Bukele vs. Honduras: la “mano dura” que cruza fronteras
Cuando la seguridad se convierte en marca registrada y los derechos humanos en campo de batalla regional
Nayib Bukele arremete contra el ministro de Seguridad de Honduras tras cuestionar la replicabilidad del modelo salvadoreño. La polémica reabre el debate sobre mano dura, derechos humanos y el futuro de la seguridad en Centroamérica.
Centroamérica vuelve a discutir su dilema eterno: seguridad o garantías.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, lanzó una crítica frontal contra el recién nombrado ministro de Seguridad de Honduras, Gerson Velásquez, luego de que este señalara que el modelo salvadoreño de combate al crimen “no es una receta para replicar exactamente en todos los países”.
Bukele no respondió con diplomacia. Respondió con advertencia: “Miles de hondureños morirán por culpa de estas personas”.
No fue una simple reacción en redes. Fue un mensaje político con destinatario regional.
Desde 2022, El Salvador vive bajo un régimen de excepción que permitió detenciones masivas de presuntos pandilleros.
El símbolo más visible de esa política es el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), una de las cárceles más grandes del continente, convertida en emblema del nuevo discurso salvadoreño: control absoluto del territorio y encarcelamiento masivo como respuesta estructural.
Los resultados oficiales muestran una caída drástica de homicidios.
Pero organismos internacionales y grupos de derechos humanos denuncian detenciones arbitrarias, debilitamiento institucional y riesgos de abusos sistemáticos.
Bukele ha defendido su política como una guerra necesaria. Y la ha proyectado como modelo exportable.
El ministro Velásquez no negó el impacto de la estrategia salvadoreña. Lo que cuestionó fue su replicabilidad automática.
Honduras enfrenta maras, narcotráfico y violencia estructural, pero su contexto político e institucional es distinto. La estructura del Estado, la relación entre poderes y el marco constitucional no son idénticos al salvadoreño.
En otras palabras: copiar no siempre es gobernar.
El choque, por tanto, no es solo ideológico. Es metodológico.
En el tablero regional, el nombre de Donald Trump reaparece inevitablemente.
El discurso de mano dura contra el crimen organizado y la migración irregular conecta con sectores conservadores en Estados Unidos. Bukele ha sabido moverse con pragmatismo en esa órbita, proyectando estabilidad y control como activos geopolíticos.
Honduras también necesita cooperación internacional, pero debe equilibrar presión externa, legitimidad interna y respeto institucional.
Centroamérica ya no actúa como bloque homogéneo. Cada país calibra su estrategia entre seguridad, soberanía y derechos fundamentales.
La polémica revela un debate más profundo: ¿Puede una democracia suspender derechos para salvarse? ¿Es sostenible a largo plazo un modelo basado en control absoluto del aparato estatal? ¿Puede Honduras lograr resultados similares sin asumir los mismos costos políticos?
Bukele habla desde las estadísticas.
Honduras responde desde la prudencia institucional.
Entre ambos discursos late una región cansada de violencia, pero también consciente de que el remedio puede redefinir la democracia.
Más allá del intercambio digital, este episodio confirma algo crucial: Bukele ya no es solo presidente de El Salvador; es referencia obligada en el debate regional sobre seguridad.
Y cuando alguien cuestiona la receta, responde como quien defiende una marca registrada.
La pregunta sigue abierta: ¿Es el modelo salvadoreño una fórmula universal… o un experimento dependiente de condiciones muy específicas?
Centroamérica observa. Y toma nota.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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