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EE.UU. LE PONE PRECIO AL TOMATE MEXICANO

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-EE.UU. le pone precio al tomate mexicano: ¿protección o proteccionismo?-

Por Redacción Teclalibre Digital

Con la bandera de la “justicia comercial” ondeando en alto, el gobierno de Estados Unidos ha decidido clavarle un arancel del 17.09 % a los tomates frescos importados desde México, bajo el argumento de que llegan “demasiado baratos” al mercado norteamericano. La medida, oficializada por el Departamento de Comercio, representa la retirada formal del Acuerdo de Suspensión Antidumping firmado en 2019, ese mismo pacto que durante años mantuvo una paz agria entre productores mexicanos y estadounidenses.

Pero veamos el tomate en su punto: ¿es esta una defensa legítima del agro norteamericano o un acto de proteccionismo político envuelto en salsa electoral?

🍅 La medida: menos tomates, más dólares
Desde Florida, los productores locales celebran. Afirman que la invasión mexicana ha hundido sus precios y desplazado cultivos nacionales. La industria local, que no es precisamente un símbolo de eficiencia o sostenibilidad, ahora exige un blindaje que pagarán… sí, los consumidores.

Porque no nos engañemos: este impuesto no solo subirá el precio del tomate —se habla de un aumento entre 6 y 10 % en supermercados de EE. UU.— sino que además reducirá la oferta y la variedad. ¿Se imagina usted una ensalada sin cherry ni roma ni grape? Bienvenidos a la realidad del proteccionismo del siglo XXI.

🔥 La guerra del tomate: más vieja que el guacamole
Este no es un conflicto nuevo. Cada vez que se avecinan elecciones o hay presión desde los lobbies agrícolas, el tomate mexicano vuelve a ser “el enemigo” en Washington. El discurso suena conocido: “dumping”, “competencia desleal”, “trabajo americano primero”. Pero la realidad es más compleja.

México, que produce cerca del 70 % de los tomates frescos que se consumen en EE. UU., cuenta con clima, infraestructura y mano de obra más competitiva. Y eso, en vez de inspirar mejoras internas, genera aranceles.

🧾 ¿Quién gana y quién pierde?
Ganan unos pocos agricultores estadounidenses con conexiones políticas. Pierden millones de consumidores, especialmente en estados como California, Texas y Nueva York, donde el tomate es parte fundamental de la dieta diaria. También pierden miles de trabajadores —en supermercados, cadenas de restaurantes, transportistas— que dependen de esta cadena de suministro binacional.

Y ni hablar de los agricultores mexicanos, cuyas exportaciones se verán afectadas, poniendo en riesgo empleos rurales en estados como Sinaloa y Michoacán. Para ellos, este no es un impuesto: es una sentencia.

💬 ¿Y si hablamos claro?
Decir que los tomates mexicanos son “demasiado baratos” es como decir que el sol de México brilla demasiado. Si la industria estadounidense no puede competir, que invierta, que innove, que se adapte. Lo que no puede es disfrazar de defensa justa lo que es, en esencia, una barrera comercial disfrazada de patriotismo.

El tomate no es el enemigo. El enemigo es un modelo que no quiere competir, sino que prefiere empujar la factura hacia abajo… al consumidor.

Desde Teclalibre Digital, lo decimos sin aderezo: el tomate, como la verdad, no debería llevar impuestos. Porque cuando se cocina con intereses, el que paga el plato es el pueblo.

rodriguezsluism9@gmail.com

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