Por Felix Jimenez
Heberto Padilla: La vida dificil de los poetas que quieren expresar sus ideas.
Hay momentos históricos que no necesitan interpretación: hablan por sí mismos. El caso Padilla, el documental del cineasta cubano Pavel Giroud, es uno de ellos. Lo que presenta no es una reconstrucción ni un testimonio recordado con el paso del tiempo, sino material original: un poeta de pie ante sus colegas, desmontándose públicamente para poder sobrevivir.
Supe de la película por amigos que insistieron en que era imposible verla sin quedar conmocionado. Tenían razón. Las imágenes muestran a Heberto Padilla dirigiéndose a otros escritores en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1971. Habla largamente, intentando sonar sincero, equilibrado, incluso objetivo. Pero la lucha interior es inconfundible. No es un artista interpretando un papel. Es un hombre bajo coerción, tratando de conciliar el miedo con la dignidad.
El material, durante años considerado inaccesible, procede de grabaciones conservadas en los archivos del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Como suele ocurrir en sistemas cerrados, algunas copias circularon discretamente. Una de ellas permitió a Giroud construir este documental, hoy disponible gratuitamente en línea, una ironía que la historia parece disfrutar.
La trayectoria de Padilla explica por qué este episodio sigue resonando. Nacido en 1932, apoyó inicialmente la Revolución Cubana y creyó, como muchos intelectuales de su generación, en su promesa de renovación cultural. Esa fe comenzó a resquebrajarse tras su regreso a Cuba en 1966, luego de trabajar en la Unión Soviética. Dos años después, su poemario Fuera del juego obtuvo un premio de la UNEAC y fue, al mismo tiempo, condenado por las autoridades culturales. El mensaje era claro: el mérito literario era aceptable solo mientras fuera políticamente obediente.
En marzo de 1971, Padilla fue arrestado y detenido durante treinta días. Tras su liberación, fue obligado a realizar una autocrítica pública. Ante sus colegas, se declaró contrarrevolucionario, renegó de su obra, denunció a otros e incluso implicó a su esposa. El documental no solo recoge las palabras, sino el costo humano de pronunciarlas.
A partir de entonces, Padilla quedó silenciado en Cuba. Vivió bajo vigilancia y sin posibilidad de publicar libremente hasta 1980, cuando la presión internacional —incluida la intervención del senador estadounidense Edward Kennedy— permitió su exilio en Estados Unidos.
El caso Padilla marcó un punto de quiebre. Derrumbó las ilusiones de muchos intelectuales que habían apoyado al gobierno cubano bajo Fidel Castro, al dejar al descubierto los límites del disenso tolerado por la Revolución.
El caso Padilla sigue siendo relevante porque expone un mecanismo que trasciende a Cuba y a su época: la exigencia no solo de silencio, sino de participación en la propia humillación. Muestra por qué la poesía —la duda, la ironía, la ambigüedad— puede resultar peligrosa para sistemas que requieren unanimidad.
Ver esta película es profundamente incómodo. Esa incomodidad es su verdad… y su necesidad.

