🇨🇺🇺🇸 Cuba y Estados Unidos: ¿Retórica de guerra fría o pulso real de poder?
Crónica de un pulso que vuelve a oler a Guerra Fría… pero versión 2026
Por TeclaLibre
En Nueva York, bajo las luces sobrias de Naciones Unidas, el embajador cubano Ernesto Soberón Guzmán habló con ese tono sereno que suelen usar los diplomáticos cuando lo que dicen es cualquier cosa menos ligero.
Cuba —aseguró— está “preparada” incluso para un escenario de “bloqueo total” por parte de Estados Unidos. Y dejó caer una frase con eco histórico: “En la mentalidad del cubano no está la palabra rendición”.
Horas después, en Washington, el discurso sonaba distinto. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró ante la prensa que el régimen cubano “está colapsando” y que necesita “cambios muy drásticos y muy pronto”.
Mientras tanto, el secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene la presión pública… y, según reportes del medio estadounidense Axios, sostendría conversaciones discretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.
La escena parece sacada de los años sesenta. Pero no. Es 2026.
En la delegación cubana en Nueva York no se habló de rendiciones, sino de planes. Soberón describió lo que llamó una “asfixia petrolera” diseñada para debilitar al país y provocar descontento social. Recordó documentos históricos de la década de 1960 donde, según la narrativa oficial, se proponía negar suministros a la isla para generar hambre y desesperación.
El mensaje fue directo: si Washington aprieta más, Cuba se prepara más.
Pero más allá del discurso, la realidad en la isla pesa. Apagones prolongados, escasez de combustible, inflación que golpea el bolsillo, migración récord hacia Estados Unidos y otros destinos. La economía vive su peor momento en décadas.
La pregunta que muchos cubanos se hacen —en voz baja o alta, según el contexto— no es si resistirán. Es cómo.
Washington: presión y pronóstico de derrumbe
Desde la Casa Blanca el relato es otro. No hablan de resistencia, sino de colapso.
Karoline Leavitt lo dijo sin rodeos: el país se está hundiendo y necesita reformas urgentes. Y en año electoral estadounidense, la firmeza frente a Cuba siempre encuentra eco político.
Con Marco Rubio al frente del Departamento de Estado, la línea dura adquiere peso simbólico. Rubio no es solo un funcionario; es hijo de exiliados cubanos. Y su postura hacia La Habana nunca ha sido tibia.
Sin embargo, la supuesta existencia de contactos paralelos sugiere que la diplomacia nunca es solo lo que se ve en la conferencia de prensa.
En política exterior, el micrófono y el susurro suelen caminar juntos.
¿Bloqueo total? El mundo ya no es 1962
Hablar de “bloqueo total” hoy no es lo mismo que durante la Crisis de los Misiles. Cuba mantiene vínculos con Rusia, China, Venezuela, México y la Unión Europea. Un aislamiento absoluto requeriría una coordinación global que, por ahora, no parece en el horizonte.
Eso sí, Washington conserva herramientas poderosas: sanciones financieras, presión sobre navieras, restricciones bancarias, controles sobre transacciones en dólares.
En el tablero global, no se necesitan barcos de guerra para asfixiar una economía.
Mientras los discursos vuelan entre Nueva York y Washington, la vida cotidiana en La Habana transcurre entre apagones y colas.
La narrativa oficial habla de dignidad y resistencia.
La narrativa estadounidense habla de colapso y urgencia de cambio.
Pero la población vive una realidad más concreta: precios que suben, oportunidades que se reducen y maletas que se llenan.
¿Escalada o teatro político?
¿Estamos ante una escalada real o ante una coreografía diplomática?
Hay tres escenarios posibles:
– Que todo quede en retórica y presión gradual.
– Que existan negociaciones discretas que nadie reconoce públicamente.
– Que la tensión aumente por razones más electorales que estratégicas.
Lo cierto es que la palabra “rendición” no está en el vocabulario oficial cubano. Y la palabra “colapso” sí está en el discurso estadounidense.
Entre ambas frases se juega algo más que un intercambio diplomático: se juega el futuro inmediato de una isla que lleva más de seis décadas viviendo en tensión con su vecino del norte.
Y en el Caribe, nadie observa esto como simple espectador.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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