InicioESTADOS UNIDOSMEMES RACIALES EN LA JUNGLA DEL PODER

MEMES RACIALES EN LA JUNGLA DEL PODER

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-La jungla del poder: Trump, memes raciales y la Casa Blanca como pared de reproches-

Washington volvió a despertarse el viernes en modo sobresalto. Esta vez no fue por un decreto, una amenaza arancelaria o un volantazo geopolítico, sino por un video publicado —y luego borrado— en las redes sociales del presidente Donald Trump, donde varios de sus adversarios políticos, incluidos Barack Obama y su esposa Michelle Obama, aparecían representados como simios.

El video, difundido en Truth Social el jueves por la noche y eliminado doce horas después, mostraba a Trump como un león —rey absoluto de la jungla— mientras figuras demócratas y rivales políticos eran caricaturizados como animales que le rendían pleitesía o hacían piruetas grotescas. Obama y Michelle no estaban solos: también aparecían la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton y el expresidente Joe Biden, este último retratado comiendo una banana.

La reacción fue inmediata y transversal. Demócratas, organizaciones de derechos civiles e incluso voces republicanas calificaron el video de racista y degradante. La Casa Blanca, en una primera maniobra defensiva, habló de “falsa indignación” y redujo el asunto a la simple circulación de un meme. Horas después, el relato cambió: la culpa fue atribuida a un becario que habría publicado el contenido “por error”.

Trump, fiel a su estilo, se negó a disculparse. Dijo condenar la publicación, pero no el gesto político que la hizo posible. En otras palabras: deploró el descuido, no el mensaje.

El episodio no es aislado. Desde su regreso al poder, Trump ha intensificado una guerra simbólica contra sus predecesores. En una columnata exterior que conduce al Despacho Oval, instaló una galería de retratos presidenciales donde la imagen de Biden fue sustituida por la de una máquina de firmas, en alusión a su insistente narrativa sobre la supuesta incapacidad mental del exmandatario.

Debajo de los retratos, periodistas descubrieron placas con “resúmenes biográficos”. Las de Obama y Biden son, más que biografías, actas de acusación. Obama es descrito como “una de las figuras políticas más divisivas de la historia”, citado además como “Barack Hussein Obama”, eco directo de las teorías conspirativas sobre su origen que Trump ayudó a popularizar. Biden, por su parte, aparece como “el soñoliento Joe Biden”, señalado como “el peor presidente de la historia” y acusado, una vez más, de haber ganado unas elecciones “robadas”.

Ni siquiera George Bush queda fuera del ajuste de cuentas: Trump lo acusa abiertamente de haber iniciado las guerras de Afganistán e Irak, conflictos que —según él— “nunca debieron ocurrir”.

Más allá del escándalo puntual del video, el mensaje de fondo es claro: Trump ha convertido la presidencia en un ring permanente, donde la sátira, la humillación y el revisionismo personal sustituyen cualquier intento de reconciliación institucional. La Casa Blanca ya no es solo sede del poder ejecutivo; es también un mural de agravios, una galería de enemigos derrotados —o eso pretende su inquilino.

En la jungla política que Trump exhibe y alimenta, él es el león. Los demás, simples caricaturas. El problema es que, cuando el poder juega con símbolos raciales y agravios históricos, el chiste deja de ser meme y se convierte en síntoma. Y Estados Unidos, una vez más, queda mirando el espectáculo con una mezcla incómoda de furia, vergüenza y cansancio.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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