-Trump, el Supremo y el arancel que no duró ni un suspiro-
Washington amaneció con toga judicial y se acostó con arancel nuevo.
-Redaccion de TeclaLibre-
El Tribunal Supremo de Estados Unidos le dio un frenazo a buena parte de los aranceles “recíprocos” impulsados por Donald Trump. Un golpe inesperado, de esos que hacen ruido en los mercados y levantan cejas en las cancillerías. Pero el expresidente —hoy de nuevo en la Casa Blanca— no es hombre de quedarse quieto cuando le mueven el tablero.
Horas después del fallo, ya había firmado otra orden ejecutiva. Nuevo arancel global del 10%. Nuevo fundamento legal. Nuevo capítulo.
En Washington, el café se enfría rápido. Las decisiones no. Un arancel cae… y otro nace
El Supremo dijo que buena parte del esquema anterior no pasaba el filtro constitucional. Fin del acto.
Pero apenas bajó el telón, Trump activó la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Una herramienta rápida, casi de bolsillo presidencial, que permite imponer restricciones temporales hasta por 150 días. Si una puerta se cierra, se prueba la ventana.
El nuevo 10% global entrará en vigor el martes. Y el mundo, otra vez, toma nota.
En medio del remezón, México y Canadá recibieron una noticia que sabe a alivio moderado: los productos que cumplen con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá quedaron exentos del nuevo 10%.
No es un detalle menor. Más del 80% de las exportaciones mexicanas entran a Estados Unidos bajo ese acuerdo. Estamos hablando de un intercambio que supera los 800 mil millones de dólares al año. No es cualquier cifra: es la columna vertebral de América del Norte.
En la frontera, los camiones siguen cruzando. Las cadenas de producción siguen ensamblando piezas que hoy están en Monterrey y mañana en Michigan.
Eso sí, no todo es tranquilidad. Siguen vigentes los aranceles sectoriales bajo el argumento de “seguridad nacional”: acero, aluminio, autos, autopartes… sectores donde México juega en primera división.
Es como decir: no te subo la tarifa general, pero seguimos discutiendo por las piezas clave.
El mensaje detrás del arancel es que: lo interesante no es solo el porcentaje. Es la señal.
El Supremo marca un límite institucional. Trump responde mostrando que aún tiene herramientas. El pulso entre poderes queda en evidencia. Y, de paso, el mensaje hacia afuera es claro: la política comercial estadounidense puede cambiar en cuestión de horas.
Para México, la lección es conocida. La integración económica es tan profunda que romperla sería un tiro en el pie para ambos lados. En plena era del “nearshoring”, cuando empresas globales miran hacia el norte mexicano para instalar fábricas, Washington no puede darse el lujo de cerrar completamente la puerta.
Pero tampoco quiere dejar de usar la llave.
Este episodio no es un terremoto, pero sí un temblor frecuente en la nueva geopolítica comercial. Las reglas ya no parecen escritas en piedra; ahora parecen redactadas en borrador permanente.
Hoy México esquiva el 10%. Mañana podría enfrentar nuevas presiones sectoriales. Hoy el Supremo frena. Mañana el Ejecutivo reacciona.
Y mientras tanto, la economía real —la de las fábricas, los contenedores y los trabajadores— intenta mantener el ritmo en medio del ruido político.
En Washington se discute poder.
En la frontera se mueve mercancía.
En los mercados se mueve el nervio.
El arancel cayó por la mañana.
Resucitó por la tarde.
Y el comercio norteamericano, como si nada, siguió cruzando el puente.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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