una «oscuridad digital». El régimen ha cortado internet para que el mundo no vea lo que las ONG ya denuncian como una carnicería: las cifras de muertos bailan entre los 2,000 y 3,400, dependiendo de si se escucha a las fuentes oficiales o a los observadores en el terreno. El mensaje de Teherán es claro: si el sistema cae, se llevará a todo el país por delante.
Pero el vacío informativo se llena con el ruido de turbinas. El portaaviones USS Abraham Lincoln ya navega desde el Mar de China hacia el área de influencia del CENTCOM. No es un movimiento rutinario. EE. UU. ha movilizado también cazas F-35 desde Europa y reforzado la base de Al Udeid en Qatar con sistemas interceptores.
La estrategia de Washington es la «máxima presión 2.0»:
El portaaviones es un escudo para Israel y un aviso para que Irán no intente cerrar el Estrecho de Ormuz. Esa es la disuacion naval.
Trump ha lanzado un órdago inédito: aranceles del 25% a cualquier país (sí, China incluida) que se atreva a comerciar con Teherán. Es un bloqueo total por vía impositiva.
Para el ciudadano de a pie, este conflicto se traduce en el surtidor de gasolina. La economía global está hoy en una montaña rusa: La Prima de Riesgo: El barril de Brent ha llegado a tocar los $66 dólares impulsado por el miedo. Si Ormuz se bloquea, los analistas no descartan ver los $90 en tiempo récord.
Curiosamente, el precio ha retrocedido ligeramente en las últimas 48 horas (bajando de los $64). ¿La razón? Los mercados están «comprando» el discurso de Trump de que se evitará una invasión terrestre a cambio de asfixia económica. Los inversores prefieren una guerra de aranceles a una de misiles.
Estamos en la fase de «posicionamiento de piezas». El portaaviones llegará a su destino final la próxima semana. Para entonces, sabremos si el régimen iraní cede ante la presión interna y el cerco externo, o si decide morir matando, arrastrando al petróleo y a la estabilidad mundial en el proceso.
En TeclaLibre seguiremos monitoreando el radar. Porque en 2026, la libertad de Irán parece tener un precio que se cotiza en barriles y se defiende con portaaviones.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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