-El caso que lleva años creciendo se lleva al hermano menor del rey Carlos III-
Andrew Mountbatten-Windsor, el otrora príncipe británico convertido en símbolo de la decadencia de la realeza, fue detenido este jueves 19 de febrero de 2026 por la policía del Reino Unido bajo sospecha de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público, un cargo raro y potencialmente criminal que podría llevar incluso a juicio en los tribunales británicos.
Su arresto se produjo el mismo día en que cumplió 66 años, convirtiendo lo que debería haber sido una celebración familiar en una escena policial sin precedentes en la historia moderna de la corona inglesa.
Mountbatten-Windsor, hermano menor del rey Carlos III, ha sido una figura controversial desde que su amistad con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein saliera a la luz hace más de una década. Ya en 2019 se retiró de la vida pública y, en octubre de 2025, fue incluso despojado de sus títulos nobiliarios por orden del rey —un acto sin precedentes que buscaba dar distancia entre la Corona y el escándalo.
La investigación que terminó en su detención está vinculada a nuevas revelaciones surgidas de los llamados ‘Epstein files’, una enorme filtración de documentos del Departamento de Justicia de EE. UU. que sugiere que durante su gestión como enviado comercial del Reino Unido entre 2001 y 2011, Mountbatten-Windsor podría haber compartido informes confidenciales del gobierno con Epstein, algo que hoy se evalúa como posible abuso de poder y ocultación de secretos oficiales.
La Thames Valley Police, que dirige la investigación, no nombró públicamente al detenido (siguiendo la práctica legal del Reino Unido), pero confirmó que se trata de un hombre de unos sesenta años de Norfolk —coincidiendo con la edad de Andrew— y que oficiales registran propiedades tanto en Norfolk como en Berkshire en relación con la pesquisa.
Imágenes en redes muestran coches policiales sin distintivos y agentes de paisano irrumpiendo en la finca Wood Farm, ubicada dentro del dominio real de Sandringham Estate, donde vivía el expríncipe tras haber sido obligado a dejar su residencia habitual en Royal Lodge.
Desde el Palacio de Buckingham, el rey Carlos III emitió un comunicado en el que afirmó que “la ley debe seguir su curso” y que la familia real cooperará con la justicia. El mensaje busca distanciar a la monarquía de las acusaciones que se ciernen sobre su hermano sin precedentes legales.
Del otro lado, organizaciones de víctimas vinculadas al caso Epstein, como la familia de Virginia Giuffre, han celebrado el arresto como un paso simbólico hacia la idea de que “nadie está por encima de la ley”, incluso en las esferas más altas de la élite británica.
Este arresto no solo es un golpe político y mediático para la monarquía, sino también una profunda sacudida institucional. Si prospera, podría reabrir heridas del escándalo Epstein, añadir nueva evidencia sobre el uso indebido de influencia real y, sobre todo, mantener bajo escrutinio a una figura que ya había perdido título, relevancia pública y, según muchos, legitimidad moral.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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