-El laberinto de asfalto: El caos vial de la capital y la «prueba de fuego» del general Méndez en el Intrant-
El colapso del tránsito en Santo Domingo ha mutado de un problema de infraestructura a una crisis de salud pública y económica. Con la llegada del exdirector del COE al Intrant, analizamos los retos estructurales que definirán su gestión.
El colapso de la movilidad en Santo Domingo ha dejado de ser un simple dolor de cabeza para convertirse en una hemorragia económica y de salud pública. Los capitaleños están perdiendo un promedio de dos horas diarias atrapados en «tapones», una realidad que satura las portadas de los diarios, copa las tendencias en redes sociales y monopoliza las quejas en los principales podcasts locales. El diagnóstico de la calle es claro: el estrés vial detona cuadros de ansiedad, merma la productividad y consolida una agresividad al volante donde motoristas, vehículos de carga y conductores privados libran una guerra diaria por cada centímetro de vía.
Frente a este escenario de anomia, la designación del mayor general retirado Juan Manuel Méndez García como director ejecutivo del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) —oficializada el pasado 16 de agosto de 2026 mediante el Decreto 551-26, tras la renuncia de Milton Morrison— introduce un perfil de alta gerencia en crisis. Tras más de dos décadas liderando el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Méndez aporta una autoridad operativa innegable, pero aterriza en una institución que demanda transformar una cultura vial históricamente resistente al orden.
En base al debate público actual, estos son los tres frentes críticos que definirán si su gestión se convierte en un punto de inflexión o en otro parche administrativo:
Los constantes operativos evidencian la magnitud del problema: cientos de vehículos pesados circulando sin los permisos correspondientes y un ejército de motocicletas que perciben los semáforos en rojo como meras sugerencias. El reto de Méndez es lograr que las intervenciones junto a la Digesett dejen de ser «aparatajes» mediáticos de tres días y se conviertan en una política de fiscalización implacable. Su reciente anuncio de sustituir los talonarios de papel por dispositivos electrónicos para el registro de multas de tránsito es un paso firme hacia la modernización, pero el verdadero desafío será doblegar la resistencia de gremios y sindicatos que históricamente han operado al margen de la Ley 63-17.
La indignación en el ecosistema digital no es solo por el tapón en sí, sino por la humillación de no contar con alternativas eficientes. Mientras el sistema dependa de unidades obsoletas y rutas fragmentadas («conchos» y «voladoras») que operan bajo la lógica del caos y la supervivencia, el parque vehicular privado seguirá multiplicándose en una ciudad que ya no tiene hacia dónde ensanchar sus calles. Acelerar la implementación de corredores ordenados y la integración del transporte masivo será vital para disuadir el uso del vehículo individual.
El tránsito erosiona silenciosamente el presupuesto familiar. Una porción dramática de los ingresos de la clase trabajadora se evapora en combustible quemado en embotellamientos. La gestión del nuevo titular no solo será evaluada por la fluidez matemática de las avenidas, sino por su capacidad para comunicar orden y devolverle la previsibilidad a una metrópolis al borde del colapso nervioso.
El general Méndez probó su capacidad de gestión y articulación frente a tormentas y huracanes durante años, pero el caos del tránsito dominicano es una categoría 5 que no tiene temporada de cierre. La calle exige un respiro inmediato; los planes de escritorio caducaron y la capital espera que el mismo pulso firme que ordenaba evacuaciones ahora logre, de una vez por todas, organizar las avenidas.


