-Un súperministerio bajo Magín Díaz: tecnocracia y concentración en tiempos preelectorales-
Por Redacción Teclalibre Digital
Con la emisión hoy del Decreto 426-25, el presidente Luis Abinader selló lo que algunos llaman una «jugada técnica»; otros, un «movimiento político»: la creación del Ministerio de Hacienda y Economía, un organismo surgido de la fusión entre dos pesos pesados de la administración pública dominicana: Hacienda y Economía, Planificación y Desarrollo.
El nuevo ente nace bajo el marco legal de la Ley 45-25, aprobada a velocidad turbo por el Congreso, y viene con nombre y apellido: Magín J. Díaz, un economista con perfil tecnocrático, reputación de eficiencia y una hoja de servicio que atraviesa gobiernos del PLD y del PRM sin despeinarse.
El llamado “súperministerio” estará encargado no solo de la recaudación y el gasto, sino también de la planificación estratégica del desarrollo nacional. En una sola silla se concentrarán las decisiones que afectan desde los subsidios hasta la inversión pública, desde la política fiscal hasta el endeudamiento externo.
Bajo Díaz estarán seis viceministerios de alto calibre, cuyos titulares también fueron designados por decreto:
Tesoro y Patrimonio: Derby Bolívar de los Santos
Presupuesto y Contabilidad: José Rijo Presbot
Planificación e Inversión Pública: Martín Francos
Política Fiscal: Camila Hernández
Crédito Público: María José Martínez
Economía: Alexis Cruz Rodríguez
Todos nombres con experiencia, sí, pero también con vínculos diversos a estructuras políticas y técnicas que se mueven en las entrañas del Estado desde hace años.
Magín no es improvisado. Fue director de la DGII durante la administración de Danilo Medina, subsecretario de Finanzas con Hipólito Mejía y consultor de organismos internacionales. Su paso por la administración pública ha sido constante, aunque siempre más cerca de la calculadora que del micrófono. No es un político, pero sí un operador de confianza para tecnócratas y banqueros.
La pregunta es: ¿un tecnócrata puede mantenerse independiente en un año electoral donde cada peso del presupuesto tiene dueño y cada obra, un padrino?
Más allá del barniz institucional, esta fusión concentra en una sola estructura ministerial un poder sin precedentes sobre los fondos públicos. ¿Transparencia? ¿Racionalización? Sí, claro. Pero también control centralizado en momentos donde el gasto público se convierte en palanca electoral.
La eliminación del Ministerio de Economía como ente separado también apaga una voz crítica en el debate presupuestario. Ya no habrá dos ministros con visiones complementarias o contrapuestas. Ahora será uno solo el que decidirá, ejecutará y justificará ante la prensa, el Congreso y la población.
A pocos meses de que arranque formalmente la campaña presidencial, Abinader no quiere sorpresas en la caja. La designación de Magín Díaz busca blindar el discurso de estabilidad económica, atraer confianza internacional y garantizar que, por lo menos en el papel, los números cuadren.
Pero detrás del discurso tecnocrático hay un hecho político: Abinader quiere llegar a mayo de 2028 con los bolsillos del Estado bajo llave propia y sin sobresaltos de última hora.
El Decreto 426‑25 no es solo una reorganización administrativa. Es un acto político de primer orden. Bajo el pretexto de la eficiencia, se ha creado una estructura de poder fiscal sin precedentes, dirigida por un técnico, sí, pero al servicio de un proyecto reeleccionista que no da puntada sin hilo.
¿Transparencia o concentración? ¿Eficiencia o blindaje? En Teclalibre seguiremos el rastro de cada decreto, cada contrato y cada licitación. Porque la economía, aunque se pinte de gris, también tiene sus matices… y sus intereses.

