-El «Efecto Trump» sacude el tablero: Lula da Silva carga contra la «Paz de Propietario» y el lujo sobre escombros-
BRASILIA.– En el ajedrez de la política global, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha decidido mover ficha con un ataque frontal. El objetivo: Donald Trump y su ambiciosa (y para muchos, inquietante) Junta de Paz. Para Lula, la propuesta de la Casa Blanca no es un intento de mediación diplomática, sino el acta de nacimiento de una «nueva ONU» donde el magnate neoyorquino no busca ser el secretario, sino el dueño absoluto del edificio.
«En vez de corregir la ONU, Trump está creando una donde él solito es el dueño», disparó Lula durante un acto oficial este viernes. El líder brasileño, que lleva desde 2003 clamando por un Consejo de Seguridad más democrático y con sangre nueva, ve cómo el multilateralismo está siendo «tirado al suelo».
La retórica de Lula no deja lugar a dudas: la Carta de las Naciones Unidas está siendo «rasgada» para imponer la ley del más fuerte. Con estas declaraciones, Brasil pone una barrera de acero ante la posibilidad de sumarse a esta Junta de Paz que ya cuenta con el visto bueno de una veintena de naciones aliadas a Trump, pero que despierta sudores fríos en las cancillerías de la vieja Europa y en las grandes potencias que ven cómo su silla en Nueva York empieza a tambalearse.
Pero el dardo más afilado de Lula no voló hacia Washington, sino hacia los Alpes suizos. Criticó con dureza los planes desvelados por Trump en el Foro de Davos, donde el estadounidense sugirió transformar la devastada Franja de Gaza en un enclave de complejos hoteleros de lujo.
«Mataron a más de 70.000 personas para decir que ahora van a recuperar Gaza y construir un hotel de lujo… ¿y el pueblo que murió?», lanzó el brasileño, poniendo el dedo en la llaga sobre la ética de un plan que parece ver oportunidades inmobiliarias donde el mundo solo ve tragedia.
Mientras Trump proyecta su visión empresarial de la paz —una mezcla de pragmatismo unilateral y reconstrucción con sello de oro—, Lula se atrinchera en el multilateralismo tradicional. El choque no es solo político; es filosófico. Por un lado, la diplomacia de las instituciones; por el otro, la diplomacia del «contratista».
En 2026, el mapa del poder se redibuja a golpe de declaraciones explosivas. La pregunta que queda en el aire tras el discurso de Lula es si la ONU sobrevivirá a su propia crisis de identidad o si el mundo terminará comprando una suite en el nuevo orden mundial de Trump.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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