Estados Unidos se aproximó a los dos amistosos de marzo con confianza. El seleccionado estadounidense, a cargo del argentino Mauricio Pochettino, venía de tres victorias consecutivas. Y el último partido había sido una goleada 5-1 contra Uruguay. El equipo hablaba abiertamente de sus ambiciones de competir contra algunas de las mejores naciones del futbol internacional. Pero han bastado 180 minutos de fútbol, en dos enfrentamientos ante más de 70.000 espectadores en Atlanta, contra dos fuertes selecciones europeas para bajar a la tierra y chocarse con la realidad.
Primero, una derrota 5-2 contra Bélgica en Atlanta exhibió particularmente su fragilidad defensiva; y luego un 2-0 contra Portugal recalcó las dificultades que tiene para controlar los tiempos del juego y subir la intensidad contra un equipo repleto de talento y experiencia. Para la USMNT —como se le conoce al seleccionado, por las siglas en inglés de United States Mens National Team—, la última prueba antes de nombrar a los 26 jugadores que estarán presentes en el Mundial como anfitriones ha presentado más incertidumbres que certezas.
Aun así, Pochettino ha buscado los positivos en el aprendizaje. “Este tipo de escenario es bueno, porque creo que tenemos tiempo de mejorar y darnos cuenta de cuál es la manera”, aseveró en los días entre los dos partidos. Sobre la cancha, sin embargo, fue difícil ver los positivos. En ambos encuentros, Estados Unidos mostró arranques prometedores, con energía y una circulación de balón que por momentos incomodó a sus rivales. Pero con el paso de los minutos, el equipo se fue desdibujando y la experiencia de Bélgica y Portugal se impuso: ambas selecciones, nutridas de jugadores de talla mundial, supieron resistir los buenos momentos estadounidenses, ajustar sobre la marcha y castigar cada desajuste.
Ante Bélgica, Estados Unidos incluso golpeó primero a través de Weston McKennie con una jugada de laboratorio en un tiro de esquina que reflejó el trabajo táctico del cuerpo técnico. Durante buena parte del primer tiempo, el equipo logró contener los avances rivales y competir como iguales. Pero tras el empate de Zeno Debast —en una acción donde la defensa estadounidense mostró pasividad dentro del área— la balanza se inclinó de manera definitiva. Bélgica encadenó cinco goles, cuatro de ellos en un tramo devastador de media hora, aprovechando pérdidas en zonas peligrosas y fallas en las marcas. Las nuevas combinaciones defensivas —con Tim Ream y Mark McKenzie sin continuidad reciente, y Tim Weah estrenándose como lateral derecho para la selección— evidenciaron falta de coordinación. El resultado final, 5-2, cortesía de un último gol de consolación producto de un fallo en la defensa belga, fue tan contundente como aleccionador.
“La primera parte creo que es la manera en la que necesitamos jugar, como queremos jugar”, dijo Pochettino después. “Contra un equipo como Bélgica, todo pasa por mantener ese nivel durante los 90 minutos. Ese es el desafío para nosotros.” El técnico argentino insistió en que, cuando su equipo igualó la intensidad de su rival, el partido fue parejo e incluso favorable en algunos tramos. Pero en cuanto la presión bajó, Bélgica encontró espacios con facilidad y explotó cada error sin piedad. La falta de agresividad, que también identificó el entrenador, se convirtió en un patrón que se repetiría días después.
El segundo examen, el martes ante Portugal, ofrecía una oportunidad inmediata de redención. Durante los primeros minutos, pareció que Estados Unidos había tomado nota de lo ocurrido: salió con energía, generó ocasiones y buscó imponer condiciones. Pero la historia volvería a torcerse.
Portugal, como Bélgica, entendió el partido mejor con el paso del tiempo. Tras un inicio dubitativo, fue asentándose hasta tomar el control. El primer golpe llegó en el minuto 36, tras una pérdida en el medio campo que permitió a Vitinha filtrar un pase preciso a Bruno Fernandes, quien asistió a Francisco Trincão para el 1-0. Hasta ese momento, Estados Unidos había tenido las ocasiones más claras, especialmente en los pies de Christian Pulisic, la estrella del equipo, reubicado como delantero centro con la esperanza de romper su mala racha goleadora. Pero el atacante del AC Milan volvió a mostrarse errático en la definición y desconectado en los momentos clave. En la segunda parte, con un equipo plagado de suplentes tras numerosas sustituciones, Estados Unidos apenas inquietó. João Félix sentenció con un disparo desde fuera del área que selló el 2-0 y dejó una sensación de impotencia ante un cuadro luso que parecía ya holgado, como si estuviese jugando un partido de entrenamiento.
Además de lo estrictamente deportivo, los partidos también sirvieron de escaparate para algunas de las novedades del Mundial. En particular, los parones de hidratación. Su implementación generó cierta controversia: en un estadio cubierto, climatizado y en un día de primavera sin condiciones extremas, las pausas parecían innecesarias. En la práctica, más que responder a una necesidad física, interrumpieron el ritmo del juego y ofrecieron a los equipos europeos una oportunidad adicional para reorganizarse.
Los jugadores belgas reconocieron que el parón del primer tiempo les permitió modificar su estructura en el mediocampo y encontrar mejores situaciones para aislar a sus extremos. Del lado estadounidense, la percepción fue más ambivalente. Pochettino valoró las pausas como una oportunidad para corregir sobre la marcha, pero también quedó en evidencia que su equipo no logró responder a los ajustes rivales tras esos intervalos. Algunos jugadores, por su parte, deslizaron cierta frustración ante interrupciones que rompieron el impulso cuando el equipo atravesaba sus mejores minutos.
Dos años después de asumir el cargo, Mauricio Pochettino encara ahora un escenario incómodo. A pocos meses del debut mundialista ante Paraguay, Estados Unidos sigue buscando una identidad clara y, sobre todo, consistencia. Las dudas atraviesan todas las líneas: una defensa vulnerable, un mediocampo irregular y sin una combinación titular clara y un ataque que genera pero no concreta en el área. En un grupo que completan Turquía —recién clasificada tras imponerse a Kosovo en el repechaje europeo— y Australia, ambas selecciones de nivel similar, la competencia será intensa. Pero estos dos amistosos, concebidos como una prueba de madurez, han terminado por exponer que el crecimiento del equipo está aún incompleto.

