InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURABenito Ángel Nieves, sus conmociones y su entorno amoroso

Benito Ángel Nieves, sus conmociones y su entorno amoroso

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Por: Simeón Arredondo

 

A decir del poeta, ensayista y crítico literario, Miguel Ángel Fornerín, “todo lanzamiento de un libro de poesía es una fiesta de los sentidos”. (Fornerín, Miguel Ángel. Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana. Santo Domingo: Editora Búho; 2004. Pág. 71). En tiempo de “zangoloteo”, “tongoneo”, “perreo”, “teteo” y varios vocablos más iguales de feos y cuyas acciones por lo regular transmiten mensajes nocivos, resulta muy refrescante y agradable leer un buen libro de poesía. Es como desintoxicarse los sentidos. Por ello, y por el parecer de Fornerín, cuando levantamos la portada de Conmociones del Entorno Amoroso y nos adentramos en sus páginas, nuestros sentidos se lubrican con la frescura de estos versos que nos atrapan y nos conmocionan.

 

Benito Ángel Nieves nos presenta en su obra un entorno que resulta verdaderamente excepcional, donde diferentes ocasiones del año, como el Día Internacional de la Mujer, el Día de las Madres, la Navidad, el Día de Reyes, o un aniversario, son motivo para hacer poesía convirtiendo en versos situaciones cotidianas.

 

Pero el tema obligado es el amor, el cual salpica todos los otros elementos presentes en la obra. Un amor que a veces colma de incertidumbres el alma del poeta, por lo que pregunta: “¿Por qué surcaste la distancia, / sembrando de huertos frutales el camino?  ¿Por qué tu sonrisa disolvió el silencio?  ¿Por qué viniste a reverdecer/ las ganas de vivir?”.

 

El carácter de un hombre que es sumamente metódico, pausado, y que en ocasiones se torna hasta tímido, se refleja de cuerpo entero en su obra con una intensa belleza poética. Este artista se caracteriza además por entregarse a plenitud en los actos de su vida. Por eso lo conmociona tanto el amor. Más aún, el amor que circunda su entorno: “Pienso en tu mirada / y la carne me palpita”. “Amor: / Hemos llegado a las alturas / en un beso”.

 

En este libro encontramos a un Benito que sabe que debe plasmar ciertos sentimientos, y que debe plasmar también sus conmociones, porque “esta tristeza hay que escribirla / muy a costa de la amplitud del memorial / y doliéndole a uno el invierno”. Y deja constancia y certeza de lo que acabamos de afirmar cuando sentencia:

 

He escrito que te amo.

He susurrado en tu oído que te amo.

Te he regalado una flor

como un juramento,

y lo he expresado en tu boca

                                                                            con un beso.

 

Leer la poesía de Benito Ángel Nieves es como nadar escoltado por peces de diferentes colores, bajo las aguas cristalinas de un océano. Es como cabalgar en medio de una verde llanura escuchando el dulce trinar de aves que hacen las veces de guías turísticas.

 

Benito convierte su poesía en un canto de esperanza. Y humaniza su canto. Nos lo pone en las manos como una copa de cristal. Y nos lo ata a la piel con sus técnicas elegantes y naturales, respetando siempre el lenguaje: “Tú que elevas y sublevas la vida / en mi alma joven, / déjame que haga / en tu vida / mi más humana poesía…”

 

“Benito Ángel Nieves pisará el planeta como poeta con su libro Conmociones del Entorno Amoroso. El mismo constituye un aporte importante a nuestro idioma”. Afirma con bastante propiedad Robert Berroa al prologar esta importante pieza literaria; y más adelante afirma: “Un libro con el peso artístico de Conmociones del Entorno Amoroso abre un nuevo camino para los amantes de la buena poesía, quienes podrán caminar página por página en medio de la fiesta de colores, versos y llamas que contiene esta nueva obra, que representa un espaldarazo al esfuerzo de Gastón Fernando Deligne, Víctor Villegas y Pedro Mir por llenar de poesía las sierras y los llanos del mundo”.

 

La poesía de Benito nos “llega tierna como un beso, que no tiene tiempo ni estación de despedida…” y se incrusta en nuestras almas “como las hojas verdes del álamo que se inclinan juguetonas, al saludar el viento suave que llega amistoso”. Así se manifiesta el arte en un poeta que sabe que el tiempo no se detiene ni a observar su propio paso, y se lamenta cuando de alguna manera se dilapida: “Amor, amor: / si no te dice nada / el tiempo transcurrido, / yo me lamento, / Me lamento / de que no te haya dicho nada…” Y lo reconfirma en el poema “Cada minuto”, cuando dice:

 

Amor:

Cada minuto de ímpetu

                       nos cuesta

dolor,

días de lagrimas

        que nada importan;

y noches de insomnios

que nos duelen…

Cada minuto de ímpetu 

nos mata un poco;

nos aleja en la vida.

                          Y se nos van en vano

los años…

                          Cada minuto de ímpetu

                          es un día negro que tachamos

      en la historia;

es una herida abierta en la sangre;

es un beso que cae mortalmente;

es una lagrima irremediable

                                                  que no volveremos a llorar;

es una caricia vilmente acobardada;

es como una mirada difícil;

es como un siglo de dolorosa distancia.

 

La solidaridad y la humildad también se hacen presentes en los versos de Benito Ángel Nieves que por momentos podríamos confundirlos con la poesía nerudiana: “La pobreza, amor, / cuando no es débil el espíritu / duele mucho menos, / mas por ser tan pobre, la pobreza / irrita y lacera la risa”. “Cuando voy hacia ti, / cargando la miseria mía y de otros, / huraño y triste y pobre, / ¿Cómo quedan mis besos hambrientos / en los tuyos ingenuos y gentiles? / Cuando llego a tus brazos / enfermo de ternura, / sufriendo el dolor colectivo/ y dolorido de tormentos sociales…” Los rasgos que aquí encontramos no sorprenden a quienes hemos leído las primeras publicaciones poéticas de Benito Ángel Nieves donde expresa su intención de compartir el dolor ajeno, aun cantándole al amor de una mujer.

 

Definitivamente, este nuevo libro habrá de ocupar un lugar importante en la bibliografía de San Pedro de Macorís y de la República Dominicana.  Y así como “hay lazos que atan”, todo el que lee Conmociones del Entorno Amoroso, no sólo queda fuertemente conmocionado, sino que también queda en alguna forma atado a este canto que como lluvia tierna de mayo recrea y refresca nuestro pensamiento y todos nuestros sentidos.

San Pedro de Macorís

Julio del 2004.

 

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