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VENEZUELA: TRANSICIÓN A PUNTA DE TALADRO

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Por  Redaccion de TeclaLibre

-Petróleo primero, democracia después… o al mismo tiempo-

La visita del secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, inaugura una nueva etapa petrolera en Venezuela tras la caída de Maduro. Pero mientras Miraflores negocia barriles, la calle exige elecciones. ¿Puede haber transición sin democracia plena?

La transición venezolana tiene olor a crudo.

El aterrizaje en Caracas del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, apenas 24 horas después de que Washington autorizara mediante licencia general la exploración y producción de petróleo y gas en Venezuela, no fue un gesto diplomático cualquiera. Fue un mensaje geopolítico.

Tras la captura y traslado a Nueva York de Nicolás Maduro, el tablero cambió de golpe. Y el encargado de encarnar la nueva etapa no fue un secretario de Estado ni un emisario político: fue el hombre del petróleo.

En el Palacio de Miraflores, Wright se reunió con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, quien hoy gobierna en una realidad política inédita, marcada por el tutelaje estadounidense y la urgencia económica.

“Si trabajamos juntos, podremos aumentar muchísimo la producción”, dijo Wright. Y remató con un inusual “¡Viva Venezuela! ¡Viva Estados Unidos!”.

Una escena impensable hace apenas meses.

El petróleo como salvavidas La prioridad es clara: reconstruir una industria devastada por años de desinversión, corrupción, sanciones y fuga de talento.

Empresas como Chevron, la española Repsol y la estatal PDVSA entran en la ecuación como piezas clave del nuevo esquema. La visita incluirá recorridos por Petropiar, en la Faja del Orinoco, corazón energético del país.

El plan es ambicioso: un acuerdo marco de suministro por 2.000 millones de dólares y un proyecto de reconstrucción del sector energético que podría alcanzar los 100.000 millones.

Pero el petróleo no se bombea con discursos. Se bombea con infraestructura, inversión y confianza.

Y ahí comienzan los desafíos.

¿Transición o tutela? La Asamblea Nacional aprobó una reforma profunda de la ley petrolera que otorga autonomía operativa y financiera a productores extranjeros. Para algunos, pragmatismo. Para otros, cesión estratégica.

La pregunta flota en el ambiente: ¿Es esta una transición soberana o una estabilización bajo supervisión externa?

Mientras en Miraflores se habla de cooperación hemisférica, sectores opositores al interinato han convocado para mañana una manifestación nacional con un objetivo claro: presionar por un desenlace democrático.

No basta con barriles. Quieren urnas.

La calle como termómetro El interinato necesita resultados rápidos: empleo, salarios, electricidad estable. Pero también necesita legitimidad política.

Sin calendario electoral claro, sin garantías institucionales y sin árbitro confiable, la transición corre el riesgo de ser percibida como meramente económica.

La calle venezolana, curtida por años de crisis, ya no se conforma con promesas. Exige reglas.

Si la protesta crece y se mantiene pacífica pero firme, el mensaje será inequívoco: reconstrucción sí, pero con democracia.

Tres escenarios en juego

  1. Transición ordenada. Aumento progresivo de producción, alivio económico y convocatoria a elecciones competitivas en el corto plazo.
  2. Tensión contenida. Mejoras económicas sin avances políticos claros. Gobernabilidad frágil.
  3. Fractura social. Protestas masivas que obliguen a acelerar un proceso electoral o redefinir el interinato.

El factor hemisférico Estados Unidos obtiene una ventaja estratégica evidente: asegurar suministro energético en un momento global delicado y reducir la influencia de actores como Rusia o China en el Caribe.

Para países importadores de combustibles —incluida República Dominicana— el nuevo escenario podría traducirse en reconfiguración de mercados energéticos regionales.

Pero en Venezuela el debate es más íntimo y más profundo.

Epílogo TeclaLibre

La transición venezolana ha comenzado con casco de ingeniero y botas petroleras.

El problema es que la democracia no se perfora con taladros.

Si el nuevo capítulo se escribe únicamente en clave energética, la historia podría repetirse. Si se acompaña de instituciones sólidas, elecciones libres y garantías reales, entonces sí estaremos ante un punto de inflexión.

Mañana, cuando la oposición salga a la calle, no será un gesto simbólico. Será la prueba de fuego de una transición que necesita algo más que petróleo para sostenerse.

Porque los barriles pueden llenar arcas. Pero solo el voto llena legitimidades.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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