-Es hora de dejar de mover las sillas y empezar a arreglar el barco-
El Palacio Nacional ha amanecido este 2026 con un aroma a café recalentado. Tras un 2025 que dejó al país con el sabor amargo de un crecimiento económico anémico y servicios públicos que pasaron de la «eficiencia prometida» al «colapso cotidiano», el presidente Luis Abinader ha decidido sacudir el tablero. Pero cuidado: sacudir el tablero no siempre significa cambiar el juego.
Los decretos firmados este enero —con enroques que parecen más un ejercicio de supervivencia que de transformación— envían una señal inequívoca de urgencia. El gobierno ha entrado en «modo defensivo». Ya no se habla de las grandes reformas estructurales que nos vendieron en la campaña; ahora la meta es, simplemente, que el barco no haga más agua.
El nombramiento de figuras históricas como Jorge Subero Isa en la Consultoría Jurídica y la elevación de Antoliano Peralta al nuevo Ministerio de Justicia son movimientos de blindaje. El Gobierno sabe que ha perdido capital moral tras los escándalos de compras y contrataciones que salpicaron el 2025. Al llamar a los «pesos pesados», Abinader busca una legitimidad que los algoritmos de redes sociales ya no le pueden sostener.
Sin embargo, el ciudadano que espera el Metro, el que sufre los apagones que volvieron con furia el año pasado, o el que ve cómo el alto costo de la vida devora el aumento salarial, se pregunta: ¿Cambia en algo mi realidad porque un ministro pase de una silla a otra?
La gran tragedia de este inicio de año es la parálisis fiscal. Por falta de «músculo político» y por el temor al costo electoral, el Gobierno dejó pasar el momento de la reforma necesaria. Hoy, el gasto público sube como la espuma mientras la calidad del servicio baja como la marea. Se ha politizado el Estado a niveles que recuerdan épocas que creíamos superadas, llenando nóminas mientras las escuelas y hospitales operan a media máquina.
Desde el oficialismo se defiende que este es un plan estratégico para cerrar con broche de oro. Dicen que los frutos de la digitalización y la «Burocracia Cero» están al doblar de la esquina. Pero la crítica es feroz y, lamentablemente, tiene datos en mano: el 2025 fue el año de las excusas; el 2026 no puede ser el año de los espejismos.
El país no necesita un «relanzamiento» de imagen. Necesita un gobierno que recupere la autoridad, no a base de decretos nocturnos, sino de resultados palpables. El tiempo se agota y el «modo defensivo» puede proteger al funcionario, pero deja a la intemperie al ciudadano.
Es hora de dejar de mover las sillas y empezar a arreglar el barco.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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