EDITORIAL /
Carlos Márquez /
Es relmente alarmante la advertencia emitida por el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtiendo a los paises miembros respecto al inminente cierre de su simbolica sede en la urbe newyorquina.
El cese de las principales funciones de la ONU es el presagio del acta de defunción de la sensatez internacional.
Informar que la sede de las Naciones Unidas en Nueva York podría cerrar sus puertas en julio por falta de fondos, es denunciar que el mundo ha decidido, por omisión o por cálculo, que el diálogo ya no es una inversión rentable.
Para Teclalibre Multimedios y el Movimiento Cerepoético, esta asfixia financiera es la forma más descarada de financiar la beligerancia.
Dejar sin recursos al organismo encargado de mediar y custodiar la coexistencia pacífica es aperturar los ventanales de la desventura conflagratoria.
Cuando los 196 estados miembros de la ONU—especialmente las potencias— retienen sus cuotas, están enviando el equivocado mensaje, de que prefieren la ley del más fuerte por encima del derecho internacional.
Desde nuestra visión Cerebrista, sostenemos que la paz fue y seguirá siendo una de las mayores conquistas de la evolucion del ser humano en su transito hacia el reino de lo cuasi perfecto.
Llevar la ONU a la quiebra significa empezar a desmantelar la esperanza colectiva, al tiempo de revelar el absurdo empeño de un segmento social cavernario, cuyos cerebros siguen anclados los odios de la barbarie.
Sin fondos para misiones de paz, sin recursos para la mediación de conflictos y sin una mesa donde sentarse a discutir, lo único que queda es el campo de batalla.
Se trata de la misma obnubilación que denunciamos en el editorial anterior, sobre la España de 1795. Aquella «tozudez» de sacrificar territorios y lealtades por miedos ideológicos hoy se traduce en sacrificar el multilateralismo, por la soledad diplomática del aislamiento.
Si la ONU cierra, se cierran los portales de las negociaciones y se abren las compuertas de la anarquía global.
Desde Teclalibre Multimedios advertimos a los gobernantes del mundo que, invertir en la paz no puede entenderse como dispendio, sino, como seguro de vida.
La guerra siempre será desastrosa en vidas y recursos. Eso hay que entenderlo. De ahi que, los gobernantes de las naciones ejes están en el deber de retomar y priorizar el principio ético de humanidad, por encima de la tacañería que lamentablemente estan evidenciando.
No se concibe permitir que el faro de las Naciones Unidas se apague por falta de pago; sencillamente, esa es la peor apuesta en favor de la guerra.
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