InicioARTE Y CULTURAAbejas, poema de Carlos Márquez

Abejas, poema de Carlos Márquez

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‘Anoche cuando dormía/soñé ¡bendita ilusión!/ que una colmena tenía/dentro de mi corazón;/ y las doradas abejas/ iban fabricando en él,/ con las amarguras viejas,/ blanca cera y dulce miel… ‘Antonio Machado.
Quien no quisiera ser abeja para producir dulce miel, ellas,  forman parte de la biodiversidad y son fundamentales para la vida, nos proporcionan alimentos de alta calidad -miel, jalea real y polen- y otros productos como la cera de abeja, el propóleo, los expertos dicen que un tercio de la producción mundial de alimentos depende de su trabajo como polinizadoras por excelencia.
Y tarareamos desde niños el himno que antes de iniciar las clases nos invitaba a emularlas a ser: laboriosos, productivos, gregarios y producir miel para endulzar la vida:
‘A la clase que ya es hora/ de empezar nuestra labor/ que están haciendo las suyas/ las abejas en la flor.// Y si trabajan las abejas /y acaba en miel su labor/ trabajemos en la escuela/ y haremos algo mejor’.  Ramón Emilio Jiménez

 

Carlos Márquez, con el poema Abejas rinde homenaje a dos mujeres admiradas y queridas de su pueblo, Madura, quien ‘a fuerza de hilo y pedal confeccionaba las camisas» «enhebrando agujas con amoroso hilo para ojales» y, Antonia (Toña) pescadora en el río Yaque, ambas pilaban arroz y café, ‘sorbo a sorbo al amanecer… ‘

Eran frecuentes las suspensiones del servicio de electricidad (apagones), en las décadas 60-80 del siglo pasado, (Toña y Madura) con «el humo de las lámparas cuando los vientos del barrio apenas comenzaban» «impusieron la luz de los cocuyos/ pilando café / sorbo a sorbo / al anochecer / para madrugar con el alba»
Estas  mujeres trabajadoras de su lar nativo: Santiago de los Caballeros, República Dominicana, tenían mucha fuerza en sus brazos y habilidades de sincronización y precisión  para pilar el arroz y el café, no existían las máquinas descascaradoras de arroz, arduas tareas que quedan grabadas donde anidan los recuerdos. 
Al escuchar el poema pienso que nos lleva a tomar conciencia de cuánto cuesta tomar una taza de café, del proceso en que intervienen muchos actores, la siembra y recolección del fruto, el secado, el tostar los granos y luego molerlos para finalmente disfrutar con el aroma y el sabor.
Se interroga el poeta quién o quiénes pisan sus pasos. De ahí surge el título de uno de sus poemarios: ‘El humo de las lámparas’.
El poema Abejas en el siguiente enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=jHVkPl0bRFI
Mis ojos
no han vuelto
a encontrarse
con Antonia,
hace décadas
que no ven
aquellos ojos verdes
enhebrando agujas
con amoroso hilo
para ojales.
Ellas
impusieron
la luz de los cocuyos
y el humo de las lámparas
cuando los vientos del barrio
apenas comenzaban
A fuerza
de hilo y pedal,
Madura confeccionó las camisas
mientras Toña,
armada de anzuelo
y lombrices
conquistaba los peces
del Yaque caudaloso
Así las evoco…
semejando abejas,
pilando café
sorbo a sorbo al amanecer
para madrugar con el alba
y el cántico de las espuelas.
Y pregunto…
quién
quiénes pisan sus pasos
quiénes siguen la vía de su esfuerzo
quiénes bañan y rezan a los difuntos.
Que
dulce mujer
levanta
una mano de pilón
para
desvestir
la infinidad arrocera
del almuerzo.
El poeta de las grandes inspiraciones Juan Sánchez Lamouth, también dedicó un poema
A UN GRANO DE CAFÉ VERDE
Muy pronto serás negro como noche sin luna
 y tendrás más esperanzas que la del verde actual
oro negro del agro, rondan tu corazón/ángeles bellos…
Quien llegaría a pensar que tú serías
el gran grano del monte que tiene más problemas
Quizás llegará un día en todos los países
que un saco de café cueste más que un caballo
y en la amarilla Arabia hasta más que un Serrallo
Gloria negra del campo desplazador del mal de las edades
qué bien te cuidan las ciudades blancas
qué bien peina la brisa tus antenas.

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