-CUANDO EE.UU. QUEDA EN TIERRA FIRME: EL CAOS AÉREO QUE PUEDE ALCANZAR AL CARIBE-
Más de 2.100 vuelos cancelados en un solo día. El cierre del gobierno federal de EE.UU. paraliza la aviación y amenaza la temporada alta de turismo. ¿Qué tan lejos puede llegar la turbulencia?
Estados Unidos —ese país que presume tener el cielo más vigilado del planeta— está viviendo un aterrizaje forzoso institucional. Más de 2.100 vuelos cancelados solo el domingo, y unos 7.000 retrasos adicionales, según el portal FlightAware. No se trata de tormentas, ni de fallas técnicas: el enemigo viene desde adentro… un cierre del gobierno federal que ya deja sin sueldo a miles de empleados, incluyendo a los controladores de tráfico aéreo.
La Federal Aviation Administration (FAA) lleva tres días con recortes en 40 aeropuertos de alto tránsito. La medida comenzó con un 4 % menos de vuelos y escalará hasta un 10 % el 14 de noviembre, con la advertencia de que podría llegar al 20 % si el cierre se prolonga.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, lo resumió con una frase digna de portada:
“Si esto sigue así, el tráfico aéreo en Estados Unidos se reducirá a cuentagotas”.
El drama empezó cuando el Congreso no aprobó el presupuesto federal, dejando sin fondos a agencias vitales. Los controladores —esos hombres y mujeres que guían cada avión en el aire— no cobran desde hace semanas, y muchos simplemente no se presentan a trabajar.
El resultado: menos personal, más riesgo y una cadena de demoras que pone en jaque la seguridad aérea.
Las aerolíneas están furiosas. American Airlines y Delta alertan de que la crisis puede empeorar si el cierre no termina pronto. Mientras tanto, millones de pasajeros, maletas y destinos están en un limbo burocrático… a 30 mil pies de altura.
Lo que pasa en los aeropuertos de EE.UU. no se queda en EE.UU.
Las rutas internacionales —especialmente hacia el Caribe y América Latina— ya están sintiendo las turbulencias. Cientos de vuelos desde Miami, Nueva York, Newark y Atlanta —puntos clave para conexiones con Santo Domingo, Punta Cana y Cancún— sufren cancelaciones o reprogramaciones. Y cuando los estadounidenses no pueden viajar… nuestro turismo se resiente.
El cierre del gobierno norteamericano es, sin quererlo, una amenaza silenciosa al Caribe: menos vuelos, menos turistas, menos divisas. Una tormenta administrativa con impacto global.
El caso deja una lección amarga para los que piensan que el “primer mundo” siempre vuela alto. La nación que lleva astronautas a Marte no logra mantener abiertos sus aeropuertos por culpa de un pulso político.
Y mientras los legisladores discuten presupuestos, el tráfico aéreo más grande del planeta se tambalea como un avión con combustible justo.
En palabras simples: cuando la política se vuelve un paro de motores, ni los cielos quedan a salvo.
🇩🇴Para República Dominicana y los demás destinos turísticos de la región, el mensaje es claro: Estén listos para reprogramaciones y retrasos en rutas con origen o conexión en EE.UU.
Hoteles, turoperadores y agencias deberían revisar reservas de viajeros norteamericanos.
Las autoridades de turismo harían bien en seguir de cerca la situación, especialmente si se agrava cerca del Día de Acción de Gracias —uno de los picos de tráfico aéreo global. Porque si los vuelos se “reducen a cuentagotas” como dijo Duffy, la economía turística también puede gotear.
“Estados Unidos tiene los mejores aviones, las mejores pistas… pero parece que se le acabó la gasolina política.”
Un cierre de gobierno convertido en cierre de aeropuertos, un espejo de cómo la burocracia puede aterrizar hasta a las potencias más voladoras.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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