Perú: otro presidente cae y la silla vuelve a quedar vacía
Lima amaneció con ese déjà vu que ya no sorprende. El Congreso volvió a hacer lo que en Perú se ha convertido en costumbre: bajar el telón presidencial antes de tiempo. Esta vez le tocó al interino José Jerí, destituido por “inconducta funcional” y “falta de idoneidad” tras un juicio político que avanzó con la velocidad de un trámite urgente.
La frase fue seca, casi administrativa: “Se declara la vacancia del presidente de la República”, anunció desde el hemiciclo Fernando Rospigliosi, quien encabezó la sesión en el Congreso de la República. Otra vacancia. Otra transición. Otra fotografía institucional que se repite.
Jerí había llegado al poder en octubre de 2025, no por elección popular directa, sino por la vía parlamentaria: presidía el Congreso y, tras la caída de la entonces mandataria, asumió la jefatura del Estado de manera interina. Su mandato duró poco más de cuatro meses. Fue el séptimo jefe de Estado peruano en diez años. Una cifra que ya no es estadística: es síntoma.
En los pasillos de Lima se hablaba de reuniones incómodas, de vínculos que no cuadraban, de presiones políticas y de una mayoría congresual que decidió cortar por lo sano. Jerí negó irregularidades. Pero en el Perú reciente, la defensa rara vez detiene el veredicto político.
La escena ya es conocida. Desde la caída de Pedro Castillo en 2022, pasando por el turbulento mandato de Dina Boluarte, el país ha vivido una secuencia casi coreográfica de presidentes que entran y salen por la puerta lateral del poder. El mecanismo constitucional de la “vacancia por incapacidad moral” —o sus variantes políticas— se ha convertido en un instrumento recurrente, casi rutinario.
Y mientras tanto, el país sigue. La economía resiste mejor que la política. Los mercados reaccionan, pero no colapsan. Las calles murmuran, pero no arden como antes. Es como si la ciudadanía hubiese desarrollado una inmunidad resignada frente al vértigo institucional.
Ahora el Congreso deberá elegir un nuevo presidente del Legislativo. Y ese nuevo titular del Parlamento asumirá automáticamente la presidencia interina hasta el 28 de julio, cuando tome posesión el mandatario que resulte electo en los próximos comicios. Otra figura provisional. Otro nombre en la lista.
Perú, que alguna vez fue ejemplo de estabilidad macroeconómica en la región, se ha convertido en laboratorio de inestabilidad política crónica. No es un golpe militar. No es una ruptura abierta del orden constitucional. Es algo más sutil y, quizá, más inquietante: un sistema que funciona para destituir, pero no logra sostener.
En Lima, el Palacio de Gobierno sigue en pie. Las banderas ondean igual. Pero la silla presidencial parece tener ruedas invisibles. Y en los últimos diez años, ha girado más de lo que cualquier democracia debería tolerar sin preguntarse, en voz alta, qué está fallando.
Perú no vive una explosión. Vive un desgaste. Y ese desgaste, silencioso pero constante, es el verdadero titular de esta historia.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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