De esa abundancia de afecto y sensibilidad surge la Tertulia Miercoletras, un espacio de encuentro afectivo, donde las sonrisas y las esperanzas de un mundo mejor se comparten y fortalecen. En ese lugar, las palabras que dan vida, que transforman, que enaltecen y que iluminan, se convierten en una hermosa realidad cotidiana.
Su gran amor, Alma Díaz, compañera, amiga, cómplice y musa, es la gaviota que le enseñó a volar y a soñar en los altos vuelos de la poesía. Pero Juan nunca olvida sus raíces: el batey de Barahona, su terruño amado donde aprendió a amar, a valorar a la familia y a los amigos. Aunque ha traspasado océanos, siempre regresa a su Mar Caribe, a su gente, a esos recuerdos que guardan en lo más profundo de su corazón, atesorándolos con cada paso del tiempo. En sus madrugadas en los cafetales, recoge el fruto que aromatiza y deleita su alma y su paladar.
En su poema «Para decir te quiero» (pág. 19), rememora sus orígenes en el batey, exaltando la labor del hombre trabajador del ingenio y del cañaveral. Allí, la madre, símbolo de amor y entrega, le brinda la savia del conocimiento y esperanza, construida día a día con su esfuerzo y sacrificio. La figura de la mujer del campo, que forja el porvenir con su amor, es una fuente constante de inspiración para él.
Para decir Te Quiero
Para decir te quiero
recojo brizna a brizna la tiza consumida
por la mujer de campo
maestra de bateyes y ciudades
armada de cuadernos, aulas, niños y amor
durante veinte y tantos años
y escribo para ti
estos versos dolidos y del alma
como mis lagrimas…
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ocupa un lugar privilegiado en su alma. Allí, entre aulas, pasillos y corredores, florecieron sus pasiones, sus luchas y sus amores, en especial por Alma. Recuerda con claridad el día en que nació ese amor, el 5 de mayo de 1973, un año de gran significado en la historia de su país. En ese entonces, en medio de la tensión por la presencia del comandante Caamaño Deñó en las montañas, los estudiantes esperábamos cambios, entre canciones de Los Guaraguaos (“No basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz”), la nueva trova, Silvio Rodríguez y la Canción del Elegido. Era un tiempo de guerra y esperanza, un tiempo en que el amor también surgió y se quedó, para siempre en su memoria y su corazón.

