Guanipa, libre por horas: la puerta giratoria de la represión venezolana
Liberado y detenido otra vez en menos de 12 horas, el caso de Juan Pablo Guanipa expone la fragilidad de las excarcelaciones políticas en Venezuela y deja al desnudo un sistema donde la libertad sigue siendo provisional.
La libertad, en Venezuela, a veces dura lo que tarda la madrugada en enfriarse.
Apenas habían pasado unas horas desde que Juan Pablo Guanipa salió de prisión cuando volvió a desaparecer del mapa. Libre al anochecer, detenido de nuevo antes del amanecer. Un parpadeo. Un suspiro. Una puerta giratoria.
La versión familiar llegó primero. Ramón Guanipa, su hijo, denunció en redes sociales que su padre había sido “secuestrado” por un grupo de hombres armados y sin identificación. Diez personas, dijo. Ninguna orden visible. Ninguna explicación en el momento. Solo el ruido seco de la coerción.
Horas después, apareció el Estado. La Fiscalía de Venezuela confirmó la nueva aprehensión y ofreció su propio libreto: revocatoria de la medida cautelar por “incumplimiento de las condiciones impuestas”. ¿Cuáles condiciones? ¿Qué incumplimiento? El comunicado no lo aclara. Tampoco dice dónde está Guanipa.
En el vacío de detalles florecen las sospechas, porque Guanipa no se fue a esconder. No cruzó fronteras. No llamó a la insurrección armada. Hizo lo que suele hacer un opositor recién excarcelado en Venezuela: habló, apareció en público, saludó a la gente, recordó que siguen existiendo presos políticos. Al parecer, eso basta.
El episodio ocurre en medio de una ola de excarcelaciones que el poder ha presentado como gestos de distensión, señales de apertura, movimientos hacia una normalización política. Pero el caso Guanipa sugiere otra cosa: la libertad como ensayo, la excarcelación como préstamo revocable, la política como terreno vigilado.
En la oposición, la lectura es unánime: no hubo violación de medidas, sino una represalia. Una advertencia. Un mensaje sin firma pero con destinatarios claros. En Venezuela, incluso cuando sales, no sales del todo.
La escena es conocida. Cambian los nombres, no el guion. Un dirigente opositor recupera la calle, el micrófono, el gesto público. El Estado responde con la ambigüedad legal, la fuerza discreta, el lenguaje administrativo que intenta vestir de procedimiento lo que muchos llaman persecución.
La pregunta no es solo dónde está Guanipa. La pregunta más incómoda es otra: ¿cuántas horas dura realmente la libertad cuando depende del humor del poder?
En Venezuela, parece, dura lo mismo que un titular nocturno.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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