-Arroz, rublos y el «patio» que ya no es tan privado-
Si pensaban que el 2026 iba a ser aburrido, el Caribe acaba de subirle el volumen a la radio. Mientras en Davos se discute el precio de la nieve, en La Habana el menú tiene un sabor cada vez más oriental y eslavo. China y Rusia han vuelto a sacar la billetera por Cuba, y esto —amigos de TeclaLibre— es mucho más que un simple gesto de «buena vecindad».
Pekín no anda con cuentos. Xi Jinping acaba de firmar un cheque de 80 millones de dólares y un cargamento masivo de 60,000 toneladas de arroz. Es la asistencia financiera de emergencia más fuerte en años.
Inicialmente eran 30,000 toneladas, pero China duplicó la apuesta. No solo quieren que el cubano coma, quieren que sepa quién puso el plato en la mesa.
Moscú no se queda atrás. Entre visitas del Ministro del Interior ruso y el estatus de Cuba como «miembro asociado» de los Brics, la ayuda energética fluye. Plantas térmicas, kits de reparación eléctrica y trigo. Los rusos están invirtiendo en la infraestructura que EE. UU. ha dejado de tocar por las sanciones.
La respuesta corta: Sí, y con la mano abierta. 1. El momento Trump: Con Donald Trump de vuelta en la Casa Blanca y lanzando ultimátums como: «¡Cero petróleo y dinero para Cuba!» (literalmente lo escribió en sus redes hace unos días), que China y Rusia lleguen con barcos llenos de suministros es un «visto» en toda regla a la política de presión estadounidense. 2. El factor Maduro: Tras la reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas de EE. UU., el eje Pekín-Moscú necesita demostrar que no va a permitir que su última ficha en el Caribe también caiga. Cuba es el muro de contención simbólico. 3. Vigilancia y Geopolítica: No todo es arroz. Washington sospecha que cada antena china instalada en la isla para «mejorar la TV» es una oreja mirando hacia Florida.
En TeclaLibre, lo que estamos viendo no es ayuda humanitaria por bondad, es supervivencia estratégica.
Para Cuba, es oxígeno puro ante un colapso energético total. Para China y Rusia, es la forma más barata de recordarle a Estados Unidos que la Doctrina Monroe tiene goteras. Washington quiere un «acuerdo» con La Habana antes de que sea tarde, pero mientras el arroz chino siga llegando, el gobierno cubano siente que todavía tiene cartas para jugar.
En conclusión: El Caribe se está recalentando, y no es por el cambio climático. Es el pulso por ver quién manda a 90 millas de Key West.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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