-Proyecto Hostos: la energía que se va… y las preguntas que se quedan-
Bajo el nombre amable de Proyecto Hostos —una referencia histórica que parece buscar legitimidad moral— se esconde una de las iniciativas energéticas más ambiciosas y, a la vez, más delicadas que se han planteado en la República Dominicana en los últimos años: generar electricidad en suelo dominicano para exportarla, vía cable submarino, exclusivamente a Puerto Rico.
La idea fue confirmada por Rafael Vélez Domínguez, presidente de Caribbean Transmissión Development Company (CTDC), empresa promotora del proyecto, en declaraciones al diario Diario Libre. Según explicó, la inversión total rondaría los 2,500 millones de dólares, con una planta de generación a gas natural ubicada en San Pedro de Macorís, diseñada —dice— para “quemar” hidrógeno verde cuando este sea comercialmente viable.
Hasta ahí, el discurso suena moderno, verde y prometedor. Pero el detalle clave aparece de inmediato: la energía producida no está destinada al mercado dominicano, sino que será enviada íntegramente a Puerto Rico.
“No estaremos robándole capacidad al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado”, aseguró Vélez Domínguez, aunque admitió que la planta sí permitiría interconexión “en caso de emergencia”. Es decir, la excepción queda abierta, aunque la regla sea exportar.
Uno de los puntos más sensibles del anuncio es el estado de los permisos. El presidente de CTDC afirmó que ya cuentan extraoficialmente con el visto bueno del Departamento de Energía de Estados Unidos, con “no objeción” del Departamento de Estado y del Departamento de Guerra. Sin embargo, la notificación formal aún no ha llegado.
Aun así, la empresa asegura sentirse “confiada” de haber obtenido lo que llaman un permiso presidencial, lo que —según su interpretación— legitima el proyecto como de “alto interés” para Puerto Rico.
Mientras tanto, la reglamentación que permitiría el intercambio eléctrico entre República Dominicana y Puerto Rico simplemente no existe. Vélez Domínguez reconoció que habrá que construirla desde cero, en coordinación con ambos gobiernos. En otras palabras: el proyecto avanza más rápido que el marco legal que debería sostenerlo.
2031: la energía se vende, pero las obras empiezan antes
El cronograma oficial mantiene el año 2031 como fecha para comenzar a vender electricidad, aunque algunas obras civiles deberían arrancar ya en 2027. Antes de eso, CTDC planea ordenar la compra de los equipos más costosos —planta, convertidora y cable submarino— argumentando que la alta demanda global, impulsada por la inteligencia artificial, obliga a asegurar producción con años de antelación.
La viabilidad técnica, según la empresa, está respaldada por estudios de ingeniería conceptual y general, además de evaluaciones realizadas junto a Luma Energy, la operadora de la red de transmisión y distribución en Puerto Rico, para medir el impacto de la energía importada en su sistema.
La gran pregunta: ¿qué gana República Dominicana?
Más allá de la ingeniería y los discursos de integración regional, el proyecto deja una pregunta incómoda flotando en el aire:
¿qué obtiene realmente la República Dominicana, un país que aún arrastra apagones, pérdidas técnicas y tarifas elevadas, al convertirse en plataforma exportadora de energía?
La planta se construirá en territorio dominicano, utilizará infraestructura local, permisos locales y riesgos ambientales locales. Pero la electricidad —el bien estratégico— cruzará el mar.
El Proyecto Hostos se presenta como símbolo de cooperación caribeña y modernización energética. Sin embargo, visto desde Santo Domingo, también puede leerse como otra historia conocida: recursos instalados aquí, beneficios consumidos allá, y promesas de que “no afectará al sistema” que solo el tiempo —y los apagones— sabrán confirmar.
En energía, como en política, la letra pequeña suele ser más reveladora que los megavatios anunciados.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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