SeNaSa: La «Caja Chica» que se convirtió en barril sin fondo (y nadie vio nada)
Por: Redacción TeclaLibre
Mientras el ciudadano de a pie se faja con un copago que no aguanta más o espera meses por una cirugía, en las oficinas de SeNaSa parece que se celebraba un carnaval de papeleo millonario. La «Operación Cobra» no solo ha destapado un hoyo de 15,900 millones de pesos, sino que ha dejado al desnudo una realidad vergonzosa: los órganos de control en este país tienen cataratas crónicas cuando el dinero vuela alto.
¿Dónde estaba la SISALRIL mientras las utilidades de la ARS estatal se desplomaban de casi 3,000 millones a una cifra que apenas da para pagar la luz? Dicen que supervisan, pero al parecer, solo miran el cuadro cuando ya se cayó de la pared. El fraude de los 400,000 procedimientos médicos fantasma no se armó en un fin de semana; fue una coreografía lenta y descarada de facturación ficticia que pasó por debajo de las narices de «expertos» en auditoría.
Y ni hablar de las Unidades de Integridad. Esos departamentos con nombres rimbombantes que se supone son los «anticuerpos» de la corrupción. En SeNaSa, el virus no solo entró, sino que se sentó en la oficina del director, pidió café y se llevó hasta el cenicero.
La DGCP (Dirección General de Contrataciones Publicas) saca pecho con sus portales de transparencia, pero la realidad es que las empresas de carpeta pasaron el «check» como si fueran suplidores de toda la vida. ¿Cómo es que nadie notó que una empresa que ayer vendía gomas hoy factura millones en insumos médicos de alta especialidad? La respuesta flota en el viento de las complicidades.
Por otro lado, la Cámara de Cuentas, siempre tan solemne y siempre tan tarde. Llegan cuando el muerto está enterrado y la herencia se la gastaron en Miami. Su rol preventivo es, hoy por hoy, una pieza de museo.
Lo más suspicaz de este «Culebrón Cobra» es el sistema financiero. Funcionarios que ayer andaban en un carro de concho hoy mueven sumas que harían sonrojar a un jeque árabe. ¿Dónde estaban las alertas de la Unidad de Análisis Financiero (UAF)? Las transferencias millonarias incompatibles con un sueldo de servidor público debieron encender luces rojas hasta en la Luna. Pero no, aquí el dinero fluye como el agua en el Yaque: turbio pero sin obstáculos.
Hoy SeNaSa está en cuidados intensivos, no por falta de pacientes, sino por exceso de «vivos». El Gobierno anuncia inyecciones de capital para salvar el régimen subsidiado, lo que en buen dominicano significa que el fraude que cometieron unos pocos, lo vamos a pagar todos nosotros con nuestros impuestos.
La «Operación Cobra» promete cabezas, pero la pregunta en los pasillos de poder sigue siendo la misma: ¿Se rompió el sistema o es que el sistema está diseñado precisamente para romperse cuando conviene?
Aquí tienes el desglose de cómo el sistema bancario y los órganos de supervisión financiera se «durmieron en sus laureles» mientras los millones de SeNaSa se esfumaron:
El Banquete de los «Ciegos»: ¿Cómo pasó la plata?
Si usted deposita 100 mil pesos de golpe, el banco le pide hasta el acta de nacimiento de su tatarabuelo. Pero en el caso de SeNaSa y la Operación Cobra, parece que el sistema bancario dominicano aplicó la técnica del avestruz. Aquí el desglose de las fallas que permitieron los «depósitos de infarto»:
La Unidad de Análisis Financiero (UAF) tiene como misión detectar movimientos que no cuadran con el perfil del cliente. Sin embargo, en este esquema se movieron sumas millonarias incompatibles con los sueldos de los funcionarios involucrados. El uso de testaferros y empresas de carpeta permitió que el dinero fluyera hacia el sector inmobiliario y farmacéutico sin que saltaran los cerrojos de inmediato.
Los perpetradores no solo hacían depósitos; diversificaban. El dinero se diluía en inversiones que parecían legítimas, aprovechando que la supervisión basada en riesgos de la Superintendencia de Bancos todavía está aprendiendo a lidiar con redes que operan dentro de la estructura estatal.
Mientras SeNaSa registraba una caída libre en sus utilidades (pasando de casi RD$ 3,000 millones en 2023 a apenas RD$ 848 millones a principios de 2025), el sistema financiero seguía procesando sus transacciones como si todo estuviera en orden. La Cámara de Cuentas y los auditores externos solo llegaron para contar los casquillos cuando ya el tiroteo financiero había terminado.
Compras y Contrataciones tiene alertas para detectar proveedores «fantasma», pero la red criminal logró triangular los fondos tan rápido que, para cuando se detectó la sobrefacturación de medicamentos e insumos, el dinero ya estaba fuera del alcance del radar local, posiblemente en cuentas offshore.
El sistema falló porque los mecanismos de control están diseñados para atrapar al «chiripero» que no puede justificar un depósito, no para cuestionar a la estructura que mueve el dinero del Estado. Al final, los órganos de control terminaron siendo espectadores de lujo de un fraude de RD$ 15,900 millones que ahora nos toca pagar a nosotros.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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