-Los papeles de Epstein: transparencia fallida, víctimas expuestas y poder blindado en Estados Unidos-
La publicación masiva de documentos sobre Jeffrey Epstein, presentada por la administración Trump como un ejercicio de transparencia histórica, ha terminado convertida en un nuevo escándalo institucional. Fotografías sin editar, nombres de víctimas expuestos y millones de archivos aún retenidos han reavivado la sospecha de encubrimiento estructural y trato preferencial a las élites políticas, financieras y geopolíticas que orbitaban alrededor del depredador sexual más protegido de la historia reciente de Estados Unidos.
La polémica en torno al caso Jeffrey Epstein no se apaga. Al contrario: se profundiza. La divulgación de más de tres millones de documentos —incluyendo unas 180.000 fotografías y más de 2.000 vídeos— organizada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos bajo el amparo de la llamada Ley de Transparencia de los Expedientes Epstein (EFTA), lejos de cerrar heridas, ha vuelto a abrirlas.
La operación, presentada como un gesto de rendición de cuentas, terminó generando una tormenta ética, legal y política. No por lo que revela, sino por cómo lo revela… y por lo que sigue ocultando.
Los documentos, prometidos para mediados de diciembre, fueron finalmente publicados el 30 de enero, con seis semanas de retraso. La explicación oficial fue la necesidad de revisar el material para proteger a las víctimas y evitar la difusión de contenido ilegal. Sin embargo, el propio paquete divulgado desmintió ese argumento.
Abogados de supervivientes denunciaron una combinación letal de incompetencia administrativa y encubrimiento activo. En palabras de uno de ellos: un proceso “incompleto, re-traumatizante y profundamente injusto”.
Mientras entre dos y tres millones de archivos siguen retenidos por “cuestiones legales”, los documentos liberados incluyeron fotografías explícitas sin editar, con mujeres jóvenes —algunas posiblemente menores— y nombres de víctimas sin censura, algo que la propia justicia había ordenado evitar.
La fiscal general Pam Bondi quedó en el centro de la controversia. La oposición demócrata exigió su dimisión tras conocerse que decenas de imágenes explícitas fueron publicadas sin ningún tipo de protección, y solo retiradas después de que The New York Times alertara del hecho.
Periodistas del diario neoyorquino confirmaron haber encontrado “docenas de imágenes de desnudos sin editar”, tomadas tanto en la isla privada de Epstein como en habitaciones y espacios privados. La pregunta inevitable:
¿cómo se puede justificar la censura de perpetradores y la exposición de víctimas en nombre de la transparencia?
Un comunicado firmado por 18 víctimas fue contundente:
“Esto no es transparencia. Es una nueva forma de exponer a las supervivientes mientras los hombres poderosos siguen protegidos”.
Las denunciantes señalaron que sus nombres —y los de otras víctimas— aparecen sin tachar, mientras que los nombres de presuntos perpetradores sí fueron censurados. Una inversión perversa del principio básico de justicia.
Según The Wall Street Journal, al menos 43 víctimas han sido identificadas en los documentos, cerca de la mitad menores de edad al momento de los abusos. Para los abogados consultados por CNN, la magnitud de las fallas “no puede explicarse por simple incompetencia institucional”.
Las nuevas revelaciones vuelven a iluminar el entorno de poder que rodeó a Epstein incluso después de su condena. Figuras ya conocidas reaparecen: el príncipe Andrew, Peter Mandelson, miembros de la realeza europea y políticos de alto nivel.
En los correos también se documentan contactos con la élite tecnológica: cenas y encuentros con Elon Musk, Bill Gates, Larry Page y Jeff Bezos, incluso años después de que Epstein afirmara estar “apartado” de la vida pública.
El nombre del actual presidente Donald Trump aparece miles de veces en los documentos. En algunos casos, acompañado de informes del FBI que descartan acusaciones; en otros, vinculado a espacios como Mar-a-Lago o a referencias indirectas a las “fiestas” de la isla.
La Casa Blanca ha desestimado cualquier imputación, calificándolas de infundios sin consecuencias judiciales. El fiscal general adjunto Todd Blanche aseguró que no se abrirán nuevos casos derivados de esta desclasificación.
La impunidad, otra vez, parece institucional.
¿Epstein como operador geopolítico?
Uno de los capítulos más sensibles de los llamados “papeles de Epstein” apunta a su rol como intermediario informal en la política exterior, particularmente en favor de Israel. Investigaciones de Drop Site News documentan sus vínculos con figuras del gobierno israelí, incluyendo al ex primer ministro Ehud Barak, y su participación en acercamientos estratégicos con India y Emiratos Árabes Unidos, previos a los Acuerdos de Abraham.
Estas conexiones refuerzan una tesis incómoda: Epstein no fue solo un criminal protegido, sino un activo tolerado por la élite geopolítica.
Colofón TeclaLibre
La historia de Epstein no es solo la de un depredador sexual. Es la radiografía de un sistema que castiga a las víctimas, protege a los poderosos y llama transparencia a la opacidad cuidadosamente administrada.
Como dijo uno de los abogados de las supervivientes:
“Jeffrey Epstein sigue siendo el único criminal que recibe trato especial incluso después de muerto”.
Y quizá esa sea la verdad más obscena de todas.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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