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ORMUZ, MANUAL DE NAVEGACIÓN PARA AGUAS CALIENTES

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El mar como mensaje: Washington, Teherán y el pulso en Ormuz

En el golfo de Omán ya no basta con saber leer cartas náuticas: ahora hay que leer la geopolítica. La Administración Marítima de Estados Unidos acaba de repartir un instructivo que no figura en ningún curso de capitanía: aléjense de Irán, péguense a Omán, invoquen el derecho internacional y, si los abordan, no se resistan… pero tampoco cooperen. Navegar, sí; provocar, no. Sobrevivir, siempre.

El aviso llega con olor a pólvora salina. No es casual ni preventivo en abstracto. Viene después de que lanchas iraníes intentaran interrumpir el tránsito de un petrolero con bandera estadounidense en el estrecho de Ormuz, esa rendija del planeta por donde se cuela casi una quinta parte del petróleo mundial. Un cuello de botella tan estrecho que cualquier roce —un radar encendido de más, una lancha acelerando— sacude los mercados del planeta como si fueran boyas.

Estados Unidos no declara guerra, pero marca territorio. Convierte al barco comercial en actor geopolítico involuntario y al capitán en diplomático de guardia. “Transitamos conforme al derecho internacional”, deberán responder por radio, como si fuera un mantra. El mar, que siempre fue libre, ahora viene con letra pequeña.

Irán, por su parte, juega su juego favorito: la zona gris. No dispara, pero incomoda. No bloquea, pero recuerda que está ahí. Es una coreografía conocida: lanchas rápidas, comunicaciones tensas, cámaras grabando. Suficiente para subir primas de seguros, inquietar a armadores y enviar mensajes a Washington sin cruzar la línea roja.

Y justo cuando el mar se calienta, aparece la política aérea. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu vuela a Washington con una agenda clara y un tono nada suave. Quiere que las conversaciones nucleares con Irán dejen de ser quirúrgicas y pasen a ser totales: cero enriquecimiento, misiles recortados, alianzas regionales desmontadas. En otras palabras, que Irán renuncie a buena parte de su músculo estratégico.

Del otro lado del escritorio está Donald Trump, que nunca ha sido amante de los matices. Para él, la presión es una herramienta, no un riesgo. El despliegue militar, las advertencias marítimas y el lenguaje duro no cierran puertas: las empujan. La pregunta es si empujan hacia un acuerdo incómodo o hacia un choque inevitable.

Mientras tanto, en Teherán, las protestas recientes y su represión sangrienta pesan como ancla. Un régimen presionado por dentro rara vez se vuelve dócil por fuera. Pero también sabe que las sanciones ahogan, y que Ormuz es una carta poderosa… aunque peligrosa de jugar.

Así, el estrecho vuelve a su papel histórico: termómetro del mundo. Cuando Ormuz se tensa, el planeta se inquieta. Cuando los capitanes reciben manuales políticos en lugar de meteorológicos, algo anda mal en la diplomacia.

Por ahora no hay guerra. Hay advertencias, lanchas veloces, viajes urgentes y discursos afilados. Pero en esas aguas estrechas, todos lo saben: basta un error de cálculo para que el petróleo deje de fluir… y empiece a arder.

TeclaLibre: aquí se navega con criterio, no con banderas.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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