“Que no escape ninguno”
Washington aprieta el cerco naval, cruza el Caribe y dispara en el Pacífico
La frase no fue retórica ni un desliz de micrófono: fue una orden. El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, aseguró que el Ejército estadounidense perseguirá por todo el planeta a los tanqueros que violen el bloqueo petrolero impuesto por Washington a Venezuela. Sin límites geográficos. Sin margen para errores. Sin escapatorias.
“Los vimos zarpar… y la única advertencia que les di a mis comandantes es que ninguno escapara. Ninguno”, dijo Hegseth este lunes ante trabajadores de un astillero en Maine. Y dejó claro el incentivo: si un solo barco logra evadir la caza, él mismo podría quedar fuera. “Si el presidente Donald Trump se entera de que dejé escapar a alguien, podría decirme: estás despedido”.
La frase final fue casi un manifiesto imperial: “Nadie domina los mares como los Estados Unidos de América”.
Desde agosto pasado, Washington mantiene el mayor despliegue naval y aéreo de las últimas décadas en el Caribe y el Pacífico. Oficialmente, la narrativa es el combate al narcotráfico. Extraoficialmente, el mensaje es otro: cerrar por la fuerza cualquier resquicio económico a Caracas y demostrar control total de las rutas marítimas estratégicas.
Los tanqueros son ahora objetivos móviles de una doctrina que combina sanciones económicas con persecución militar directa, un paso más allá de la clásica “presión máxima”.
El mismo lunes del discurso de Hegseth, el Comando Sur de Estados Unidos confirmó que lanzó un “ataque cinético letal” contra una supuesta narcolancha en el Pacífico oriental.
Según el comunicado, la operación fue ordenada por el comandante del Comando Sur, el general Francis L. Donovan, y ejecutada por la fuerza operativa conjunta Southern Spear.
El balance oficial: dos muertos, señalados como “narcoterroristas”, y un tercero que habría sobrevivido y permanece prófugo.
La inteligencia estadounidense afirma que la embarcación transitaba por rutas conocidas del narcotráfico. No se presentaron pruebas públicas adicionales.
Los ataques contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes —en el Caribe y el Pacífico— superan ya los 120 muertos, según recuentos de medios y organizaciones regionales. El ataque anterior ocurrió el 23 de enero, tras una pausa de casi tres semanas.
Esa pausa coincidió con un hecho que marcó un punto de no retorno: el ataque del 3 de enero contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladados a Estados Unidos para ser juzgados por narcotráfico.
Desde entonces, la lógica parece clara: el Caribe como tablero militar y el Pacífico como campo de tiro.
Lectura entre líneas de TeclaLibre:
No es solo un bloqueo petrolero.
No es solo una guerra contra las drogas.
Es una demostración de poder naval global, con lenguaje de ultimátum y reglas de persecución total.
Cuando un secretario de Guerra dice que puede “dar la vuelta al mundo para atraparlos”, el mensaje no va dirigido solo a Caracas: va a armadores, aseguradoras, puertos, gobiernos aliados y adversarios. El mar, según Washington, tiene dueño.
Y cuando la orden es “que no escape ninguno”, la diplomacia se retira… y habla el radar.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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