A pesar del fuerte control y poder institucional del oficialismo, el alejamiento progresivo de las clases populares, los cambios de rumbo ideológicos con Nicolás Maduro y el hartazgo de buena parte de la población a causa del mal desempeño económico y político en la última década han reducido significativamente la base de apoyo popular entre el movimiento. A este panorama hay que sumar una campaña en la que la oposición ha sabido articularse como una opción camaleónica que ha podido adaptarse a las normas de juego del chavismo y capitalizar el descontento.
El chavismo se enfrenta a su mayor prueba electoral en 25 años (y en sus horas más bajas)
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