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LA CAÍDA DE MADURO

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-La caída de Maduro: ¿Justicia, petróleo o el guión de una serie de Netflix?-

Por: Luis Rodríguez Salcedo

El estruendo de los rotores sobre Caracas no solo anunció una invasión; marcó el fin de una era que muchos creían eterna. La captura de Nicolás Maduro este 3 de enero de 2026 nos deja con más preguntas que certezas y un tablero geopolítico pateado por la bota de Washington. ¿Fue una «necesidad lamentable» o simplemente el cierre de un negocio pendiente?

El argumento del tráfico de drogas ha sido la llave maestra. Bajo el sello del «Cartel de los Soles», Estados Unidos logró lo que la diplomacia no pudo en dos décadas. ¿Existía el cartel? Más que una organización piramidal, era un sistema de peajes con uniforme militar. Pero no nos engañemos; el narcotráfico ha sido el pretexto jurídico perfecto para intervenir un Estado sin necesidad de una declaración de guerra formal que el Congreso en Washington difícilmente habría aprobado.

La realidad geopolítica es menos romántica que los discursos de libertad. En un 2026 sediento de energía, con los mercados globales en vilo, Venezuela no es un país: es una estación de servicio gigante mal administrada. Estados Unidos decidió que no podía permitirse «perder» los yacimientos más grandes del mundo frente a la influencia de potencias lejanas. El control de los recursos energéticos es, y seguirá siendo, el motor de la historia, aunque se disfrace de ayuda humanitaria.

La caída del «invencible»: ¿Traición en el búnker?
Lo que más asombra es la facilidad del desenlace. ¿Cómo cayó el hombre que presumía de tener mil anillos de seguridad? La respuesta no está en la tecnología de los drones, sino en el susurro del dólar.

Es evidente que el anillo de hierro se oxidó. Las recompensas millonarias y las promesas de «borrón y cuenta nueva» para ciertos generales hicieron que las puertas se abrieran desde adentro.

Al final, Maduro descubrió que la lealtad en política es un cheque que se cobra en efectivo, y parece que alguien en Fuerte Tiuna prefirió cobrarlo en Washington.

Hoy Caracas amanece en silencio, un silencio espeso. La invasión se vende como necesaria, pero el costo de la soberanía es un precio que Venezuela apenas empieza a calcular. La «normalización» de la fuerza como herramienta política deja un precedente peligroso, aunque muchos dirán que: «el fin de la pesadilla justifica cualquier medio».

Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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