Cuba enfría a Trump: no hay mesa de negociación con EE.UU.
La Habana desmiente que exista una negociación bilateral con Washington tras la captura de Nicolás Maduro. El vicecanciller Carlos Fernández de Cossío admite intercambios de mensajes, pero marca límites claros: sin reformas internas, sin presos y sin mediadores. Cuba anuncia un duro plan de reorganización nacional.
El Gobierno de Cuba salió a desmontar, con lenguaje diplomático pero firme, la narrativa impulsada desde Washington sobre una supuesta negociación bilateral en marcha. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, negó que La Habana esté diseñando junto a Estados Unidos una mesa formal de diálogo.
Según explicó, tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, lo que ha existido han sido intercambios de mensajes, no un proceso negociador.
“Sería un error decir que se está diseñando una negociación bilateral, porque ese diálogo no se ha empezado”, precisó.
Las declaraciones de Fernández de Cossío contrastan abiertamente con lo dicho en días recientes por el presidente estadounidense Donald Trump, quien ha afirmado en varias ocasiones que su administración mantiene negociaciones con Cuba, incluso a “alto nivel”.
Desde La Habana, el mensaje es otro: Estados Unidos conoce la disposición cubana a dialogar, pero ese paso exige voluntad mutua y condiciones claras.
“Tiene que ser un diálogo serio, constructivo, responsable y respetuoso de la igualdad soberana entre ambos Estados”, subrayó el vicecanciller.
El funcionario fue igualmente tajante al descartar contactos indirectos mediante terceros como México o El Vaticano. No hay mediadores, ni canales paralelos.
Más aún, dejó definidos los límites infranqueables de cualquier conversación futura:
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No se discutirán reformas políticas o económicas internas.
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No habrá negociación sobre la excarcelación de presos.
Fernández de Cossío ironizó que pedir a Cuba cambios constitucionales sería tan improcedente como que La Habana debatiera con Washington la Constitución estadounidense o las redadas migratorias en ciudades como Mineápolis.
El vicecanciller insistió en que Cuba se considera con “razón legal y moral” frente al bloqueo petrolero y otras medidas de presión, pero reconoció sin rodeos la gravedad del momento.
Admitió que el país enfrenta “opciones limitadas” y anunció que en los próximos días el Gobierno comunicará a la población un plan de contingencia y reorganización nacional.
“Va a ser muy difícil para la gestión del Gobierno y muy difícil para la población en su conjunto”, advirtió.
Entre líneas, el mensaje cubano parece claro: no habrá negociación bajo presión ni concesiones políticas a cambio de alivio económico. La Habana baja el volumen al discurso de Trump, pero deja la puerta entreabierta, siempre que el diálogo sea entre iguales. Mientras tanto, el costo inmediato vuelve a recaer sobre la población, atrapada entre sanciones externas y ajustes internos que prometen ser dolorosos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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