-El plan de paz que nació filtrado: grietas, sospechas y fuego amigo en el Partido Republicano-
Noti-Análisis TeclaLibre
Por Luis Rodríguez Salcedo
Era cuestión de tiempo. El famoso “plan de paz” de Donald Trump para Ucrania —prometido como la solución mágica que devolvería la estabilidad a Europa del Este— terminó llegando al mundo no por una presentación formal en Washington, sino por donde salen las cosas que nadie quiere admitir: una filtración. Y lo que se filtró no fue precisamente una propuesta equilibrada, sino un borrador que muchos en Europa, en Kiev… y dentro del propio Partido Republicano, leyeron con alarma.
El documento revela concesiones territoriales masivas a Rusia, la renuncia de Ucrania a sus aspiraciones en la OTAN, y un esquema de “garantías de seguridad” tuteladas por Washington que, a juicio de numerosos legisladores, huele más a capitulación que a paz. Para completar el cuadro, el texto preliminar habría sido —según medios europeos— “traducido del ruso”. Y entre sus redactores figura un elenco que va desde el enviado especial Steve Witkoff hasta el empresario ruso sancionado Kirill Dmitriev, pieza clave del Kremlin.
Sí: un plan “made in USA”, pero con acentos siberianos.
El fuego vino de adentro: los republicanos que no quieren cargar con el muerto
Cuando la bomba estalló, el primer ruido no vino de Kiev ni de Bruselas: vino del propio Capitolio. Fueron los republicanos —sí, los del partido de Trump— quienes empezaron a marcar distancia. Roger Wicker, jefe del Comité de Servicios Armados del Senado, soltó la frase más suave de la semana: “este plan tiene serios problemas”. En diplomacia legislativa, eso equivale a arrojar la carpeta al piso.
Otros fueron más directos. El representante Don Bacon calificó al enviado Witkoff como un hombre “demasiado inclinado hacia Rusia” y, para rematar, “no confiable”. Desde la bancada conservadora, la palabra “traición” se escuchó más de una vez, sobre todo después de que saliera a la luz una llamada entre Witkoff y actores rusos, filtrada —otra vez la palabra clave— a la prensa.
Ese coro de voces republicanas abrió el interrogante que ya nadie ignora:
¿Hay un boicot interno al plan de Trump?
Si no lo hay, se parece mucho a uno.
Europa y Kiev leen el borrador… y se llevan las manos a la cabeza
En los pasillos diplomáticos de la Unión Europea, la reacción fue unánime: alarma. Francia, el Reino Unido y Alemania se movieron de inmediato para preparar su propia contrapropuesta, sin concesiones territoriales y con Ucrania libre de seguir aspirando a la OTAN. En Bruselas, hablan de “rectificar” y “reencauzar” lo que consideran una iniciativa mal planteada desde el origen.
En Kiev, la sensación fue otra: indignación. El presidente y su equipo calificaron el plan como “una recompensa para la agresión rusa” y una amenaza a la soberanía ucraniana. Y aunque Estados Unidos intentó renegociar puntos del borrador en Ginebra, el daño político ya estaba hecho.
¿Por qué tantos agujeros? Porque el documento salió roto desde adentro
Si algo deja en evidencia esta cadena de filtraciones, rectificaciones y desmentidos, es que el plan de paz nació sin consenso interno. El gobierno estadounidense lo presentó como una vía para cerrar la guerra, pero la narrativa no cuadra con la naturaleza del documento: territorialmente desequilibrado, diplomáticamente tóxico y políticamente inviable.
Por eso las sospechas crecen:
— ¿Quién filtró el plan?
— ¿Por qué?
— ¿Y por qué ahora?
En Washington, las hipótesis circulan como café en invierno: desde facciones republicanas que no quieren quedar asociadas a un acuerdo pro-ruso, hasta grupos de seguridad nacional que buscan evitar un giro estratégico que consideran peligroso para el orden occidental.
Lo cierto es que la filtración no debilitó el plan… lo pulverizó.
Una guerra que continúa y un tablero político que se reordena
Mientras Ucrania enfrenta presión para aceptar un acuerdo que no quiere, y Europa se prepara para defender sus líneas rojas, el Partido Republicano vive su propia batalla interna. Un ala intenta sostener la narrativa trumpista; la otra teme que el costo político —interno y global— sea demasiado alto.
Y todo esto ocurre mientras la guerra sigue, Rusia afianza posiciones en el frente oriental y Estados Unidos intenta cerrar filas… sin éxito visible.
La filtración no solo expuso el plan. Expuso las fracturas.
Y, en política, las fracturas hablan más que los documentos.

