InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURAEnriquillo Carrión: ¿El último juglar?

Enriquillo Carrión: ¿El último juglar?

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Por Simeón Arredondo*

 

En una ocasión escuché al escritor y cantautor petromacorisano, Félix Ramírez Sepúlveda decir que Enriquillo Carrión, quien aún estaba sobre sus pies, era como una especie de juglar; y a seguidas comentaba que quizás fuera el último que existiera.  Lo cierto es que el poeta Carrión era un artista bastante espontáneo que improvisaba con facilidad construcciones verbales que nos hacían pensar en el estilo de esos personajes medievales denominados juglares.

 

Recordemos que los juglares eran un tipo de artistas que existió en Europa durante la Edad Media, cuya característica principal era la improvisación de poemas que declamaban, o de canciones que cantaban ante ciertos escenarios o públicos.  También ejecutaban instrumentos musicales para el deleite de las personas que se agrupaban en lugares determinados.  Las piezas poéticas, musicales, etc. que interpretaban podían ser de su autoría o no.

 

Llegó a ser tan notable la labor de los juglares que la nobleza contrataba sus servicios para ciertos eventos, y hacia el año 1,300 se inició la agrupación de éstos en gremios en distintos pueblos.  Incluso, se estableció una clasificación de éstos.  Se les conocía entonces por los denominados como independientes o libres, los que formaban parte del ámbito cortesano, o por los que estaban a sueldo de algunos trovadores.

 

La forma de actuar y de entretener de los juglares se asemeja bastante con el estilo del poeta Enriquillo Carrión, quien nació en San Pedro de Macorís durante la primera mitad del siglo XX, y falleció en la misma ciudad en los albores del presente siglo. Era un hombre muy preocupado por los asuntos sociales, y a la vez combativo en la forma de expresarse, razón por la cual con frecuencia lo encontrábamos tertuliando en cualquier escenario acerca de los principales problemas de su provincia y de su país.

 

Esta condición humana de Carrión también explica que al leer sus versos percibamos la expresión rebelde que se aprecia en textos como este:

 

Yo soy Macorís

el del dolor eterno,

el de las calles rotas

y de un Higuamo enfermo.

Yo soy el olvidado

por todos los gobiernos,

y soy la fetidez

que se aspira en el puerto.

Yo soy la caña amarga,

soy los campos desiertos,

el de las mil promesas

barridas por el viento.

Soy el sudor

que cae a la tierra y se cuaja

dejando así plasmado

mi eterno sufrimiento.

Yo soy la soledad,

mi padre es el silencio,

y vivo de migajas

que deja el barrendero.

Por eso es que yo soy

el Macorís tan triste,

el del dolor eterno.

 

Esta y otras inspiraciones las escuchamos numerosas veces de labios de su autor en diferentes lugares y bajo distintas circunstancias, pues no desaprovechaba ninguna oportunidad para lanzar al aire sus pensamientos y sentimientos, lo que casi siempre hacía en forma poética o semi poética.

 

No pocas veces lo vimos improvisar versos alusivos a un momento o a una situación determinada de algo que estuviera ocurriendo o que hubiere sucedido recientemente.  Quizás eso llevó a Ramírez Sepúlveda a considerarlo como un juglar.

 

Sus habilidades y condiciones de artista lo hicieron deleitar en múltiples ocasiones a un gran número de ciudadanos que cotidiana u ocasionalmente compartían algún evento con él, o a aquellos que han seguido de alguna forma sus escritos.

 

*Poeta y escritor dominicano residente en España

simeonarredondo@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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