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UN DISTRITO ENERGÉTICO CONTRA LA FIEBRE MINERA

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San Juan de la Maguana: El agua que vale más que el oro

Por Redacción TeclaLibre
San Juan de la Maguana / Santo Domingo – El ruido no es de máquinas perforadoras, sino de cacerolas vacías golpeando contra el asfalto. En una provincia donde el Yaque del Sur dibuja curvas de vida sobre la tierra roja, la posibilidad de una mina de oro ha desatado algo más profundo que una protesta: un plebiscito de facto.

El 27 de abril, San Juan de la Maguana amaneció con los comercios cerrados, el transporte paralizado y un silencio ensordecedor. La huelga convocada por el Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida tuvo, según sus organizadores, un respaldo del 98.6 %. Más de 200 mil estudiantes se quedaron sin clases. No era un simple reclamo laboral. Era una declaración de principios: sin agua, no hay oro que valga.

En medio de la ebullición social, el senador Félix Bautista —precisamente el representante de esa provincia en el Congreso— rompió con cualquier ambigüedad. En una rueda de prensa en el Senado, con mapa en mano y datos hidrológicos, propuso algo radical: declarar a San Juan de la Maguana Distrito Energético, no minero.

“Ahí donde quieren poner la minera —dijo Bautista— se encuentra la mayor producción de agua de la cordillera Central. De ahí se alimentan las presas de Sabaneta, Palomino, Sabana Yegua y Monte Grande. Esa agua riega 46 municipios y 75 distritos municipales, genera electricidad y da de beber a 770 mil habitantes”. El mensaje fue directo: no se puede cambiar el futuro energético y agrícola del sur por un hoyo lleno de cianuro.

El legislador no se quedó en la denuncia. Mostró números: la Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana (EGEHID) tiene proyectos de hidrobombeo que podrían añadir 850 megavatios de energía limpia, generar más de RD$85,000 millones en ocho años y crear 2,000 empleos. Una apuesta por el sol, el viento y el agua, frente a la promesa minera de unos pocos miles de puestos temporales.

Claro que la fiebre del oro tiene sus defensores. El precio del metal ha tocado máximos históricos —más de US 4,596 por onza, y el gobierno mira con ansias los ingresos potenciales.    GoldQuest, la empresa canadiense detrás del proyecto Romero, asegura que su modelo de minería subterránea «responsable» dejaría US 1000 millones al país, y  RD$20,000 millones solo para San Juan en ocho años.

“Es una oportunidad única”, repite el Ministro de Energía y Minas, Joel Santos, mientras el Ministro de Medio Ambiente, Armando Paíno Henríquez, se cuida de no prejuzgar y pide respetar el debido proceso. Pero la comunidad no compra el discurso. Llevan 20 años escuchando promesas y viendo cómo en otros territorios mineros —como Pueblo Viejo, en Cotuí— el oro se va y el daño ambiental se queda.

Lo que añade densidad al conflicto es una sentencia del TC (0482/19) que ordena la paralización inmediata de los trabajos mineros hasta contar con todas las licencias ambientales. La comunidad lo repite como un mantra: “Minería en desacato a la Constitución”. El gobierno, por su parte, sostiene que el proyecto está en fases iniciales y que no se han violado normas.

Pero la percepción popular es otra. El padre Santos Cabral Luciano, respaldado por la Iglesia Católica, ha bendecido la causa: “El agua es vida, no se negocia”. Y los líderes comunitarios, como Ryan González, advierten que cualquier intento de avanzar con la mina será respondido con más movilizaciones.

Félix Bautista ha logrado poner sobre la mesa una alternativa concreta, no solo un veto. Su propuesta no es solo ambientalista, sino económica: generar más empleos y más riqueza con energías renovables que con oro. La pregunta que flota en el aire de San Juan es ¿por qué nadie lo había planteado antes?

Los críticos del senador —y los tiene, sobre todo en el oficialismo— le acusan de oportunismo político. Pero en las calles, su discurso cala. Porque en el Suroeste dominicano, el agua no es un lujo: es la certeza de que el arroz crecerá, de que las presas girarán turbinas y de que los campesinos podrán seguir sembrando.

La huelga del 27 de abril no fue un estallido espontáneo. Fue la gota que rebosó una copa minada de desconfianza. Durante semanas, las asambleas comunitarias, las perifoneadas y los mensajes de WhatsApp habían ido tejiendo una red de resistencia. Cuando el paro llegó, San Juan parecía una ciudad fantasma. Solo se escuchaba el rumor de la gente en los esquineros, discutiendo el mismo tema: “¿Vale la pena cambiar el agua por oro?”.

La respuesta, por ahora, es un rotundo no.

TeclaLibre no se hace eco de un conflicto más. Este es un aviso de que las comunidades han aprendido a leer los contratos, a entender los mapas de cuencas y a organizarse sin necesidad de intermediarios. La minería responsable suena bonito en los comunicados de prensa, pero en San Juan saben que el oro se va y el veneno se queda.

Mientras tanto, el senador Bautista sigue sumando apoyos. La diputada Leivy Bautista, el alcalde Miguel de Jesús, el economista Erika Infante y hasta el comunicador Edward Ramírez han respaldado la tesis del Distrito Energético. El gobierno, por su parte, mantiene un silencio que muchos interpretan como cálculo electoral.

El reloj corre. El oro sigue subiendo. Pero en la cordillera Central el agua sigue bajando. Y mientras baje, habrá quien la defienda.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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