El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó este miércoles que el gobierno venezolano de Delcy Rodríguez ha sido «muy bueno» tras la captura de Nicolás Maduro y la puesta en marcha de una colaboración con Washington para explotar su petróleo.
«Los líderes del país han sido muy buenos (…), muy, muy listos», dijo Trump en el Foro de Davos.
-¿El «Deal» del Siglo o el Cuento de Hadas Petrolero?-
Fíjense en el lenguaje de Trump: «Muy buenos, muy listos». Pasamos de «el régimen dictatorial» a «mis nuevos mejores amigos» en lo que tarda en despegar un dron de la DEA.
El magnate habla de Venezuela como si fuera un casino en Atlantic City: «Harán más dinero en seis meses que en 20 años».
La AIE (Agencia Internacional de la Energía) ya le tiró el balde de agua fría. El crudo venezolano no es champán, es extra-pesado. Es un «brebaje» denso que requiere refinerías especializadas y mucha plata para sacarlo del suelo.
¿50 millones de barriles? Eso no se saca con chasquear los dedos. Trump vende la piel del oso antes de cazarlo, o mejor dicho, vende la gasolina antes de que el taladro toque el fondo.
El guion de Delcy ha girado de la «Lista Negra» al Trono. Esto es lo que más pica: quien hasta ayer era la villana de la película para Washington, ahora es la «socia ideal».
Al parecer, el «atentado» o captura de Maduro el 3 de enero (en este escenario ficticio/futurista) dejó a Delcy como la que tiene las llaves de la casa.
Ver a Trump elogiando a una líder que su propio gobierno sancionó por años es el máximo ejemplo de que en la geopolítica no hay amigos, solo intereses con olor a hidrocarburo.
La Medalla de María Corina: ¿Premio Nobel o Trofeo de Caza? Aquí la cosa se pone picante de verdad. María Corina Machado, premiada con el Nobel de la Paz (¡vaya salto!), le entrega su medalla a Trump.
Este es el gesto de sumisión política más caro de la historia. Entregar un Nobel a un presidente que maneja el país como un tablero de Monopoly es, por decir lo menos, controversial.
¿La intención? Ella quiere un asiento en la mesa. Pero Trump, fiel a su estilo, dice que le «encantaría involucrarla de alguna manera». Ese «de alguna manera» suena a «te llamamos si necesitamos a alguien para la foto».
- ¿A dónde van esos 300 milloncitos? Delcy dice que los primeros 300 millones de dólares van para «proteger el poder adquisitivo».
En un país con una inflación histórica, 300 millones son como intentar apagar un incendio forestal con una pistola de agua.
El control de esas ventas lo tiene Estados Unidos. Básicamente, Washington es el cajero automático y Delcy tiene que pedir el PIN cada vez que quiera retirar para la nómina. ¿Soberanía? Eso ya quedó en el pasado.
Nota de TeclaLibre: Este escenario plantea una Venezuela convertida en el patio trasero energético de EE. UU., con una transición liderada por las mismas caras de siempre pero bajo una nueva gerencia. Es el triunfo del pragmatismo sobre la ideología: «Danos el petróleo y diremos que eres un genio».
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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